15 años de «Innerspeaker»: El primer viaje sideral de Tame Impala

15 años de «Innerspeaker»: El primer viaje sideral de Tame Impala

La psicodelia es uno de los géneros que ha sabido quemar etapas, pero al mismo tiempo ha sabido volver a sus inicios como boomerang, una y otra vez, aunque viniendo de una banda de veinteañeros en 2010 era impensado que este género fuese a marcar el rumbo de su trascendencia. Porque sí, hay que decir que Tame Impala ahora, 15 años después no es tan solo una banda «evolucionadora» del sonido, es toda una nueva influencia. Y este fue el punto de partida, donde miraron a la locura y desfachatez de sus abuelos musicales, pero también vislumbraron lo que pensarían sus nietos de sus propias creaciones.

Con Innespeaker Tame impala lograba algo muy difícil: conectar con la atmósfera clásica sin que la música parezca un refrito, un tributo, una banda «revival», pues la creatividad y vitalidad jugó un factor muy a su favor para que estas canciones hoy en día suenen muy vivas. No fue ese enfoque puramente revisionista, no da la sensación de que su intención fuera recrear una maqueta perdida de los Beatles en su lado más ácido, de la locura de Love o seguir al conejito blanco de Jefferson Airplane.

Este disco baja algunos cambios en cuanto a excentricidades, excesos o locura desmedida de los sesenta sin dejar de estar metido en ese envoltorio viejo de LSD, si no que jugaron a mas: auto produciéndolo, apoyándose en las consolas vieja escuela, los micrófonos en distintas gamas, la guitarra y la creación de un sinfín de capas, para lograr que la psicodelia comulgue tan bien con el rock, que haga que no se note que este disco te puede volar la cabeza con atmósferas fuera de orbita, pero con estridencia y ruido al mismo tiempo. El sonido de «Innerspeaker» llegó a una generación que aun se prendaba re-descubriendo cosas de mirada retro pero que no proponían sacar tanto al espacio sideral y todos sus confines su espíritu creativo, al menos hasta ese momento.  

Kevin Parker y sus secuaces se refugiaron en una casa donde el clima era intenso, (de ahí cuenta Parker que provino el nombre de una de sus mejores canciones «Jeremy Storm», cuando se produjo una tormenta que casi derrumbó la cabañita/estudio en Injidup, Australia durante el verano de 2009). El espíritu del álbum comulgaba con la naturaleza, desde su portada hasta estas sesiones de clima intenso, de vapor, de selva. «Innerspeaker», como su nombre lo indica se trata de alguien que descubre la profundidad de sus sentidos.

«It Is Not Meant To Be», «Alter Ego», «Solitude Is Bliss» y «City Clouds», son verdaderos viajes. Si bien el sonido es una cosa, si nos detenemos un poco en las letras, notamos este álbum es una especie oda a la soledad brutal (algo raro para un joven veinteañero), evidenciado con mayor claridad en el acertadamente titulado «Solitude is Bliss» y una de las grandes cartas del álbum, en el que admite que «el movimiento no fluye como cuando estoy solo». En «It Is Not Meant To Be», Parker habla de conocer a la chica de sus sueños; sin embargo, en lugar de estar con ella, «con toda honestidad», se siente «feliz simplemente viéndola moverse». En “Desire Be Desire Go”, plantea la clásica pregunta del ermitaño: “¿Me atrevo a enfrentarme al mundo real?”. Por supuesto, en clave psicotrópica cobra otro sentido. En “Expectations”, Parker se muestra de forma devastadoramente honesta cuando sueña que “escapará» a alguna parte, saldrá de su burbuja.

Si bien Tame Impala logró cierto status con «Lonerism» (2012) y alcanzó la gloria llevando la sicodelia a una pista de baile en «Currents» (2015), el núcleo lisérgico duro venía de acá, de esta sensación intimista, una soledad inquieta, de esta necesidad de ponerle alas a su cuerpo, mente y espíritu y ocupar la música como el instrumento perfecto de vía de escape.

 

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