Entrevista con Alain Johannes: «Ahora soy casi ‘el último de los mohicanos'»

Entrevista con Alain Johannes: «Ahora soy casi ‘el último de los mohicanos'»
En el marco de su regreso a Chile para presentarse junto a su más reciente ´proyecto Drink the Sea en Lollapalooza 2026, el músico y productor reflexiona sobre su vínculo con el país, el legado de amistades fundamentales como Mark Lanegan, Chris Cornell y Natasha Shneider, y una vida dedicada a crear desde la colaboración, la curiosidad sonora y la memoria.

Lollapalooza ha logrado una conexión muy fuerte con Chile, no sólo porque es económicamente viable, sino porque se ha expandido: pasó de 2 a 3 días. ¿Cuál crees que sea la razón?

Cuando regresé a Chile después de 46 años, llegué justo para el festival Maquinaria en 2010. Ahí conocí a Sebastián de Lotus y empezaron los Lolla. Recuerdo que había mucha inversión; cada vez era más grande y ha llegado a un punto en que ya es parte de la cultura. El año pasado fui a ver a Tool y Lucybell, y ahí estaba Perry Farrell con su esposa; él está presente como un símbolo icónico. Han hecho un gran trabajo y he logrado tocar ahí un par de veces. Ahora vengo con Drink the Sea y, para mí, es el mejor. Obviamente, en los noventa yo iba con Soundgarden y siempre estábamos en Lollapalooza Chicago, pero este destaca por la variedad de artistas, no solo de la música y cultura chilena, sino también de diferentes estilos y generaciones. Considero que es uno de los festivales más amplios y mejores del mundo.

Sí, es muy diverso. Como bien dijiste, en esta ocasión vienes con Drink the Sea. ¿Cómo se fue sumando cada uno de los integrantes a este proyecto? Según algunas referencias, comenzó en 2022. ¿Fue un ejercicio de remembranza para la memoria de Mark Lanegan?

Sí, claro. Hay una conexión muy profunda con Mark, no solo de Barrett con Screaming Trees y Mad Season. Yo lo conocí en el 99; fuimos parte de Queens of the Stone Age y The Desert Sessions. Después produje como nueve de sus discos. Él, Chris y Natasha eran mis grandes amores, amistades y colaboradores.

Duke Garwood fue un personaje al que Mark me introdujo. Grabé la voz de Mark en algunas cosas y después empezamos a mezclar los discos de Duke; él estaba siempre de gira con Mark y tienen un timbre de voz bastante parecido. Duke es como un “blusero chamán” y eso le fascinaba a Mark. Es por coincidencia, como Ian Thornley de Big Wreck, que se parece mucho a Chris Cornell; no es que hubiera una influencia directa, sino que fue algo casi paralelo.

Peter Buck también conoció a Mark e inclusive grabaron y compusieron varias canciones que nunca se lograron editar. Con todo eso de base, Barrett me invitó a su casa-estudio en Olympia, Washington, para hacer un jam. Llevé mi cigar box, guitarra portuguesa, piano y percusiones. Grabamos como cuatro horas de música improvisada y él logró editarlas en formas originales. Eran pequeños jams que se ordenaron en canciones. Como él estaba de gira con Duke en Islandia, después con Peter fue a São Paulo; siguieron el proceso agregando cosas a lo anterior. Hay un par de hermanas de Islandia que cantan en el disco y tienen voces muy místicas.

Después nos juntamos en Rancho de la Luna (Duke, Barrett y yo) hace un par de años y grabamos siete u ocho temas con batería y todo. Luego Barrett vino a visitarme con Peter; se sumaron a un show con el Cote y Felo Foncea, donde tocamos “Hanging Tree” y “The One I Love”. En ese proceso se quedaron conmigo en Pirque —tengo una pequeña casita al lado del río—. Ahí grabamos muchas de las voces, coros y armonías. Al darnos cuenta de que teníamos 22 canciones, decidimos lanzarlo como un doble volumen en meses separados. Fuimos a Casa Morada, un estudio en España, lo mezclamos y ahí nació Drink the Sea.

La primera vez que tocamos todos juntos fue recién en Bilbao. Hicimos un pequeño show con Barrett, Peter, Lisette (esposa de Barrett) en percusiones y la bajista Abby Blackwell. Ella regresó a su labor de profesora y ahora tenemos una nueva bajista increíble llamada Kelsey Mines, una mujer talentosa que toca jazz y tiene conexión con Brasil. Ahora ya estamos en el segundo concierto en Estados Unidos y con muchas ganas de presentarnos en Lolla, Buenos Aires y São Paulo.

Me contestaste un montón de cosas, perfecto. Seguramente los lectores entenderán las referencias a Pirque. Barrett y tú son personas que exploran lo que algunos llaman “World Music”. ¿De dónde nace ese interés y cómo lo integran, siendo referentes del grunge y el rock?

Por mi parte, imagina: nacido en Chile, al año y medio máximo mi abuela me llevó a Europa; estuvimos en España, Panamá, México… Siempre ajustándome, hablando nuevos idiomas: alemán, inglés, español. Creo que ese movimiento constante cambió mi ambiente. Mi tío Peter Rock era un gran músico; a mi papá no lo conocí hasta el 2010, pero él también es autodidacta, como yo.

Empecé a tocar guitarra a los cuatro años. Mi tío me enseñó acordes y de ahí me fui solo, aprendiendo canciones de los Beatles de oído. Viviendo en México en los 70, a los ocho años, unos vecinos me regalaron dos vinilos importantes, pero Fuente y Caudal de Paco de Lucía, inició mi amor por el flamenco. Del flamenco uno llega a la música indoclásica, la música gitana, el fado o la música árabe, porque el flamenco es la combinación de esas culturas. Y luego surgió mi interés en sonidos un poco diferentes; yo conocí la guitarra y experimenté con una guitarra eléctrica, porque había escuchado Led Zeppelin, The Beatles, Black Sabbath, inclusive Stevie Wonder, todo eso.

Pero la verdad es que me fascinaban los sonidos y me pegué a la música indoclásica; me encantaba Eric Dolphy, que tocaba con John Coltrane. Me conseguí una flauta, un saxo alto, un clarinete bajo, un sarod, un oud… ¡Tengo una bodega con 300 instrumentos! La idea no es ser un virtuoso, porque eso requiere una vida entera para una sola cosa, sino usar esas texturas en los arreglos. En el disco Euphoria Morning de Chris Cornell, todo el viento soy yo. Me gusta ese sonido, como el grupo de vientos “borracho” de Tom Waits; ese sonido que no sabes si está bueno o es terrible, pero tiene onda. Ese soy yo.

Qué maravilla. Artistas con una carrera como la tuya tienden a ser ególatras o se comportan con esnobismo. ¿A ti qué te mantiene con los pies en la tierra después de tantos años?

Ahora tengo una responsabilidad por el legado que empezamos con Natasha. Creamos música durante 25 años que quizás no fue famosa al nivel de nuestros colegas, pero somos referentes para Soundgarden, Pearl Jam o Queens of the Stone Age. Muchos decían que Eleven era su banda favorita. Siempre estuvimos en el pulso de las cosas; nos adentramos, fuimos parte de grupos como QOTSA y prestábamos nuestra visión, nuestra forma de tocar y de ser. Era una familia extendida donde cada persona se influenciaba y se inspiraba, como la primera vez que escuché la voz de Chris o los riffs de Josh Homme.

Ahora soy casi el “último de los mohicanos”. Se fueron Mark, Chris y Natasha. Hay un cementerio llamado Hollywood Forever donde los tres están en un triángulo, a 50 metros cada uno. Es una coincidencia total muy rara. Eso es lo que me levanta en la mañana: sentir que no terminamos, sino que hay más que lograr.

Al reconectar con mi padre y con mi patria, con Chile en 2010, conocí a mis hermanos y primas, y conecté con Cote y Felo Foncea. Ahora tengo un lugar donde me siento muy cómodo y feliz, retomando una vida en Chile que nunca pasó. Estoy encontrando las conexiones que no viví. Siempre fui un misterio para mí mismo; en mi familia materna (europeos) yo me sentía diferente, pero al conocer el lado de mi padre, me di cuenta de que no es un misterio: soy muy Astudillo, como él.

Tengo mucha energía. Aunque tenga problemas de salud por la edad, quiero salir adelante. Tengo ganas de hacer discos solistas, con el trío y con esta banda, Drink the Sea. Imagínate lo que ha logrado Peter Buck; a sus 70 años tiene tanta energía y enfoque que le encanta estar en una van con amigos. Yo, con mis 64 años, también me encanta ser parte de esto, de un proyecto así. Recién en España hicimos seis conciertos seguidos, manejando seis horas, sin técnicos, solo nosotros. Lo estamos haciendo como si fuéramos jovencitos de nuevo.

¿Son más punk a los 65 años que antes?

Es que mientras más uno vive y sobrevive, lo superfluo se cae. Queda solo la amistad, el amor, la buena música, la comida y la naturaleza. Especialmente ahora que el mundo está tan feo, hay que concentrarse en ofrecer energía. La música es una energía que une a la gente, no divide; es la única forma en que podemos ayudar. Ojalá, si Dios quiere, que sigamos en esto 10, 15 o 20 años más, pero yo voy día por día.

En este momento, ¿con quién te gustaría trabajar componiendo o produciendo, de las nuevas generaciones, gente que te está descubriendo o no?

Soy bastante accesible. Produzco unas tres o cuatro bandas al año e incluso me voy de gira con ellas. Creo que puedo ser un buen integrante para un grupo al momento de grabar un disco. Me encanta aportar mi experiencia sin imponer una “estampilla” o un sonido propio; prefiero ubicarme en la onda de la banda y encontrar el espacio para que su mejor versión aparezca. Soy enemigo del ego negativo que no deja que la música fluya. Soy bueno para evitar eso o recanalizar la energía para que todo salga bien. Me gusta crear un buen ambiente en el que todos estén disfrutando.

Me encantaría hacer colaboraciones con Thom Yorke; me fascina su arte. También con jazzeros de la nueva generación como Brad Mehldau o más jóvenes. Flea y yo no hemos tocado juntos desde que teníamos 18 años, pero le estoy enviando mensajes por Instagram; me encantaría tocar con él de nuevo y con Jack Irons también, que aunque tiene problemas de salud, no está retirado: sigue siendo nuestro Jack de Eleven, de los Chili Peppers y de Pearl Jam. Sería interesante retomar música con esa gente con la que crecimos juntos.

Tienes esta visión europea, crianza estadounidense y conexión con Chile. ¿Cómo ves el panorama y una tendencia hacia la derecha extrema en lugares donde no se esperaba?

Es una sorpresa. No sé por qué pasó. Viviendo en Estados Unidos desde el 74, recuerdo que en el colegio público había instrumentos para todos los que quisieran tocar: podías encontrar tubas, contrabajos… Había clases de guitarra clásica y orquesta de gran nivel. Después entró Reagan y desapareció el dinero para el arte, y se volvió algo más exclusivo. Una civilización empieza a decaer cuando el arte ya no es central.

En el caso de Estados Unidos es una falta de cultura, ignorancia y falta de exposición al mundo. Los multimillonarios crean situaciones para que la gente pelee entre sí mientras ellos se llevan el dinero y el poder. Es muy feo. Mientras estaba en Chile miraba qué es lo que estaba pasando con ICE y pensé: “este no es el lugar que yo recuerdo”. EE. UU. es un país de buena gente que se supone combina todas las culturas del mundo. Creo que es como un péndulo: pensaron que estaban demasiado a la izquierda y rebotó hacia el otro lado; ojalá se centralice, porque el daño es mundial. No es que solo se afecte a un individuo, sino que al final todo esto nos afecta a todos.

Como músico, siento una conexión con la humanidad y trato de tener las antenas abiertas para recibir información, pero a veces debo cerrarme porque no estamos diseñados para recibir malas noticias todo el día por el teléfono. Hace 200 años, sin esta tecnología, las malas noticias se contaban cara a cara, pero eran efímeras. La única forma en que puedo ayudar es con buena música que conecte a las personas y siendo una buena persona. Es un panorama muy complicado con la inteligencia artificial y la globalización.

¿Qué les dirías a las nuevas generaciones que tienen tanta tecnología a sus manos (Pro Tools, secuencias, librerías), pero a veces les falta crecer orgánicamente para alcanzar un sonido propio?

Pasa que si uno se concentra solo en la técnica para tocar ocho horas al día, a veces no crece la habilidad de componer una buena canción o el sentido de la melodía. Para mí, lo más grande es ser compositor, porque creas algo que será parte de un legado. Hay que practicar para tener la técnica suficiente y poder tocar la melodía que escuchas en tu mente.

Cuando grabábamos en cinta había que tocar mucho mejor porque no se podía editar tanto; había que cantar afinado o más o menos. Aunque uno puede tener una personalidad enorme sin ser perfectamente afinado, como Bob Dylan o Leonard Cohen. Con tantas herramientas es posible perderse y olvidar lo básico. Si puedes componer una canción, tocarla y comunicarla con un ukelele, eso es todo; el resto es adorno. En el rap o cualquier género, uno siente cuando alguien está metido en eso con pasión y no solo para ser famoso o tener mujeres, drogas o dinero.

Tuve suerte de darme cuenta temprano de que para ser famoso necesitas suerte, estar en el momento correcto y tener la fortuna de hacer la música “correcta” para el tiempo que se está viviendo, porque puedes componer música que en 10 o 15 años la gente recién va a descubrir. Como la gente que escucha Eleven ahora y se pregunta: “¿cómo es que no pegaron más?”. Por eso aprendí todo: grabación, ingeniería, mezcla, arreglos… para que fuera posible continuar. Natasha y yo siempre decíamos: “Componemos esto porque nos falta escucharlo; esta canción no existe en el mundo, así que la vamos a crear”.

A la nueva generación le digo: la música te alimenta espiritualmente; solo falta un poco de dinero para pagar las deudas. Muchas bandas que produzco tienen trabajos de día y juntan dinero para el estudio y las giras; son felices así. Creo que viene un cambio en el mundo del streaming: la gente ya está volviendo a comprar cosas físicas (vinilo, cassette) porque quiere apoyar al artista al darse cuenta de que Spotify no paga bien y usa el dinero en cosas como armamento o IA. Para los nuevos músicos, yo diría: “Encuentra tu voz”. Siempre existirá la posibilidad de hacer algo original; no han parado de aparecer grandes artistas. Puede salir de cualquier lugar: Turquía, Perú, etc. Tenemos 12 notas, aunque con posibilidad de sistemas microtonales e infinidad de ritmos. Las combinaciones de texturas y letras están ahí, en esa convergencia; se pueden componer canciones hoy tan buenas como las del pasado. Encuentra tu voz.

Muchísimas gracias. ¿Algún mensaje para quienes ansían verte en Lolla o próximamente?

Gracias a ti y a Nación Rock por la exposición. Feliz de que nos vengan a ver a Lollapalooza. También tendré conciertos con mi trío y como solista. Después de la gira con Drink the Sea, en abril, me quedaré en Chile para grabar mi próximo disco solista y el del trío. Tengo muchas ganas de hacer una gira por Sudamérica y México. Me fui de México en el 74 y solo regresé una vez con PJ Harvey; lo echo de menos y me encantaría llevar mi música allá o incluso componer ahí también.

Muchas gracias.

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Ricardo Mora

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