Matapanki: La historia del superhéroe punk que promete romperla en los cines chilenos (y del mundo) durante 2026
El protagonista es Ricardo (Ramón Gálvez), adolescente punk de Quilicura que pasa más tiempo ebrio que sobrio, aunque no descuida el cuidado de su abuela. Junto a sus amigos Mella y Claudia, vive entre tocatas y juntas con amigos. Tras beber un extraño brebaje, adquiere superpoderes que no logra controlar y termina convertido —literalmente— en un justiciero capaz de alterar destinos políticos globales. Antihéroe de barrio con ambiciones cósmicas, su arco mezcla sátira social y fantasía delirante.
Una película punk desde su gestación, pero no por eso menos épica. Así se presenta Matapanki, el debut de graduación surgido desde la Universidad del Desarrollo que, desde su estreno en el Teatro Lord Cochrane —con sala repleta pese al diluvio— se convirtió en una celebración comunitaria con espíritu rockero. Fue recientemente destacada por Variety, catalogándola como una «comedia dramática punk rock chilena». El film de a poco está acaparando más revuelo por su particular estilo de obra, con potencial de culto dentro de un cine chileno que rara vez se atreve con propuestas tan bizarras, en este caso más apegada al formato cómic, pero muy arraigado a la cultura chilena, rápida y entretenida. El film fue adquirido por Minerva Pictures y de ahí a que ha tenido más resonancia internacional.
Su director, Diego “Mapache” Fuentes, fue quien la pensó como su proyecto de fin de carrera, nació “desde la perspectiva del espíritu punk adolescente: el desafiante, el inadaptado, el rebelde”. En ese sentido, señala que la extravagancia del guion y las acciones de los personajes “proviene de mi impresión de que el estado actual de la política mundial se está volviendo cada vez más ilógico e incoherente”. De a poco este prroyecto fue agarrando vuelo y las críticas tanto nacionales como internacionales la avalan.
Rodada en un blanco y negro hiper granulado, con abundantes planos secuencia en cámara en mano, montaje vertiginoso y pasajes de rotoscopia, Matapanki abraza la estética clase B. Es orgullosamente sucia y desprolija. La música también juega como nervio central del relato. La película se sumerge en el circuito de shows punk under, capturando el sudor de las tocatas de barrio con sonido crudo y directo. El soundtrack privilegia bandas punk y hardcore locales, con guiños a clásicos del género que funcionan como mapa identitario para su audiencia, y una reverencia desde la estrada cinéfila a la actitud DIY.
Matapanki tuvo su estreno en Chile con funciones especiales y exhibiciones en salas independientes durante 2025, consolidando su estatus de fenómeno local. Se proyecta su circulación por festivales de cine de género y muestras universitarias a lo largo de 2026, donde podría reforzar su destino de película de culto y porqué no, ser un éxito de taquilla. Además de las menciones internacionales y que competirá en el festival de cine de Berlín, Alemania, el largometraje fue reconocido con el Pudú a la Mejor Película Chilena y el Premio al Mejor Largometraje Juvenil en el festival de cine de Valdivia.


