Preparando el desfile negro: el camino de My Chemical Romance hacia The Black Parade
El álbum que terminó por consagrar a MCR no nace desde la euforia del éxito cosechado con su anterior disco, Three Cheers for Sweet Revenge, sino de un lugar más oscuro, pero a la vez transformador. Fama repentina, excesos y crisis personales, fueron la chispa inicial que terminaría por encender la llama de un grandilocuente desfile.
Con el regreso de MCR a la vuelta de la esquina, es un buen momento para hacer memoria y revisitar un punto de inflexión determinante en la carrera de la banda liderada por Gerard Way. Porque The Black Parade fue una obra musical mucho más ambiciosa y arriesgada que su antecesora, sin desconocer la importancia que tuvo Three Cheers for Sweet Revenge. La fama y el éxito comercial llegaron masivamente y de golpe, por lo que quedarse en la zona de confort no hubiese sido algo particularmente extraño. Repetir la fórmula hubiese alcanzado para una industria musical, que, por aquellos años, todavía se sostenía principalmente a través de las ventas del formato físico -sobre todo del cd- y donde el recientemente extinto MTV (al menos de la forma como lo conocíamos) era el que dictaba la estética y los gustos musicales de toda una generación.
Tras el fin de lo que fue una gira tan extensa como exhaustiva, con más de 200 conciertos, MCR ahora estaba en la parte alta del mainstream y se habían convertido en un fenómeno quizás más grande de lo que ellos mismos podrían haber imaginado. Estuvieron de gira con Green Day, tocaron en festivales masivos, participaron como parte de giras colectivas y encabezaron su propio tour. El cansancio físico, y la sobrexposición que trajo consigo la fama, empezaron a pasar la cuenta. A lo anterior se sumó una prensa que rápidamente los encasilló, y les puso el famoso rótulo de “emos”, definición que nunca fue del agrado de la banda, en especial de Gerard, que en más de una oportunidad señaló que eso fue una etiqueta puesta por los medios para meter a muchas bandas dentro del mismo saco y que cualquiera que haya escuchado sus discos sabría que MCR era algo más que esa reducción.
Por si todo lo antes dicho fuera poco, durante el desarrollo del tour, Gerard Way se vio sobrepasado. La demandante agenda de MCR y el agotamiento mental principalmente, tuvo como consecuencia en crisis de ansiedad: “Pasé por una crisis y estaba analizando cada aspecto horrible de mí mismo. Me volví muy susceptible a la depresión”. Pero si de algo se trató principalmente el MCR fue el de la superación ante la adversidad, y la rehabilitación no solo no fue un obstáculo para la creatividad de Gerard, sino que el proceso le entregó las luces de lo que sería la próxima gran obra de la banda.
El sentido de la muerte y la trascendencia como eje narrativo, fue la idea que durante la crisis se implantó en la cabeza de Gerard y la que lo inspiró para llevar el nuevo álbum de MCR al siguiente nivel. La intención de una obra conceptual grandilocuente, elevó la ambición y la escala del proyecto, lo que se complementa, con la decisión consciente de no repetir la misma fórmula de Three Cheers, aunque eso costara la pérdida de fans. La voluntad de romper con el molde impuesto fue más grande. Casi tan grande como el desfile.
“El Paciente” es el protagonista agonizante en una historia en donde la muerte, se representa simbólicamente en la forma del desfile negro, que no es otra cosa que una interpretación de la creencia del propio Gerard, de que la muerte, te viene a buscar en la forma de tu recuerdo más significativo. Para el paciente, el desfile no solo representa su identidad, también es su despedida. Este concepto es el que busca plasmar la obra a través de las temáticas de las canciones, pero que también se hizo extensible a la imagen y el sonido. La estética de la banda se aleja de la clásica de la escena, esta vez sin los peinados desordenados, las corbatas y las converse (haciendo la excepción con la canción Teenagers) para pasar a uniformes de banda militar, en donde lo que predomina son el blanco y el negro. La imagen queda así al servicio del concepto que envuelve al álbum, otorgándole aún más coherencia, a una narrativa que termina de completarse gracias la diversidad sonora del álbum. El dinamismo es parte esencial de esta ópera rock, con estilos que van jugando con las emociones propias del relato. El pop punk, el glam, el post hardcore se juntan con pasajes que a veces recuerdan a “In The Flesh?” De Pink Floyd (la referencia es muy obvia en The end.) y a Bohemian Rhapsody de Queen.
Este año se cumplen dos décadas del lanzamiento de The Black Parade, y no sería errado afirmar que, con este álbum, My Chemical Chemical cumplió su objetivo de trascender. El sonido atemporal en su producción y lo cercano del concepto central, permiten que tanto la generación que se forjó con su música, como aquellos que recién lo descubren, puedan sentirse identificados. Eso es que lo debe ocurrir este 28 y 29 de enero, cuando el “Desfile Negro” pase por nuestro país.



