Poppy: «Poder desconectarte de internet y existir en tu propia cabeza es muy importante”
Como cada año, Poppy comenzó 2026 celebrando su cumpleaños el 1 de enero, una fecha que, según reconoce, nunca pudo elegir. “Siempre ha sido así, así que no pude decidirlo”, comenta a NME en una entrevista ad-portas de su nuevo lanzamiento. Con respecto a las fiestas de fin de año y el hecho de que su cumpleaños es el 1 de enero dice: “Pasé el tiempo con mi gato y nos fuimos a una cabaña en el bosque. Me gusta mi cumpleaños. Creo que es una buena forma de empezar el año”.
Ese nuevo comienzo coincide con uno de los momentos importantes de su carrera. Poppy está a punto de lanzar su séptimo álbum, Empty Hands, que llegará el 23 de enero, apenas 15 meses después de Negative Spaces. El disco prolonga la inercia de un 2025 agotador, marcado por 95 conciertos (incluido Chile abriendo a Linkin Park) y colaboraciones muy comentadas con Babymetal, Amy Lee (Evanescence) y Courtney LaPlante (Spiritbox).
Fiel a su naturaleza camaleónica, Poppy ha pasado por múltiples estilos desde que se dio a conocer con sus enigmáticos vídeos de YouTube. Sin embargo, en Empty Hands no hay un giro radical, sino una apuesta decidida por profundizar en el sonido más duro que ya venía explorando. De nuevo acompañada por Jordan Fish (ex Bring Me The Horizon) y el compositor Stephen Harrison, la artista confirma su inclinación hacia el rock y el metalcore. Tras terminar el álbum anterior coniesa que “Sentí que Jordan y yo todavía teníamos mucho por explorar”.
Poppy subraya que cada disco ha tenido un proceso creativo muy distinto. Sobre etapas anteriores explica: “Con Flux teníamos canciones y las armamos juntos; el disco siguiente fue más mecánico, más del ‘mundo pop’”. En cambio, con Fish y Harrison ha encontrado una continuidad poco habitual: “Hay un punto muy bonito de consistencia cuando ya no tienes que explicarte, porque todo se entiende y se acepta”.
Aunque Negative Spaces y Empty Hands comparten equipo y ciertos rasgos sonoros, la cantante insiste en que son trabajos claramente diferenciados. “Que otros decidan llamarlo un género o ponerle una etiqueta es cosa suya”, afirma. Para ella, intentar definirlo demasiado “ensucia la presentación”. Musicalmente, el álbum es directo y sin concesiones, con ecos noventeros que recuerdan a Deftones o Korn, y letras agresivas en segunda persona. Aun así, rechaza que sea un disco dominado solo por la ira: “No sé si lo consideraría un álbum enfadado. Es importante expresar lo que es real para mí en ese momento”.
Poppy también reflexiona sobre la necesidad de desconectarse del ruido digital. “Poder separarte de internet y existir en tu propia cabeza es muy importante”, asegura. Durante las giras evita las redes y se refugia en libros, diarios y procesos creativos más analógicos, reconociendo que es “demasiado sensible” al clima de miedo y agresividad online.
“Siempre tengo algo que decir. Siempre estoy trabajando… y cuando deje de disfrutarlo, pararé”, resume. Empty Hands, que se publica el 23 de enero vía Sumerian Records, es el reflejo más reciente de esa inquietud constante que sigue definiendo su obra.

