Katatonia en Chile: Melancolía metalera hasta el fin de los tiempos

Katatonia en Chile: Melancolía metalera hasta el fin de los tiempos

Fotos: Cristian Calderón 

Jonas Renkse y compañía necesitó poco tiempo para mostrar lo que por años ha cultivado. Prolijidad y solidez fueron suficientes para dejar satisfechos a una fanaticada que acompañó cada riff

Katatonia es una banda que ha sabido construir, a pulso, una identidad distinta dentro del metal progresivo. Su evolución hacia sonidos más alternativos y electrónicos han sido en parte, resistidos por un sector que aún se aferra a las raíces más cercanas al doom y a los inicios black metaleros de una agrupación que ha sabido mostrar su mejor faceta, en los momentos más complejos. Sala Metrónomo fue el escenario para una demostración que, si bien puede haber parecido algo corta, tuvo la contundencia necesaria para reflejar lo mejor de una banda que algo de oficio tiene.

Bueno, vamos por parte. Katatonia llega a Chile en un momento delicado. La salida de Anders Nyström, miembro fundador, es algo que claramente no pasa desapercibido. Sus composiciones son parte vital de una banda que esta vez, supo salir adelante a punta de un setlist que recorrió buena parte de composiciones, viejas y nuevas. Además, que, en lo que a sonido respecta, esta ha sido sin duda, una de sus mejores presentaciones. Desde el centro de la Sala Metrónomo, el sonido fue espectacular, todo en su justa medida.

Porque si bien llegaron a nuestro país con su última placa “Nightmares as Extensions of the Waking State”, esto no fue impedimento para sacar a relucir lo mejor de décadas de experimentación. “Soil’s Song” pegó fuerte evocando ese disco clave de los suecos: “The Great Cold Distance”. Pero acá también había espacio para lo nuevo y “Austerity” expuso precisamente la faceta moderna de Katatonia, que dejó a un Jonas libre en unas voces que sonaron tan limpias como correctas. Jonas mantiene su nivel emotivo y, sin duda, la conexión emocional con el público.

Pero más allá de un aparente papel protagónico, Jonas fue una parte más de un show en que siempre estuvo por delante la música. Equilibrio y años de experiencia se notaron en temones como “July” y “Lethean” esta última del disco Dead End Kings. Ya para el tramo final, la banda confirmó una sensación que se fue construyendo desde los primeros acordes: Katatonia, en estos momentos, pareciera no necesitar recurrir a excesos para sostener un show sólido. Tuvo siempre la respuesta de un público, compenetrado, abierto y respetuoso, lo que terminó por redundar en un público completamente entregado, en una sala metrónomo casi completamente llena.

Más que un concierto de “grandes momentos”, lo de Katatonia fue algo más cercano a un viaje continuo, de esos que no buscan deslumbrar de inmediato, pero que pegan de a poco y constante. Incluso en medio de cambios importantes, la banda demuestra que su esencia sigue ahí, hoy más enfocada en la atmósfera que en la intensidad, pero sin duda, intensos.

Katatonia volvió a Chile para reafirmar que su propuesta no pasa claramente por la espectacularidad ni parafernalia, sino por la profundidad. Hay que saber conectar y ellos son expertos en ello. 

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Nicolas Diaz

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