Loserville en Chile: De Homenajes, calor, abucheos y la épica numetalera triunfante de Limp Bizkit

Loserville en Chile: De Homenajes, calor, abucheos y la épica numetalera triunfante de Limp Bizkit
 
Loserville Chile fue un viaje directo a los 90 y 2000, una jornada marcada por la nostalgia, el caos y la comunión total con el público, en una tarde calurosa y encendida. Ad portas de elecciones y con cambio de recinto a última hora. Así fue el pulso que marcó el festival y que comentamos banda por banda
 

Slay Squad: energía pura para partir la jornada

A las 16:00 en punto, los californianos Slay Squad abrieron el fuego con la difícil tarea de inaugurar el festival. Su “ghetto metal”, una mezcla frontal de nu metal con ritmos urbanos liderada por Brahim Gousse y Keilo Kei, arrancó con todo, aunque al principio el público miró con algo de distancia. Pero la intensidad fue clave: la banda insistió, apretó el acelerador y terminó rompiendo el hielo. Con la experiencia de escenarios grandes a cuestas, lograron que el pit despertara, aparecieran los primeros pogos y los brazos todos arriba. El gran momento llegó cuando Fred Durst subió a apoyarlos, validando la propuesta y dejando a la gente lista para el caos. Tras el show, Slay Squad se ganó otro punto: se quedaron compartiendo con el público, sacándose fotos y firmando autógrafos, marcando desde el inicio el espíritu cercano en una tónica del festival Loserville.

Riff Raff: un desvío que no terminó de cuajar
El segundo turno fue para Riff Raff, un giro total hacia el hip-hop y el trap que ya se anticipaba algo divisivo. Fred Durst lo presentó y se quedó gran parte del set junto a él, mientras Slay Squad volvió al escenario para apoyar. Aun así, la conexión no apareció. En apenas 15 minutos y en formato DJ set, el público se mostró confundido y frío, esperando riffs más que beats. Ni el respaldo de Durst logró revertir los abucheos, y el show terminó siendo el momento más polémico y breve de la jornada.

Ecca Vandal: adrenalina y rock para levantar todo
Luego del tropiezo urbano, Ecca Vandal salió a escena y encendió el Estadio Santa Laura. Su mezcla de punk rock, new wave y performance conectó de inmediato con un público que ya estaba listo para saltar. Canciones como “Bleed But Never Die” desataron la euforia colectiva y marcaron el verdadero despegue de la tarde. El clímax llegó con “Crushing To Self Soothe”, cuando Fred Durst volvió a subir para cantar junto a ella, sellando la comunión y algo que ya venía haciendo en la gira anterior.  Detalle no menor: su bajista, Jake Suriano, tocó usando el bajo de Sam Rivers, adelantando su rol clave más tarde con Limp Bizkit y uniendo simbólicamente a Ecca Vandal con los anfitriones del festival.

Bullet for my Valentine en Looserville Chile: una bala potente y precisa antes del caos

Bullet for My Valentine asumió el desafío de anteceder a Limp Bizkit, con una presentación que apostó por la contundencia y la eficiencia, con un foco claro en su álbum debut The Poison, disco que fue clave para consolidación de la banda dentro del metal moderno, los ha tenido celebrando su vigésimo aniversario hasta el día de hoy, y que en Looserville fue interpretado casi en su totalidad. El paso de esas dos décadas y la experiencia acumulada se nota: un sonido bien ajustado, con guitarras definidas, y una mezcla que permitió apreciar cada instrumento sin que se sintiera esa muralla de distorsión en que a veces se transforman los conciertos de este estilo. El resultado fue un show directo, sin distracciones, enfocado en la ejecución y en el impacto inmediato.

Aunque repertorio se apoyó principalmente en The Poison, por supuesto que hubo espacio para los éxitos dede sus discos posteriores. En ese contexto, “Tears Don’t Fall” quizás la canción más popular de Bullet, funcionó como uno de los puntos altos de la presentación, con una respuesta masiva del público que acompañó cada coro. Algo similar ocurrió con “All These Things I Hate (Revolve Around Me)”, tema que reafirmó la conexión de la banda con una audiencia que ha seguido su carrera desde sus primeros años.

Más allá de los momentos de interacción con el público, el foco estuvo puesto en la consistencia que han logrado como conjunto. Matt Tuck con la camiseta de la selección chilena puesta, lideró el show con gran seguridad, manteniendo el control vocal incluso en los pasajes más exigentes, apoyándose cuando era necesario en el bajista Jamie Mathias, mientras que el resto de la banda sostuvo un ritmo preciso.

El cierre llegó con “Walking the Demon”, una elección que reforzó lo que dijimos respecto al carácter directo del show y dejó al público con las revoluciones altas, preparando el ambiente para lo que vendría después. Sin necesidad de exageraciones, Bullet for My Valentine cumplió con creces su rol: entregar un set sólido, bien ejecutado y que logró ser parte de la esencia de lo que fue Looserville. La mesa estaba puesta para lo que venía.

311: El Dominio Rítmico y la Dosis de Nostalgia Noventera

Cerrando la previa antes de los headliners, llegó la esperada 311. Su show fue una poderosa inyección de nostalgia para todos los fanáticos del nu metal y el funk rock de fines de los 90. Con una impecable ejecución musical, la banda de Nebraska presentó sus mayores hits y conectó fuertemente con un público completamente entregado.

El ambiente se transformó en una fiesta rítmica, con los asistentes coreando y bailando al son de clásicos ineludibles como «Amber», la potente «Down» y su icónico cover de The Cure, «Love Song». La banda demostró por qué sigue siendo un referente en el género, manteniendo la energía alta y demostrando un dominio escénico total.

La gran sorpresa de su set fue la impresionante intervención de tambores. Lo que comenzó como un poderoso solo de batería se transformó rápidamente en una batucada colectiva y sorprendente: todos los demás integrantes se unieron con tambores independientes, creando una sección de percusión extendida que fue sinónimo de destreza instrumental y originalidad.

Fred Durst, testigo del show, volvió a subir al escenario para alabar públicamente a 311, un reconocimiento merecido para una banda que ofreció un espectáculo de calidad técnica y emocional insuperable. 311 no solo revivió la mejor época del rock alternativo, sino que dejó la tarima lista y el público en un estado de máxima euforia para el gran final.

Limp Bizkit en Loserville Chile: una generación que volvió a romperlo todo

Entre la nostalgia por los años 2000 y la furia desatada, Limp Bizkit coronó la noche en Looserville, su propio festival, y que fue el emocionante reencuentro de toda una generación entre sudor y recuerdos.

Lo de anoche en Loserville fue volver a MTV, Napster y el mp3 recién descargado. Hablar de Limp Bizkit es hablar de una época muy específica, ya que el final de los 90 y los comienzos del nuevo milenio tenían una sola idea en mente, revolucionar la escena con músicos de jazz, funk , un MC experto y una capacidad rapera que se saliera del estereotipo. En una época en que los gustos eran marcados por los videoclips en la TV,  y que la música se vivía como identidad, como desahogo y como pertenencia. El nü metal permitía ser tan violento como emocional. En ese contexto, Limp Bizkit, sin duda, era y es uno de los nombres más visibles del movimiento.

En ese sentido, Loserville cargaba con el peso de toda una historia en sus hombros, y desde el inicio se sentía esa vibra dosmilera. Un festival que peligró seriamente, pero que supo reaccionar a tiempo frente a la autoridad que administra el Parque Estadio Nacional, pero que encontró en el Estadio Santa Laura, un lugar donde ver a una multitud vestida con la ropa y accesorios de la época, se sintió, inmediatamente, como un reencuentro y donde la energía colectiva no necesitó demasiada introducción para explotar. 

Limp Bizkit entregó lo que la gente quería. Un show sólido, tan potente como efectivo, pero que claramente, tuvo su mayor fortaleza está en lo que provocó a nivel emocional, sobre todo, en con el justo homenaje al recientemente fallecido bajista Sam Rivers. Toda esa emoción, pero también la tensión, se desató con “Break Stuff”. Consideramos que, en este caso, es un acierto iniciar y terminar con una canción tan icónica, porque no se sintió como un exceso y menos como un relleno: se sintió necesario. Si la primera vez fue soltar la tensión, volver a “Break Stuff” para el cierre, fue el desahogo. No muchas bandas hacen esto, pero acá, esto hizo resaltar el sentido de comunión y ritual, lo que funcionó totalmente.

Una de las virtudes del show de los liderados por Fred Durst, es lo bien estructurado que está. Está ajustado de manera tal, que se siente un show que mantiene su intensidad siempre arriba, porque los hits sonaban uno tras otro, y siendo honestos, es lo que se espera en un concierto de Limp Bizkit. “My Generation” fue otra descarga de adrenalina en forma de saltos, empujones y bengalas en el mosh, que nunca se detuvieron cuando empezó a sonar “Rollin” otro de los clásicos del también clásico álbum Chocolate Starfish and the Hot Dog Flavored Water. Los incontables jockeys rojos con el NY en la frente siguieron saltando con “My Way” y por dios qué recuerdos: The Rock y Stone Cold, WrestleMania X-7. Los millenials lo entenderán.

El concierto dejó momentos memorables. El cover de “Sabotage” los legendarios Beastie Boys y que tuvo la colaboración de Ecca Vandal, fue un acierto que se sintió orgánico con el estilo y la época, pero quizás el momento especial de la noche llegó cuando empezó a sonar “Full Nelson”, Fred Durst subió a una joven fan al escenario para hacer un dueto que dejó a todos con la boca abierta. La sincronización que tuvo el improvisado dueto fue notable y fanática sacó aplausos con su manejo vocal y los guturales. Notable momento.

La parte final fue como tenía que ser: épica. “Faith” el cover de la clásica canción de George Michael, fue la antesala perfecta de otro de los momentos en que todo parecía estallar, porque “Take a Look Around” volvió a hacer explotar a todo el estadio. El icónico riff de Misión Imposible se vuelve demoledoramente pesado en la guitarra de Wes Borland, y fue el golpe adrenalínico necesario antes del final de una noche que tuvo como desahogo final la vuelta a “Break Stuff”. Toda una generación gritó: break your fucking face tonight!

 

 

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