Recomendamos: Antropoceno-No ritmo da Terra (2026): Entre la selva, samba, locura y distorsión

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En algún punto entre la selva y la distorsión, aparece Antropoceno con No ritmo da Terra, un trabajo que se ha transformado en uno de los más cautivantes de la música brasileña de la temporada en cuanto a fusión de estilos. El pasaje musical y la imaginería nos habla de la selva y esa ambivalencia que tiene: un ecosistema vivo, en apariencia armónica, donde todo respira en conjunto… hasta que cae la noche y lo que estaba debajo empieza a salir hacia afuera. Musicalmente, es una locura que sirve de soundtrack para una banda/proyecto que ya había dado grandes avisos con su placa del año pasado «Natureza Morta». Todo es parte de una trilogía. 

Brasil y sus ritmos siempre han sido sugerentes, te seducen, sumale a esto blackgaze, doomgaze y shoegaze con una crudeza más cercana al screamo o al metal, pero lo que lo diferencia es cómo introduce elementos ajenos sin chistar por un segundo. Escuchamos samba con fragmentos de R&B, capas ambientales y sobretodo, atmósferas que remiten a lo natural a esta especie de caos en la selva y en el mundo. Todo está conectado, aunque no siempre de forma evidente. Es un disco que habita por acumulación de sonidos, a veces puede saturar, pero en los temas largos, sin duda, te viene a volar la cabeza. 

 

 

Antropoceno es el proyecto de Lua Viana, que se ha dedicado a fusionar la música de su país con cosas más experimentales, por ende, tiene una mirada mística, usando cada canción como un experimento y distintas culturas. Como por ejemplo, haciendo punto de contacto con los Orishas del Candomblé. Desde el inicio, “Avamunha” marca ese ritual: el pulso de los atabaques, el grito “Laroyê” dirigido a Eshu, y la sensación de estar entrando a algo que no es solo musical, otra dimensión que se abre estre maleza y caos. Después, “Pe Rembi’urama” se desplaza hacia otro eje: lengua tupí antigua, y un paisaje sonoro que incluso se abre a lo asiático inclusive. 

Hacia el cierre, el disco se abre en dos direcciones. “Futuro Ancestral” pone el foco en lo político, tomando las ideas del líder indígena y ambientalista Ailton Krenak y llevándolas al sonido con un berimbau distorsionado. La banda propone un discurso musical y lírico, un ejercicio potente, con identidad política y una mirada anticolonial que atraviesa lo musical sin volverse panfletaria. Hay momentos que sostienen el mensaje, porque ante todo es anti-comercial su sonido, pero lo bastante exuberante como para no dejarte atrapar. Pasajes extensos, cambios de intensidad bien medidos, una sensación de viaje y progresiones. Una locura, a ratos muy enfermiza, pero en otros, muy contemplativa. 

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Patricio Avendaño

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