Epica en Chile: Técnica, brutalidad y un show que estremeció el Caupolicán
Fotos: Cristian Calderón
No es redundante decir que el concierto de los neerlandeses Epica fue, literalmente, épico. Simone Simons volvió a conquistar con su deslumbrante voz a los miles de asistentes que vibraron con un espectáculo cargado de energía y emoción.
En una jornada marcada por la fuerza femenina, Epica se presentó por novena vez en esta larga y angosta franja de tierra que, por estos días, celebra su independencia. El ambiente festivo era palpable, y lo de anoche fue efectivamente una fiesta: más oscura, teñida de negro y metal, pero fiesta al fin y al cabo. La velada reunió a tres agrupaciones en el Teatro Caupolicán, cada una con su estilo, matices y propuestas.

Desde temprano los fanáticos comenzaron a llegar a San Diego, y a las 18:30 el teatro ya mostraba una asistencia considerable. Pasadas las 19:00, los nacionales Decessus abrieron la noche con un set de death metal liderado por la potencia de Ignacia Fernández en voces. En apenas media hora lograron encender al público con su técnica y contundencia, dejando claro que son una banda destinada a grandes cosas. Aún con cierta rigidez sobre el escenario, el tiempo y la experiencia seguramente les darán el fiato que necesitan para desplegar todo su potencial.
El ambiente se calentó aún más con los italianos Fleshgod Apocalypse, quienes ofrecieron una verdadera descarga de brutalidad y virtuosismo. En un show que se hizo corto —apenas una hora— repasaron lo mejor de su catálogo y presentaron gran parte de su reciente álbum Opera (2024). La mezcla entre la cálida voz soprano de Verónica Bordacchini, los teclados de Francesco Ferrini y las guitarras demoledoras creó un espectáculo visual y sonoro sobresaliente. Seis años después de su última visita, demostraron ser una banda consolidada, impecable en ejecución y fuerza escénica, que valió con creces la espera.

El clímax de la velada llegó cerca de las 21:20, cuando el teatro ya estaba repleto y los nervios eran imposibles de ocultar. Con los primeros acordes de Cross the Divide, Epica desató la locura. La sola presencia de Simone Simons, con su voz majestuosa y elegancia natural, bastó para hacer estallar al Caupolicán. Desde ese instante quedó claro que lo que se viviría sería inolvidable.
El público, absolutamente entregado, acompañó cada canción con fervor. Desde clásicos como Unleashed, que transportó a los fans al inicio de su carrera, hasta nuevas piezas de su más reciente trabajo Aspiral, la banda ofreció un repaso sólido de su trayectoria. La voz cristalina y poderosa de Simone se mantuvo impecable durante toda la noche, complementándose de manera perfecta con las guturales de Mark Jansen: la eterna fórmula de la bella y la bestia que ha definido gran parte del sello de Epica.

Momentos memorables abundaron: The Last Crusade y The Obsessive Devotion hicieron estallar el mosh; Design Your Universe emocionó profundamente a los asistentes; y Cry for the Moon, como era de esperar, se convirtió en el clímax de la noche. El “Forever and ever” coreado a todo pulmón fue un grito de liberación compartido entre banda y público, un instante de comunión que pocos conciertos logran alcanzar.
Lo de Epica fue un show redondo. El sonido, la puesta en escena, la conexión entre músicos y fans, todo jugó a favor de una experiencia inolvidable. Con casi una decena de visitas a Chile, la relación de la banda con el público nacional es evidente y profunda. No cabe duda de que, después de esta novena cita, la expectativa ya está puesta en un inevitable y ansiado concierto número diez.


