Shogun: El contraste latente entre lo crudo y la belleza
Hablar de Shogun es hablar de un fenómeno temporal pero de alto impacto. Cada cierto tiempo, el proyecto musical de Cristián Heyne vuelve para sacudir de forma subterránea la escena local; y «sacudir» no es una exageración. Los primeros pasos de Shogun datan de inicios de los 90s, con un alcance mediático considerable en la escena alternaiva luego de la publicación de «Disconegro» (1996). Distintos trabajos en los años posteriores han significado que su música vaya mutando desde ese rock/pop con toques shoegaze e industriales del inicio, a involucrarse con la música electrónica y experimental. Si a eso se le suma una baja actividad en vivo en 30 años de historia, limitada sólo a contextos específicos y nunca girar como tal, corresponde catalogar a Shogun como un proyecto de culto que crece con libertad.
MÁS ALLÁ DE LA PRODUCCIÓN
Si bien la figura de Heyne se asocia a la del productor clave detrás de los primeros trabajos de Javiera Mena, Gepe o Glup!, es preciso rescatar lo relevante y valioso de su lado como intérprete, que si bien destacó en proyectos como Christianes (1989-1997), brilla en la intimidad de Shogun.
Nonhay un sonido necesariamente pulcro, ni una complejidad técnica en lo interpretativo. En cambio, la mayor arma de Heyne recae en su habilidad para dar forma a escenarios cálidos que navegan entre luz y oscuridad con una sensibilidad a tope, con letras que por lo general narran historias que no necesariamente se sienten como autobiográficas, pero de las que no cuesta apropiarse luego de escucharlas.
«Disconegro» (1996) tuvo, gracias a su formación, una propuesta tipo banda y una cantidad de canciones inusual para la época, con 22 tracks donde «Disco Baby» llegó a una alta rotación en radios y algunos programas de televisión. Gran detalle es que la mitad de ese disco fue grabado en una porta-studio, y probablemente, puede que ese factor independiente e íntimo, mantenido en el tiempo, sea el ingrediente que une y da sentido a la música de Heyne.
En «Demonio» (1998), Heyne llevó el proyecto a un lugar más oscuro en uno de los discos que, podría decirse, mejor definen el corazón del proyecto. De hecho, el matiz que se percibe en «Anhedonia», canción de apertura, que combina una distorsión muy apegada al noise y una voz aletargada con un quiebre que llega con pads etéreos, es prueba de lo anterior. Pero también llegaron nuevas búsquedas, como sucede en canciones como «Oro» y «Sxu», con aires de un trip-hop sombrío, muy en la línea de Tricky o Bowery Electric.
Ese camino de experimentación llegó aún más lejos en «Alma» (1999), disco posterior que incluyó un gran protagonismo por parte de la electrónica y la melancolía, palpable en tracks como «Inercia» o la misma canción homónima que da título al álbum.
La complicidad entre la creatividad, el intimismo y la noche también es otro sello del proyecto. Esto quedó reflejado en «Sesiones Nocturnas, 2004-2006» (2007), una serie de ejercicios sonoros en colaboración con el músico Jorge Santis registrados post horario laboral, donde se percibe ese mood pausado que entrega el cansancio, pero con momentos de climax («Luz»), introspección («Subterráneo») y calidez («199»).
UN COMPLEMENTO PARA EL CINE
No es extraño relacionar la música de Shogun a lo cinemático. Dos películas dirigidas por Alberto Fuguet («Se Arrienda» en 2005 y «Velódromo» en 2010) han cobijado canciones del proyecto donde, curiosamente, sus personajes principales pasan por procesos de profunda introspección en una etapa decisiva para su desarrollo.
Aquí, canciones como «La Muerte» (del disco publicado en 2004 «La Rata») o «Subterráneo» (de «Sesiones Nocturnas, 2004-2006», publicado en 2007) no solo funcionan para llenar un vacío, sino que complementan escenas con una relevancia de peso para la emotividad que transmiten.
DE LA MANO DEL STREAMING
Las bondades del streaming siempre fueron una puerta de fácil acceso para los seguidores de Shogun. Si bien ahora está gran parte del catálogo del proyecto disponible en Spotify, incluso con recopilaciones que no se consideran oficialmente álbumes de estudio como «Relámpagos» (1992) o «Solnegro, 1996-1997» (1997), además de los discos oficiales que vienen a complementar la discografía, como «El Brujo» (2010), Heyne siempre compartió material a través de Soundcloud y similares. También, con algo de búsqueda, no cuesta llegar a archivos que actualmente pueden considerarse «joyas», como videos de la presentación en vivo en Casa Conejo (2007) o parte de su presentación en Sala Master (2015), disponibles en YouTube.
El retorno de Shogun también significó un regreso al formato físico. Antes de eso, el proyecto fue liberando algunos singles que ya marcaban la pauta de un trabajo más grande y rico en elementos, donde las guitarras acústicas y un aire menos denso se lograban percibir. «Perro» se publicó en febrero del presente año y se presenta como uno de sus trabajos más completos. Contiene todo lo que la esencia del proyecto significa, pero con un sonido moderno, composiciones que a ratos bordean lo progresivo/experimental y colaboraciones que colorean de manera positivo el mundo dibujado por Heyne.
En tracks como «Atlántico» (que cuenta con Cer, voz de la banda Marineros) se siente un clímax compositivo que logra posicionar la guitarra acústica y un piano reverberante en total cohesión, con voces que se pierden en un eco y un arreglos sutiles pero que quedan marcados.
«Taniko» también es un punto alto, con la participación de Gepe y Koko mezclando guitarras acústicas, rap y una hecatombe electrónica que se transforma en neta experimentación en «Taniko$», con sonidos filtrados y beats potentes.
El cierre que da «La luz quedó prendida por siempre» marca una pieza llena de belleza marcada por un piano, la voz octavada de Heyne y un juego de batería progresivo que hace creer que se llega a un final, para sólo pasar a otro lugar en un cierre instrumental técnicamente alto, pero que no pierde el feeling en ningún momento.
El álbum estrenó recientemente su versión en vinilo, con una edición limitada editada por Disquería KYD a sólo 200 copias numeradas.

