Robbie Williams en España: La promesa de entretener
Por Ben Marcus
Fotos: Gloria Limontes
La elección de “La cabalgata de las valquirias” como introducción no fue casual. La monumental composición de Richard Wagner sirvió como el preludio de la tormenta que estaba a punto de desatarse. Bastaron unos segundos para que “Let Me Entertain You” hiciera saltar por los aires cualquier expectativa. Robbie Williams había aterrizado en Sevilla para recordar por qué muy pocos artistas pueden competir con él cuando las luces se encienden y el espectáculo echa a rodar. El bueno de Robbie hace magia sin necesidad de trucos. Nada parece improvisado y, al mismo tiempo, todo parece espontáneo.
Sobre las tablas sigue viviendo un adolescente atrapado en el cuerpo de un hombre de 52 años. Provoca, vacila, juega con el público y estira la cuerda hasta el límite con ese punto canalla que siempre ha definido su personalidad. Cuando parece que la chulería va a imponerse, cambia el registro con una sonrisa, una confesión o una dosis de ironía que vuelve a poner a todo el estadio de su lado. Ahí reside gran parte de su genio: en saber exactamente cuándo tensar la cuerda y cuándo aflojarla. Su primera misión no fue cantar, sino pasar lista.
Quería asegurarse de que delante tenía a los fieles de siempre, esos capaces de completar cada verso y de conocer su repertorio casi mejor que él mismo. Entre canción y canción, Robbie fue enlazando un monólogo tras otro. Habló de fútbol, de sus años en Take That y de sí mismo, siempre con esa mezcla de ironía, sarcasmo y autocrítica que convierte cada pausa en una parte más del espectáculo.
No es una coincidencia que la gira lleve por nombre BRITPOP Tour. Más que un ejercicio de nostalgia, Robbie Williams reivindica una época en la que el pop británico marcaba el paso de la música, la moda y la cultura popular. Durante dos horas, ese espíritu volvió a cobrar vida en Sevilla. Sobre el escenario y entre un público entregado, la Cool Britannia dejó de ser un recuerdo para convertirse, de nuevo, en una experiencia compartida al ritmo de Rock DJ. – ¡It’s time to move your body! – Gritó el grande de Williams
En medio del derroche de humor y desparpajo, Robbie encontró un hueco para la sinceridad. Antes de Love My Life y Pretty Face, quiso agradecer públicamente a su mujer el haber sido el apoyo que necesitó para superar los capítulos más oscuros de su vida, y dedicó unas cariñosas palabras a sus cuatro hijos. Pero incluso en los momentos más emotivos se resiste a abandonar su personaje.
«¡Tengo cuatro hijos… y todos son de la misma mujer!», bromeó entre las risas del público. Así es Robbie Williams: capaz de pasar de la confesión más íntima al chiste más inesperado sin perder un ápice de autenticidad.
“Something Beautiful” es simplemente eso… “Algo Hermoso”
Y entonces Robbie bajó a la pista, se perdió entre la primera fila y regresó con un trofeo inesperado: una camiseta de la selección española. Se la llevó consigo como quien guarda un tesoro encontrado por el camino. Al llegar al escenario, la ató al pie del micrófono y dejó que bailara con la brisa mientras Something Beautiful hacía el resto. No hacía falta decir nada más.
…o quizás sí, porque todavía quedaba mucho por sentir…
La poderosa puesta en escena de “Millennium”, con un nuevo cambio de vestuario de Robbie Williams incluido, desplegó la alfombra roja para la llegada de otro himno inmortal: “New York, New York”.
Llegó el momento de presentar a la banda, pero Robbie nunca hace las cosas como los demás. En lugar de limitarse a decir nombres, fue regalando pequeños conciertos dentro del concierto. Nada de nombres despachados con un rápido aplauso.
Tom Longworth hizo rugir su guitarra con Back in Black. Jerry Meehan cambió el rock por la nostalgia de Summer Nights. Karl Brazil puso a toda la Plaza de España a marcar el ritmo de We Will Rock You. Las coristas Elle Cato y Sara Jane Skeete desataron la fiesta con It’s Raining Men. Owen Parker llevó al público hasta Sweet Dreams (Are Made of This) y Gary Nuttall cerró la ronda con un Hey Jude que acabó cantando toda Sevilla.
Hay conciertos que regalan canciones y otros que regalan recuerdos. Robbie Williams decidió que aquella noche el recuerdo tendría nombre de mujer. Entre miles de personas encontró a Carmen y, sin previo aviso, la convirtió en la protagonista de She’s the One.
Es una de esas marcas registradas que el tiempo no ha conseguido borrar de sus conciertos: la capacidad de hacer sentir especial a alguien entre una multitud. Mientras la canción avanzaba, las cámaras captaban cada gesto de Carmen y lo proyectaban en las pantallas gigantes. Su emoción hablaba por sí sola. Entre lágrimas y una sonrisa imposible de disimular, se adivinaban en sus labios un tímido «thank you» y un «I love you» dirigidos a Robbie. No hizo falta escuchar una sola palabra. Bastó con mirar su rostro para entender que acababa de vivir un instante que la acompañará toda la vida. Y con ella, miles de personas compartimos, aunque solo fuera por unos minutos, aquella felicidad contagiosa.
La fiesta hizo una pausa. Robbie respiró hondo y habló de su héroe: su padre. Explicó que el Parkinson ha cambiado su vida hasta el punto de que ya no puede salir de casa como antes. Entonces llegó “My Way”. Las pantallas empezaron a llenar la Plaza de España con fotografías de toda una vida: la infancia, los amigos, sus padres, su mujer, sus cuatro hijos. Cada imagen encontraba respuesta en una sonrisa, una dedicatoria o una palabra de agradecimiento. Durante unos minutos, el estadio dejó de contemplar a una estrella para descubrir al hijo, al marido y al padre que se escondía detrás del personaje.
l desenlace llegó con Feel y Angels. No fueron simplemente las dos últimas canciones del repertorio, sino el punto final de un relato que había comenzado un día antes, cuando Robbie Williams se detuvo en la calle Santa María la Blanca para cantar Angels junto a un músico callejero. Aquella escena improvisada encontró su desenlace en la Plaza de España, donde miles de voces recogieron el testigo y convirtieron el último estribillo en un abrazo colectivo. Cuando las luces se apagaron ya no quedaba nadie por convencer.



