LollaCL2026- Sabrina Carpenter: Todas íbamos a ser reinas

Sabrina llegó a Lollapalooza en su mejor nivel. Y en ese hermoso momento de juventud, carisma, creatividad y que desborda éxito hasta por los poros. Con todos esos elementos de lo que la masa o crítica consideraría «una nueva reina», pero ya es sabido que no le acomoda la chapa, le gusta jugar y no se cree el cuento de la monarquía del pop. Eso sí, esos fuegos artificiales que explotaron al final de su concierto (y un poco entremedio) ejemplificaban bastante su explosivo ascenso en menos de cinco años. Y su show, estuvo a la altura. Música que combina un pop de reminiscencias ochenteras, funk, dance, y momentos absolutamente impresionantes con su irreverencia y la candidez de su voz que ha conquistado al planeta eran carta segura en este festival. Carpenter llegó presentando un espectáculo que funcionaría muy bien en un stand up: humor, hits, chistes, teatralidad, conexión con su público y todo lo que querríamos para quedarnos hipnotizados y entretenidos al mismo tiempo.

El concierto mantuvo esa estética vintage durante toda la noche, con comerciales ficticios proyectados en pantalla y distintos espacios del escenario —balcones, escaleras, dormitorio o tocador— desde donde Carpenter iba moviendo la narrativa del espectáculo. Su simpatía innata y su propósito para reirse de ella misma era la tónica: un escenario que recrea una especie de set televisivo de los años 70 combinado con una casa de muñecas retro. Cuando mantuvo un divertido momento con una «therian», que era nada menos que la DJ Horsegiirl en un momento especial en «Juno», donde en todas sus paradas «arresta» a alguien. Con cerca de una docena de bailarines y una banda en vivo, el repertorio se concentró en sus trabajos recientes Short n’ Sweet y Man’s Best Friend, sumando algunas piezas de Emails I Can’t Send. Entre los momentos más celebrados aparecieron “Taste”, “Manchild”, “Feather”, “Bed Chem” y el cierre inevitable con “Espresso”, todo acompañado de cambios de vestuario brillantes y coreografías constantes y fuegos artificales espectaculares.

Pero más allá de la producción, lo que terminó marcando la noche fue la conexión con el público. Carpenter pasó largos momentos conversando con la audiencia, se animó bastante con el clásico «Chi-Chi-Chi» que la gente respondió obviamente con un «Lé-Lé-Lé» cada vez que pudo, echándose a un repletísimo Cenco Stage al bolsillo. Con una mezcla de glamour pop, humor autocrítico y referencias retro que van desde ABBA hasta Diana Ross, el show muestra a Carpenter ocupando un espacio propio dentro del pop actual: una artista que empuja los límites del género con irreverencia, pero siempre con una sonrisa cómplice.

 

 

 
 
Compartir:
Share

Patricio Avendaño

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *