Diles que no me maten – «Escrito en Agua»: Abrirse al instinto y abrir el corazón

Diles que no me maten – «Escrito en Agua»: Abrirse al instinto y abrir el corazón

Dar forma a un nuevo trabajo de estudio tras ganar espacios y posicionamiento puede ser una tarea compleja siendo una banda joven. El caso de Diles que no me maten no está libre de particularidades; oriundos de la Ciudad de México y conformados por los hermanos Gerardo y Raúl Ponce en guitarra y batería, más Andrés Lupone en bajo, Gerónimo García en guitarra y Jonás Derbez en voz, guitarra y poesía, han sabido darle vida a un proyecto donde las letras son tan atrapantes como el sonido, levantando una identidad donde canciones largas y que transitan distintas velocidades se abren paso en un mundo donde todo es cada vez más rápido. Cada integrante va más allá de su instrumento y también dan pie al uso de sintetizadores o armónicas, pero son los instrumentos de viento y cuerdas lo que más se destaca. La banda consiguió plasmar en «Escrito en Agua», su más reciente álbum, uno de sus trabajos más maduros y condensados en lo que exprimir su esencia se refiere.

El tracklist se compone de diez pistas, pero no se sobrepasan los 40 minutos de duración, en una división entre pasajes instrumentales y canciones. Curiosamente, y según declaraciones de la banda, el primer track que grabaron en este proceso fue «Tunuwame» (nombre de la primera estrella en aparecer y que guía a los músicos en la cosmogonia huichol) y está al final del disco; una jam donde se habla con dicha estrella, guitarras, y percusiones sutiles que surgió en el estudio luego de no dar con la vibra necesaria para las canciones que llevaban trabajadas, y que luego de improvisar y grabarla, sirvió para entrar en el mood necesario para comenzar el proceso como tal.

Ya en el inicio, nos encontramos con una apertura que descoloca -de buena manera-: «Las noches que dormimos en sillas» abre con un grupo de instrumentos de viento donde el saxo brilla con una sonoridad que es imposible no asociar a varias décadas atrás, con un que dibuja armonías al unísono. Luego, llega «Hiriku», que es la canción con más ánimo y velocidad del disco, teniendo de esa impronta que la banda exploró en sus inicios y un guiño en su letra al poeta mexicano José Vicente Araya con el poema «Hiruki».

Se siente una calma en la banda en la interpretación del disco, pero también, tonos sombríos y algo inquietantes a través de ciertas melodías, como sucede en «Derivar», que tiene una guitarra melancólica y atrapante, o también en «La rata modesta», donde arreglos de cuerdas cubren a ratos una solitaria línea de clarinete. En «Perquisidor» hay referencias directas al poeta palestino Mahmoud Darwish, en una pieza donde la guitarra hace una figura cíclica y donde a ratos interviene el clarinete, en medio de frases que mezclan elementos de la realidad y de fantasía. «Kilómetros dentro de un túnel» puede que sea la pieza más austera de este disco, con una guitarra grabada con una intimidad en donde hasta se puede sentir el tacto de los dedos entre las cuerdas.

En «Escrito en Agua» no se siente el lado más orientado al noise o krautrock que los mexicanos han explorado en años anteriores, sin embargo, hay una delicadeza en el tratamiento del sonido que amplifica la intimidad y cercanía que entrega la banda. «Viene el viento» tiene ese ambiente casi de fogata donde el fraseo de la voz imita al ritmo de la guitarra, en medio de un diálogo compartido. Por otro lado, «Jardín» posee un juego de armónicos en las cuerdas que se sienten pristinos, hasta llegar a un quiebre de tensión.

Algunas de las canciones de este nuevo trabajo ya llevaban un tiempo girando en la interna del grupo o en conciertos de la banda; todo ese tiempo se encargó de forjarles una identidad y de verlas madurar. Una de ellas es «No me», penúltimo track que se siente como el punto culmine de «Escrito en Agua». Tiene gran parte de los elementos sonoros que dan forma al disco, y un mensaje simple pero directo «No me está rompiendo. Creo que no me va a romper», que podría ser un símbolo de la perseverancia de una banda que se ha mantenido fiel a su propuesta y a su espíritu donde se explora el instinto mientras se abre el corazón.

Como siempre, es emocionante cuando el progreso de una banda joven es tan palpable como maduro, ya que instala la interrogante sobre qué estará por venir o cuáles próximos pasos a seguir seguirán en su camino creativo. De cualquier forma, no puede negarse que estamos frente a un disco que quizás necesita más de una escucha para entrar de lleno en su núcleo, pero que cuenta con un color y narrativa propia consistente.

DILES QUE NO ME MATEN SE PRESENTA EL PRÓXIMO 15 DE AGOSTO EN EL CENTRO CULTURAL ROJAS MAGALLANES 

 

 

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Javier Bravo

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