1971: Cuando Patricio Manns abrazó el rock

1971: Cuando Patricio Manns abrazó el rock

Que la ortodoxia marxista miraba con desconfianza el desenfreno colérico de los primeros rockeros no es ninguna novedad. La incomprensión, prejuicios y ataques que sufrieron nuestros hippies, venían principalmente del conservadurismo adultocéntrico de una sociedad que se jugaba el futuro, como efectivamente ocurría entre los años sesentas y setentas. Una crítica generalizada, pero particularmente explícita en las izquierdas políticas, comprometidas con el proceso revolucionario de la Unidad Popular. Los artistas no eran la excepción.

Pero indagando en el relato, encontramos que los puntos de encuentro entre ambos mundos estéticos (el rock y la Nueva Canción Chilena, de explícita tendencia izquierdista) fueron comunes y en alza con los años, constituyente un verdadero movimiento en expansión, lamentablemente truncado tras la catástrofe de septiembre de 1973.

Ya en 1967, rock y folclor de izquierda se encontraron en esa pieza fundacional del rock chileno que es ‘La muerte de mi hermano’ del grupo Los Mac’s, donde comparten autoría con el cantautor porteño Payo Grondona. A partir de ahí, nuestra historia rockera hizo del rock con raíz e identidad política (y a veces revolucionaria) un cuerpo que se robustecía con los años y que encontró su campo de cultivo más rico en el gobierno de Salvador Allende.

Un disco fundacional: Portada de Kaleidoscope Men de Los Mac’s, que mezcla la estética psicodélica Beatle, con ponchos amerindios chilenos (1967)

¿Cómo es que dos mundos tan opuestos se encontraban y funcionaban, produciendo algunas de las obras más importantes del cancionero nacional? Si bien las diferencias existían, había algo más importante que unía a folcloristas y rockeros: la juventud y el deseo impetuoso de enfrentar y transformar el mundo. Patricio Manns tampoco fue la excepción.

Hábil, inquieto, genio creativo. Manns transitó las artes y la política en una vida digna de biopic. Literatura, historia, poesía, prensa y música. Militancia política y hasta guerrillera. Un camaleón virtuoso nacido en esta patria y para la que entregó lo mejor de su espíritu. Por eso no es posible encasillar a Manns en la caricatura de cantautor de izquierda ortodoxa de donde nunca salió, pues su carrera comenzó justamente en la vereda contraria, cuando bebió del neofolclore de Luis Urquidi, Willy Bascuñán y Pedro Messone al dar sus primeros pasos, a la vez que era bautizado por Violeta Parra. Ese sincretismo está presente en su obra mayor, ‘Arriba en la cordillera’, que incorporaba elementos propios de Los Cuatro Cuartos como de lo aprendido en la Peña de los Parra. Una canción que lo convirtió en estrella del pop e ídolo juvenil y con la que intercaló el primer lugar del ranking radial de la revista Ritmo de la Juventud con ‘Eight days a week’ de Los Beatles. Era otro Chile.

LOS BLOPS Y EL ENCUENTRO CON EL ROCK

En 1971 Patricio Manns era ya uno de los más destacados cantautores del cono sur, con cuatro discos que confirmaban su enorme talento. Pero en 1971 decide dar un giro estético y consolidar sus nexos con otras músicas juveniles, con un sitial privilegiado al rock. Titulado sencillamente “Patricio Manns”, el disco homónimo del cantautor es un auténtico álbum de rock, pop, psicodelia y folclor, todo fusionado en 44 minutos, con momentos explosivos y lisérgicos, y melodías cálidas que enternecen al más duro de los oyentes.

Ya la estética de la portada remite a un diseño pop, con tipografía y fotografía en blanco y negro de alto contraste, como también utilizaron Ángel Parra en su disco Canciones funcionales y Víctor Jara en su álbum homónimo de 1966. El look de Manns también se empapa del hipismo, la estética beatnik y una rebeldía juvenil propia de referentes jóvenes de izquierda como el Che Guevara o Daniel Cohn-Bendit.

Patricio Manns, 1971 (Phillps)

Donde más se percibe la influencia del rock es la canción ‘Estación terminal’, donde comparte con Luis Advis y Los Blops, otorgando un aura lisérgica a un tema lúgubre y misterioso. Una canción vertiginosa y cargada de nostalgia. ‘Su nombre ardió como un pajar’ es otra canción donde se percibe la influencia del rock. La guitarra eléctrica abre el camino para el paso de una melodía que se acrecienta, hasta la tímida emergencia del teclado, batería, bajo y una voz de explota mientras las flautas desaparecen en un fadeout. Finalmente está ‘Tamara Bunke’, donde teclado y guitarra eléctrica galopan con pulso constante, como un colchón sonoro donde descansa el resto de los elementos.

Hay otras dos canciones donde la presencia de una música popular distinta a la Nueva Canción Chilena aparece: ‘Edurne’ y ‘Fiesta’. La primera, una canción emotiva y con melodía frágil, que también cuenta con la participación de la banda de Eduardo Gatti, convirtiéndola en un notable producto pop. La segunda, una rítmica procesión que cuenta con la compañía de Inti-Illimani. Ambas canciones son covers del cantautor español Joan Manuel Serrat.

Por si fuera poco, el disco homónimo de Patricio Manns incluye dos de sus más grandes obras: ‘El exiliado del sur’ y ‘Valdivia en la niebla’. Un disco para conocer a Patricio Manns en una de sus más altas expresiones de grandeza. Arreglos de Luis Advis, repertorio equilibrado entre canciones de grandes pretensiones pop y otras íntimas y sensibles, participación de Los Blops, Inti-Illimani y la Orquesta Sinfónica y Filarmónica de Chile y algunas de las mejores canciones escritas en la historia de la música popular chilena. Signo de su época.

MANNS EN EL ROCK CHILENO

La huella de Patricio Manns ha calado profundo en la cultura chilena y, por supuesto, el rock no es la excepción. Grupos como Los Miserables, Tronn y Los Bunkers han homenajeado y tributado su legado, manifestando respeto por una de las figuras fundamentales de la cultura nacional. Un imprescindible.

Patricio Manns (1937 – 2021)

Por Cristofer Rodríguez

Nacion Rock

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