Disco Inmortal: Stone Temple Pilots – Purple (1994)

Disco Inmortal: Stone Temple Pilots – Purple (1994)

Atlantic Records, 1994

La tarea que se había autoimpuesto STP de cara a su segundo disco no era nada fácil, ya con su debut circulando en alta rotación de éxitos, tanto en las radios mundiales como sus videos en MTV durante todo 1993, la gente empezaba a descartar de a poco el hecho con que se le juzgó tanto en aquel primer registro: ser unos clones de Nirvana y Pearl Jam, pero de qué forma lo demostrarían más aún, sacando un disco que casi definitivamente los desmarcaba de todo eso: su gran segunda placa «Purple».

Y es que su segundo álbum empezaba a dar una identidad más clara a la banda: había mucha efervescencia del grunge, pero también había mucho ingenio alterno y sicodelia, la inspiración en bandas clásicas como The Doors, Stones, Bowie, Zeppelin y más iban a jugar en favor de los de San Diego, que por esos días veía quizá al desborde el talento de sus compositores, los hermanos DeLeo y Scott Weiland, principalmente.

Esa portada de esta especie de arte chino con un niño volando en un dragón por las nubes nos anticipaba algo de estas «12 Amables Melodías», como se rotuló en algunas ediciones. Se trataba de 12 tracks contundentes, en un álbum muy rockero hay que decirlo, pero también distinto: «Meatplow» abría con unos riffs contundentes y una maravilla sacada por el gran Dean DeLeo en este prominente y auspicioso primer track. El fade in de «Vasoline» es genial y acá la banda nos mostraba un tema con otra cara, las guitarras filosas de su debut «Core» quedaban de lado en pos de un sonido más experimental, sin dejar una gran melodía y coros con que se nutre: fórmula que la banda adoptó por siempre, habían cosas volátiles, búsqueda, bastantes solos de guitarra, pero temas muy accesibles al oído. Una grande de su repertorio total.

La sicodélica entrada de “Lounge Fly» nos va enamorando rotundamente del disco, el wah-wah y los efectos planeados por Robert DeLeo resultan a la perfección sumado al solo final del Butthole Surfers Paul Leary. Brendan O’ Brien, flamante productor que ya se graduaba en discos determinantes del grunge (Core, Vs.)- se luce en las pistas, cabiendo decir totalmente que se involucró mucho en las percusiones de este disco, que se ralentizan bastante y sacó buen empuje al trabajo de Eric Kretz.

Este disco además nos dejó hermosas powerballads: partiendo por la inolvidable «Interstate Love Song», uno de los grandes éxitos de la banda, que tiene poder y melancolía por todas partes: «Estábamos en Atlanta en la gira de Core, y Robert estaba jugando con los acordes y la melodía en una habitación de hotel. Tuve el Feeling de esa canción de inmediato.», dijo Dean acerca de este gran acierto. Weiland además hablaba en segunda persona con esa metáfora muy a mea culpa acerca de sus mentiras a su novia en una época que su adicción a la heroína se acentuaba: “’Waiting on a Sunday afternoon for what I read between the lines, your lies, feelin’ like a hand in rusted shame, so do you laugh or does it cry? Reply?» («Esperando un domingo por la tarde por lo que leí entre líneas, tus mentiras. Me siento como una mano en oxidada vergüenza ¿Ríes o lloras? ¿Contestas?»).

La veta acústica afloraría además en la hermosa ‘Pretty Penny’, luego que la banda debutara en el Unplugged para MTV, una tierna canción de Dean DeLeo que Weiland acopló muy bien a su versatilidad vocal, y apropósito de dicho unplugged, ahí fue donde estrenaron ‘Big Empty’, un tremendo tema que en su versión enchufada del disco también logró llevarse muchos méritos. Fue parte del soundtrack de The Crow que también era lanzado por esos años y ahí fue una destacada, en un disco que compartía lo mejor del rock alternativo noventero: compartiendo con The Jesus and Mary Chain, Rage Against the Machine, Helmet, entre otros. ‘Still Remains’ nuevamente tenía esa mezcla de potencia y melodía que nos volaba la cabeza.

Pero la verdad es que cada tema tenía maravillas por seguir deleitándose: ‘Silvergun Superman’ es furiosa, grungera, con un gran coro en onda himno. La rudeza punkoide de ‘Unglued’, también nos mostraba cosas más movidas, quizá en la onda ‘Sex Type Thing’ del primer álbum. ‘Army Ants’ no lo hacía nada de mal, el disco levantaba en este tramo. El final, con ‘Kitchenware & Candybars’ hacían algo parecido a «Where The River Goes» del «Core», poniendo un tema largo y denso, de riffs sorprendentes, para abrochar 12 canciones totalmente innovadoras y que siguen gustando, la verdad. El ejercicio de volver a escucharlo después de harto tiempo es totalmente nostálgico.

El famoso track escondido tan popular de los noventa venía con «My Second Album», aunque más en modo parodia al Lounge music de los años ’50. También en la edición japonesa venía su versión de «Andy Warhol», cover del tema de Bowie en tributo al ícono del art pop americano, que fue parte de su desenchufado además. Pero fueron algunos extras que quedaron para la anécdota, ante tanto poderío e inventiva que venían en sus tracks oficiales, demostrando un talento que los sacaba de un odioso nicho y anotándose, por cierto, en la historia del rock con un gran disco.

Patricio Avendaño

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