Sabrina Carpenter, Chappell Roan y Charli XCX: Las chicas súper poderosas del pop
La escena del pop en la actualidad —y particularmente liderado por mujeres— pareciera encontrarse en su punto más alto. Lady Gaga con Mayhem y aquel concierto donde convocó a nada más y nada menos que 2.5 millones de personas, demostrando una vez más porqué es uno de los pilares no sólo en el estilo sino que en la música en su más amplia definición. Billie Eilish con Hit Me Hard and Soft, FKA Twigs con Eusexua y Doechii con Alligator Bites Never Heal, en los tres casos como uno de los trabajos más sólidos dentro de sus propios catálogos. Tate McCrae con tan sólo 21 años de edad de a poco rondando en boca de muchos. Lorde con su prometedor álbum Virgin y un posible ‘Lorde Summer’. Miley Cyrus rompiendo más que nunca sus propias barreras musicales. Beyoncé, Olivia Rodrigo. Dua Lipa. Magdalena Bay. Addison Rae. Propuestas pop con acercamientos a la música electrónica, otras demasiadas experimentales para encasillarse en algo definido, otras que coquetean con la música alternativa, el rap, el country o el rock, pero que convergen en un único punto en común: Mujeres que finalmente están siendo visibilizadas en plenitud como compositoras, productoras o personas creativas más que como sólo una “bonita voz”. Mujeres que están reescribiendo la historia de la industria musical como nunca antes.
Este auge, sin embargo, posiblemente está encabezado por otras tres artistas, a quienes de hecho, se les bautizó como las chicas super poderosas del pop —o “the powerpop girls«. Sabrina Carpenter, Chappell Roan y Charli xcx. Tres mujeres que han estado por separado contribuyendo a las artes desde hace más de 10 años pero que, como un genio al que se le comprende su obra tardíamente, no fue hasta el último par de años que se les dio el reconocimiento que merecían. Sin ser casualidad que las tres fueron las cabezas de cartel del renombrado festival Primavera Sound en Barcelona hace sólo unos días. Propuestas diferentes unas de la otras, pero auténticas.

No es precisamente la música en sí misma. Sí, entre el 2023 y 2024 las tres lanzaron discos que se sienten como mejores éxitos por sí solos, pero es como si el mundo se hubiera alineado con lo que cada una de ellas tiene que decir en respuesta al propio signo de los tiempos. No sólo siendo un puente de lo que sucede en la música, sino que de lo que sucede en las otras formas de artes y en la cultura global. En palabras de Charli, «(…) Todo lo que puedo agregar es que estoy feliz de que la industria musical está en un lugar en el que destaca mujeres artistas por su autenticidad e individualismo. Por ser quienes son. Imperfectas y por sobre todo… caóticas”.
Short n’ Sweet (2024) habrá despegado el reconocimiento de Sabrina Carpenter, pero esto quizás no habría sido posible sin la construcción de una carrera que marca su punto de partida cuando era muy pequeña y jugaba a disfrazarse, actuar o cantar, sin saber que en el tiempo mutaría en el propósito de su vida. Una chica ‘Disney’ que con tan sólo 10 años era dueña de una voz que te pone la piel de gallina. Desde su debut el 2015, su discografía consiste en 5 álbumes antes que Short n’ Sweet. Pero este último marcó un antes y un después porque en primera instancia su proceso surgió en un momento en que la artista sentía que por fin se conocía bien a sí misma, replanteando algunos métodos para crear.
Canciones de amor o desamor, pop, country y un lenguaje con reminiscencias visuales y sonoras a los 60s y 70s. Una propuesta que en sus meras palabras parece más de lo mismo, pero que con el sentido de humor, personalidad y experiencia actoral —abrazando lo absurdo o incluso riéndose de ella misma— hizo la diferencia de cualquiera de sus influencias o de cualquier otro acto contemporáneo a ella. «Taste», «Please Please Please», «Bed Chem» o por supuesto, «Espresso» se posicionaron como sus éxitos radiales por defecto, pero su reciente single «Manchild» ad portas de su presentación en Primavera el 6 de junio continuó tatuando su impacto como una artista esencial en la cultura del pop contemporáneo.
Chappell Roan —nacida como Kayleigh Rose— lanzó su debut The Rise and Fall of A Midwest Princess el 2023. Para ese entonces ya había pasado por cambios de discográfica, había estado en varios empleos, había publicado un EP y varios singles, entre otras cosas. Y es más, uno de sus mayores hits actuales, «Pink Pony Club», ya llevaba 3 años rondando en su catálogo. Sin embargo, pareciera que su estrellato esperó que sus 8 años de trabajo se ensamblaran en algo más sólido como un álbum para poder expresarse en su máximo esplendor. En efecto, de la mano de una serie de presentaciones en vivo en programas de televisión, festivales y en apoyo a otras artistas, el LP resonó en la gente en un abrir y cerrar de ojos de una forma que excede cualquier explicación, pero hermosa. Una entrega que reimaginó los 80s tanto en lo musical como en lo visual y estético pero en todo momento desde una perspectiva contemporánea que captó la formula para hacerla única —y nueva—.
Abiertamente gay, autoproclamada Drag Queen e inspirada, por cierto, en la comunidad LGBTQ+ y particularmente en la gente y cultura Drag, Roan se convirtió recíprocamente en una especie de voz de ellos y por su vestimenta y maquillaje —con mucho de Glam— en un referente de moda. «Pink Pony Club» es su declaración, o una liberación. Aunque también junto a otras joyas como «HOT TO GO!», «My Kink is My Karma», «Super Graphic Ultra Modern Girl» o el single «Good Luck, Babe!», presentando antes que nada a una mujer que es fiel a sus principios por sobre lo socialmente correcto y rompe con la idea de cómo debería ser una estrella de pop. Su propuesta ya tiene mucho de rock. Su nombre, en honor a su abuelo difunto, Dennis Chappell, y una de sus canciones favoritas, «The Strawberry Roan» de Marty Robbins.
En lo que respecta a Charli XCX —según Chappell “una de las reinas de Inglaterra”—, a estas alturas se hace indispensable hablar de BRAT para entender a quién nos referimos. El álbum que la catapultó exageradamente a la cima y sin precedentes más que un propósito y el mundo casualmente en sintonía con ello. Dicho por ella, “no estaba muy segura si la gente conectaría con él [BRAT], pero por suerte para mí, el péndulo de la cultura se dirigió en favor del desastre, la personalidad y el nicho. Probablemente mucha gente conectó con mis canciones porque se sienten tan desastrosas y volátiles como yo me siento aveces. (…)”. BRAT, sin embargo, vino a aparecer después de más de 15 años en que la artista ha estado haciendo música. Más de 10 trabajos entre álbumes, mixtapes, EPs y singles, co-escritura y producción para otros, gestión de proyectos, o el paso por una extensa gama de estilos que incluyen punk-rock, pop, hyperpop, electrónica, trap, industrial, entre otros, sólo declaran una carrera demasiado completa para haber pasado desapercibida por mucho tiempo.
Ya a un año de su lanzamiento, BRAT fue (o es) un hype y marcó la diferencia incluso en ella misma porque es su obra maestra. Pero no es su obra maestra por la música (porque en realidad cierta dirección de la misma ya se dibujaba a lo largo de otros trabajos), sino que por su enfoque artístico, visual, cultural y de marketing. Donde su diseño, lay out, difusión, los Dj sets en Boiler Room, el concepto de Brat Summer y cualquier otro mínimo detalle fue meticulosamente pensado para su propio desarrollo y resultado. Un fenómeno indiscutible porque nadie lo había hecho como ella. La portada —diseñada parcialmente por la mismísima—, una de las tantas formas de manifiesto del pensamiento visual por sobre musical que Charli posee. Una mente orquesta, directora y referente de creatividad por excelencia. En ocasiones invitando, de hecho, a cualquier otro artista a hacer lo que se les dé la gana sin importar nada más que la propia autenticidad.
A Sabrina Carpenter, Chappell Roan y Charli xcx se les considera “las chicas super poderosas” como una directa referencia a las personajes de la serie de animación y sus respectivos colores. Burbuja (Sabrina), Bonbón (Chappell) y Bellota (Charli). Sin embargo, no se puede negar que las tres se han posicionado como algunas de las artistas más influyentes en la innovación del pop. Referentes de la escena pero porque desafían su razón de ser.
Que las tres hayan sido el eje y foco de Primavera Sound como de otros festivales que están ocurriendo actualmente. Que desde hace poco sean las artistas más recurrentes en algunos de los premios y ceremonias más relevantes. Chappell interpretando «Barracuda» de Heart en PS o Charli uniendo fuerzas con Air para interpretar «Cherry Blossom Girl» durante We Love Green. Chappell haciendo la pertinente coreografía de «Apple» en el show de Charli también en Primavera o Sabrina hace un tiempo rindiéndole tributo a Chappell con su cover de «Good Luck, Babe!». No sólo son acontecimientos que declaran el impacto que están generando tanto en la música como más allá de ella, que están viviendo uno de sus mejores momentos o que por ende, están en un gran momento en la historia para ser una artista mujer. Sino que también declaran el amor, respeto y apoyo que se tienen unas de las otras. Antes que cualquier cosa —y qué es lo que les depara en sus carreras—, son tres artistas que vinieron a establecer un vínculo de hermanas. Las chicas súper poderosas del pop, juntas contra el mundo y hacia el futuro.

