Disco Inmortal: Megadeth – Countdown to Extinction (1992)

Disco Inmortal: Megadeth – Countdown to Extinction (1992)

Capitol Records, 1992

Luego de despacharse una de sus grandes obras maestras como Rust in Peace en 1990, Megadeth en 1992 contraatacó con otra gema digna de todo elogio como Countdown to Extinction. Si bien el Rust in Peace fue técnicamente magistral, en Countdown Megadeth encontró la médula de su clásico sonido y de paso los hizo acreedores de ventas millonarias nunca antes vistas en su historia.

El centro de estrategia para este disco, tanto como para el anterior fueron los estudios Power Plant, situados en el valle de San Francisco en California, lugar de mucha nostalgia hasta el día de hoy para la banda y que contaba incluso con una cancha de basquetball en la cual en ciertos momentos de la grabación iban a jugar para inspirarsse en nuevas ideas, como el mismo bajista Dave Ellefson contó en algún momento, los clásicos riffs de ‘Sweating Bullets’ y ‘Symphony of Destruction’ salieron después de esos desestresantes juegos.

Un momento de lucidez casi único para la banda, digamos que los constantes problemas de adicción de Mustaine y Ellefson en este período se habían calmado un poco y la concentración logró un gran resultado, de hecho el mejor comercialmente para los americanos hasta la fecha, donde sus canciones empezaron a rotar por las estaciones de radio populares y sus videos se empezaron a exhibir por primera vez en su historia por MTV.

Lo más paradójico y verdaderamente sorprendente de Megadeth es que pese a todos sus conflictos y adicciones bastante serias, en esta época lograron crear estas grandes joyas del metal contemporáneo, este disco hasta el día de hoy es pieza clave en la historia del heavy metal y su sonido suena tan fresco y potente como hecho ayer.

La magna obra tiene un punto de partida simplemente devastador con ‘Skin O’ My Teeth’ nombre tomado de una obra del dramaturgo estadounidense Thornton Wilder ‘Skin of Our Teeth’. Los riffs exquisitos, muy metálicos pero a la vez con una cuota de limpieza al mismo tiempo te dejan sin aliento, y con un Marty Friedman en la guitarra que ya había hecho de las suyas en Rust in Peace, y que acá no hacía más que reconfirmar su virtuosismo y su poder de shredder absoluto en los alucinantes solos de este tema.

Con ‘Symphony of Destruction’ tenemos otro show de riffs alucinantes, para muchos esta es la canción que más identifica a Megadeth, y es que es imposible no dejarse llevar por su marcha y melodía, la canción que es coreada en todos sus shows con un «megadeth-megadeth, aguante megadeth!» e imprescindible momento de sus conciertos. Mucho más oscura y siniestra suena ‘Architecture of Agression’, aunque la melodía siempre está ahí, y ese es un gran punto a favor que tuvo este disco al momento de ser tan considerado a nivel mainstream.  Mustaine dentro de sus influencias vocales ha citado curiosamente al cantante pop Cat Stevens y al analizar las ricas melodías vocales del rubio líder no parece tan desfachatada la idea.

La intro acústica de ‘Foreclosure of a Dream’, otra canción muy certera del disco, de alguna manera marca diferencias y pautea de clara forma en lo que vendría a ser el Megadeth de aquí en adelante. Aunque también se nutre de riffs thrash de la mejor cepa de las cuales ellos mismos en gran parte patentaron desde finales de los ochenta.

Una de las más fúnebres e insanas letras de Mustaine y toda una innovación en el metal  fue ‘Sweating Bullets’, la entrada como una marcha imperial del metal conduciendo a unos riffs pesadísimos pero rocanroleros al mismo tiempo, como tomados prestados de AC/DC. Esto más la insana conversación de Mustaine con él mismo, reparten los grandes créditos de esta canción; para qué hablar del espectacular solo (otra vez Friedman al ataque) y los imbatibles golpes en la batería de Nick Menza, para sellar quizá una de las canciones más aclamadas y que se cuela dentro de lo mejor del disco.

Otra muy melódica en estribillo y coros es ‘This Way My Life’, donde llegamos al tema que da nombre al disco ‘Countdown to Extinction’, una entrada magistral, como a la altura de todo para después darle cierto protagonismo a Ellefson que se luce en el bajo tanto en ésta como en toda la placa en realidad. Es una de la más relajadas del disco, pero no por eso de menos calidad, una gran power ballad que se impone dentro del grupo de canciones que componen esta exquisitez del metal.

Para ‘High Speed Dirt’ ya podemos ir subiendo las revoluciones, un tema con riffs de vieja escuela que mantiene la adrenalina a full durante toda su duración, no obstante la siguiente es ‘Psychotron’ que preserva la rabia muy adiestrada por Mustaine en el explícito sonido de lo que la banda ha querido transmitir históricamente.

Casi al final llega ‘Captive Honour’, otra que abre en tono de balada pero que explota en riffs más adelante y con un coro muy clásico precedido de diferentes speechs  de personas en segundo plano; El final es extremo, con impecables solos de esa tremenda guitarra de Friedman que cumple el rol principal en el disco.

El cierre está a cargo de otra grandeza como ‘Ashes in Your Mouth’, donde después de una diestra entrada muy técnica entre la guitarra y la batería, se torna prácticamente endemoniada y otra vez los coros llenos de melodías pegajosas nos explican muy bien cual fue la métrica para este disco: un disco sin canciones extremadamente largas ni complejas, tiempos precisos y muy bien jugados, más un abanico de melodías e interpretaciones muy acertadas por parte de su mentor Dave Mustaine, puntos clave para explicar los buenos dividendos que dejó para la banda este ya clásico álbum.

Aunque estos dividendos trajeron todo lo que se podría querer de un músico de metal, como fama, lujosas limousinas, todo el glamour y éxito en listas, aún así Mustaine sintió menoscabados todos sus esfuerzos al estar a la sombra de un disco como el álbum negro de Metallica, que gozó de un éxito mayor por sobre éste en ese mismo período. Incluso alguna vez el propio Mustaine declaró «aunque lo haya tenido todo, sentí eso de la envidia del pene más grande» citando una teoría del psicoanalista Sigmund Freud y a su eterna competencia y revancha que se autoimpuso ante la banda de la cual fue desterrado, cosa que mucho después lograría subsanar de una vez por todas.

Lo claro es que «Countdown to Extinction» le dio otro nivel al metal en ese entonces, en 1992, un año donde muchas cosas estaban sucediendo con el rock, el pleno apogeo del grunge y el hard rock de cosas como Kiss y Guns N’ Roses haciendo que las miradas de los medios por fin empezaran a considerar este estilo como totalmente programable y exitoso.

Un disco imprescindible por donde se le mire y que gracias a su estupendo contenido es imposible sacar de esa eterna discoteca musical.


Por Patricio Avendaño R.

Patricio Avendaño

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