Bad Omens: El primer presagio del debut homónimo

Bad Omens: El primer presagio del debut homónimo

 Sumerian Records, 2016

Cuando el metal «alternativo» estaba en una rara transición  hacia ser algo más que solo un sonido influenciado por la electrónica, Bad Omens irrumpió con su disco homónimo para reclamar un espacio propio. La banda logró llamar la atención gracias a una propuesta más ecléctica que la de muchos de sus pares, con un disco grabado entre Suecia y Virginia, y que ve la luz el 19 de agosto de 2016. Este debut, se presentaba como una carta ambiciosa y feroz, donde coexiste la crudeza del metalcore con la teatralidad atmosférica de múltiples influencias, comenzando así a tejer un sonido más suyo. Un punto de partida sólido que merece ser re-visitado en su totalidad.

El álbum arranca con «Glass Houses», un tema pesado que inclina la balanza hacia riffs pesados y breakdowns explosivos que preparan el terreno para la dualidad melódica que recorre toda la placa. Avanzando, nos encontramos de lleno con «The Worst in Me» y «F E R A L» una acertada transición que sigue a la potente apertura, dialogando entre sí a través de una sintonía que enlaza ambas canciones casi como si fueran una sola pieza, alcanzando un clímax que luego desciende hacia un respiro más contenido.

En esta faceta más directa y explosiva destaca también la interpretación vocal de Noah Sebastian, que logra transitar entre guturales y momentos melódicos con notable naturalidad, a pesar de siempre haber tomado el papel de guitarrista en proyectos anteriores. Por otro lado, cortes como «Enough, Enough Now» dejan ver la vulnerabilidad y honestidad con que fue hecho el disco. Los gritos capturan un estado mental bajo, y por lo mismo, altamente identificable con las “masas”, mientras los arreglos electrónicos amplían el espectro musical hacia lado más equidistante que podría atraer incluso a oyentes ajenos al metalcore. Esa cualidad de moverse entre extremos, ha sido una constante en la trayectoria de Bad Omens, quienes se han desmarcado de etiquetas rígidas, haciendo solo la música que les gusta.

Y este contraste no es casual, en palabras de Noah “Siento que la música tiene que ser paralela a la letra y al tema, para poder capturar esa gama de emociones. Queremos capturar cualquier sentimiento, tanto musical como líricamente”, 

Las referencias al pecado, los pasajes religiosos y la devastación funcionan como metáforas emocionales de la lucha interna entre la paz y la ruina, más que manifiestos literales. En «Glass Houses» —originalmente titulada Bad Omens—,  por ejemplo, la parte de “He visto más al diablo que a Dios” ejemplifica esa tensión, utilizando estas figuras como símbolos de una vida marcada por contradicciones morales y emocionales.

El cuidado por los detalles es evidente en la producción: pianos y guitarras ascendentes, percusiones precisas y coros de raíz core mucho más expansivas, en piezas como «Hedonist», muestran la obsesión de la banda por el equilibrio rítmico presente en todo el larga duración. Esa atención también se trasladó a lo visual: la portada, inspirada en trabajos de Paramore o The Mars Volta, presentan una figura femenina teñida de rojo, con una estética críptica y casi “mágica”.

“Nos esforzamos por asegurarnos de que cada aspecto de la banda estuviera perfectamente logrado, en nuestra opinión. Incluso para un concurso de letras manuscritas del álbum, hicimos una sesión de fotos para cuidar la estética”, confesó la banda en su momento.

 

En cuestiones puramente musicales, no es casualidad que las comparaciones con Bring Me The Horizon pioneros en el refuerzo de la electrónica en el género con «Sempiternal» (2013)  surgieran rápidamente, aunque Sebastian aclaró que, si bien lo halagaban esos comentarios, de hecho, sus mayores influencias venían de Chino Moreno y, lo que hizo con Deftones y en particular, con Crosses (†††). 

En pasajes más suaves y etéreas como «Crawl» se aprecia un sonido distante del resto del álbum, ciertamente mucho más experimental con su estilo coral, pero que de todos modos termina por encajar las piezas para no sonar tan disidente de sus predecesoras. «The Letdown», por otro lado, es de esas joyas escondidas en el disco que funciona así como un guiño indirecto a la estética dosmilera del metal. Su estructura melódica, y los coros, capturan una vibra más accesible, sin perder la contundencia, pero con un carácter más sinfónico por los arreglos instrumentales, impregnándose de dramatismo en la interpretación, es muy al estilo de lo que hacía Chester Bennington, para lograr un balance entre lo desgarrador y melancólico.

«The Fountain» se desafía a sí misma con tonalidades poco exploradas en discos de esta naturaleza, y es dónde más se pueden percibir influencias de otras disciplinas como el cine,  pues fue inspirada directamente en la película homónima de Darren Aronofsky (2006) y sirve como buen cierre de una producción limpia, no perfecta, pero que a través de sus doce canciones, oscilan entre brutalidad e introspección, consolidándose como un debut que, a nueve años de su lanzamiento y pese a las críticas divididas de la época, sigue siendo un excelente punto de partida.

Un trabajo prometedor que dejó en claro el potencial de Bad Omens, hoy ya considerados uno de los referentes del metal moderno.

Compartir:
Share

María Ignacia Cornejo

• lawyer • writer • music, books and films enthusiast ⊹✩‧₊˚.⋆。

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *