Mikael Akerfeldt y el tour actual de Opeth: “Es un set metalero, sin sutilezas. Se lanzan del escenario y hay mosh. Me gusta eso. Soy un tipo metal”

Mikael Akerfeldt y el tour actual de Opeth: “Es un set metalero, sin sutilezas. Se lanzan del escenario y hay mosh. Me gusta eso. Soy un tipo metal”

Desde Blackwater Park (2001), Opeth no ha dejado de crecer: llenaron el Red Rocks Amphitheatre, el Royal Albert Hall y, más recientemente, agotaron dos noches en la Sydney Opera House. Y se preparan para hacer historia en el anfiteatro de Pompeya donde tocó Pink Floyd. Con tres décadas de carrera, podrían girar nueve meses al año sin dificultad. Pero para Mikael Åkerfeldt, el tour nunca ha sido «el premio final».

En conversación reciente con Blabbermouth, el vocalista y guitarrista fue honesto: “No disfruto particularmente salir de gira. Hay aspectos que me gustan, claro. El show en sí suele ser el mejor momento del día. Pero si no estás en el ánimo correcto, también puede sentirse como una maldición”. Åkerfeldt reconoce que el insomnio y la ansiedad previa a los conciertos se han intensificado con los años: “Me pongo más presión que antes. La falta de sueño me hace sentir inseguro arriba del escenario. Después de un par de canciones, todo vuelve a la normalidad… pero el proceso es duro”.

El contraste es evidente. Mientras la banda, reconoce, suena “mejor que nunca” —ajustada, poderosa, técnicamente impecable—, su líder siente que el acto de tocar en vivo es, en cierta forma, mecánico: “Para mí, girar es como trabajar en una fábrica. Estamos persiguiendo las versiones grabadas, intentando tocarlas perfecto. Y eso nunca ocurre. No es un trabajo creativo, es repetir algo que hiciste, a veces, hace muchos años”.

La paradoja es que Opeth atraviesa uno de sus momentos más sólidos. Con la incorporación del baterista finlandés Waltteri Väyrynen en 2022, el grupo solidificó una alineación que puede transitar sin esfuerzo desde el death metal técnico hasta pasajes de sensibilidad progresiva y jazzística. En la actual gira norteamericana junto a Katatonia, presentando The Last Will And Testament (2024), el set se inclina hacia su faceta más pesada. “Es un set metalero, sin sutilezas. Se lanzan del escenario (Hay stage divings y mosh pits). Me gusta eso. Soy un tipo metal”, admite Åkerfeldt.

Sin embargo, el corazón del músico está en otro lugar. “Lo que más amo de estar en esta banda es el trabajo creativo. Sentarme en el estudio, escribir algo desde cero y pensar: ‘Esto es bueno’. Esa sensación primitiva de crear algo de la nada supera cualquier éxito o atención”. Incluso reconoce que su integridad artística cambia según el contexto: “Cuando estoy de gira, mi integridad es casi cero. Solo quiero que la gente se vaya feliz. La dejo en casa. En el estudio, en cambio, no pienso en lo que el público quiere”.

El quiebre estilístico de Heritage (2011) marcó un antes y un después. “Fue un momento pivotal. Recibimos críticas duras por primera vez. Pero eso nos unió más. Era nosotros contra el mundo”, recuerda. Esa decisión de evolucionar —de no repetirse— es parte esencial de su legado: “No quiero hacer un disco estándar de death metal. ¿El mundo necesita eso? Hemos creado nuestro propio nicho y dentro de él podemos crecer”.

Sobre el futuro, descarta una gira de despedida al estilo épico: “Si algún día paramos, simplemente desapareceremos. No habrá un ‘final tour’ de cinco años”. Lo que sí vislumbra es un ajuste de prioridades: menos giras, más discos. “Si hacemos menos tours, significará más música y lanzamientos más frecuentes. Eso es lo que realmente quiero”.

Opeth regresa a Chile para un concierto único en Movistar Arena 

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