“A Little Ain’t Enough”: David Lee Roth en su último gran despliegue

“A Little Ain’t Enough”: David Lee Roth en su último gran despliegue

Warner Bros., 1991

Tras su abrupta salida de Van Halen, en el peak de popularidad, Diamond Dave vislumbró una prometedora carrera solista; que ya había comenzado meses antes con el EP Crazy from the Heat (1985), valiéndose de cuatro covers que incluyó clásicos como California Girls y Just a Gigolo. Para entregar de lleno dos contundentes discos: Eat ‘Em and Smile (1986) —y su hispanohablante homólogo Sonrisa salvaje (1986); seguido por Skyscraper (1988). A diferencia de sus antiguos compañeros, que incursionaban sonidos melódicos, el blondo vocalista mantuvo la veta rockera; con una banda virtuosa que contó con Steve Vai en la guitarra y Billy Sheehan en el bajo —dupla que volvería a brillar en los 00’s, para el esplendor de las giras G3.

Pero iniciando los 90’s, con las anteriores partes habiendo emigrado a otros proyectos, Lee Roth comenzó desde cero. Convocó a un joven nombre que iba en ascenso como héroe de las seis cuerdas, proveniente del dúo Cacophony: Jason Becker. “Siempre supe que sería el próximo gran nombre de la guitarra. A él le gustaban diversos estilos de música, tenía todas las referencias e influencias necesarias; además de una facilidad técnica increíble y, principalmente, alma”, diría en retrospectiva el cantante durante una entrevista concedida a Rockaxis (2006).

Él se terminó convirtiendo en la mano derecha del siguiente lanzamiento, A Little Ain’t Enough, llegado a estanterías el 15 de enero de 1991. Pero durante el proceso de grabación, que lo enseña el documental Jason Becker: Not Dead Yet (2012), allí se vio el progresivo desgaste físico del guitarrista; aquejado de esclerosis lateral amiotrófica, que a posterior lo confinó a una silla de ruedas —sólo pudiendo comunicarse a través del movimiento de sus pupilas. “Había algunas señales, sí. Pero nada que fuese hablado abiertamente. Y Jason no dejó que aquello se fuera en contra de él hasta que llegase a un estado irremediable para su cuerpo”, remató David.

Y aunque estuviese disminuido durante las sesiones, Jason brilla con agudeza; como botón de muestra estando la demoledora pista homónima, o las monolíticas Lady Luck y Last Call. Shoot It, ayudándose con un acompañamiento de bronces, hizo explorar nuevas fórmulas; Hammerhead Shark poniéndole el pie al acelerador, cuya vibra se extiende hasta Baby’s on Fire y 40 Below. Tell the Truth, punto alto indiscutible, baja las revoluciones en un sentido tono con el que se apunta con el dedo; hermanada en sonido con The Dogtown Suffle. Sensible Shoes y la armónica inclinándose hacia al blues, cuyo video no resistió demasiado a los filtros de MTV —mismo destino que tuvo el de A Lil’ Ain’t Enough. La bajada de telón quedándole a It’s Showtime! —con una reminiscencia al ya mencionado Steve Vai; y Drop in the Bucket.

Pese al pulido producto final, contando en las perillas con Bob Rock justo antes del álbum negro de Metallica, no terminó de convencer; ya considerándose un sonido obsoleto en comparación con la naciente escena grunge. Sumado al factor de que Jason, figura central, se ausentó tanto de los clips como de la gira promocional —cancelada sobre la marcha por baja venta de entradas. Allí se cerró la época de mayor éxito solitaria de un frontman que debió merecer más —las siguientes tres placas, editadas entre 1994-03, cayendo en el olvido; resurgiendo de nuevo con la reunión que lo llevó a Van Halen (2007). A Little Ain’t Enough, en tanto, perteneciéndole más a Becker; siendo su último testimonio antes de la enfermedad.

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