Finalmente, el Álbum de Oro: Weezer celebra sus 30 años de trayectoria sonando frescos y vigentes en «The Gold Album»

Finalmente, el Álbum de Oro: Weezer celebra sus 30 años de trayectoria sonando frescos y vigentes en «The Gold Album»

La banda querida lo ha vuelto a hacer y con creces: si abrazaste los riffs de «Hash Pipe», la fuerza de «Dope Nose», la melancolía y euforia de «My Name is Jonas» o la delicadeza de «Undone (The Sweater Song») verás que The Gold Album encuentra a Weezer guiñándoles a todas ellas y celebrando un lugar, una trayectoria, un paseo por álbumes de todo tipo de colores (literalmente) y un paso para nada en vano por la historia del rock alternativo de los últimos 30 años; mirando nuevamente hacia la épica de sus hitos más celebrados, aunque esta vez da la impresion tras un par de escuchas que con mejores resultados que en varios de sus intentos anteriores por recuperar aquella fórmula (muy entrañable, por cierto). 

Después de décadas marcadas por altibajos, ciertos experimentos y decisiones discutibles, la banda vuelve a las guitarras con peso, el fuzz, las melodías pegadizas y cierta crudeza que remite al espíritu de The Blue Album y Pinkerton, aunque sin intentar copiarlos directamente.

 

“Say Yes”, “Shine Again” y “Don’t Make It Weird” muestran a un Weezer más directo y ruidoso, mientras “We Might as Well Be Strangers”, junto a Karly Hartzman, aporta una dosis de vulnerabilidad. La participación de Patrick Wilson y Brian Bell también se siente importante: el disco tiene una mayor sensación de banda cohesionada, tocando junta y con matices entrevueltas con jameos.

La producción de Kenneth Blume ayuda a recuperar el carácter más orgánico. Hay algo de noise, ruido de estudio, pequeños desajustes y guitarras que vuelven a ocupar un lugar central. Después de varios trabajos demasiado pulidos, Weezer vuelve a sonar pesado y espontáneo. Y lo que es su mayor logro, tras 32 años de historia: sonar frescos y vigentes. 

Pero la mirada hacia el pasado también tiene sus límites. “C.E.O.” funciona como una especie de continuación de la mencionada  “Undone (The Sweater Song)” y aborda directamente la presión de los fans por recuperar al Weezer de los 90. La idea es interesante, aunque la canción termina siendo demasiado consciente de su propia nostalgia y se convierte en uno de los momentos más débiles del álbum.

Aun así, The Gold Album consigue algo que Weezer no lograba con tanta claridad desde hace años: volver a sonar como una banda que disfruta tocando rock. No es The Blue Album ni Pinkerton, y probablemente no necesita serlo. Es un regreso convincente a las guitarras, las melodías y esa hermandad de vulnerabilidad y ruido que convirtió a Weezer, sin tomarse todo tan en serio, en un nombre fundamental del rock de las últimas décadas. 

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