«Something Beautiful»: Miley Cyrus abrazando fuerte la belleza del lado oscuro
Cuando escuchamos hace unos meses «Something Beautiful» (el single), y esa parte entrando de golpe como un terremoto disonante parecida a esa hecatombe industrial al mejor estilo Nine Inch Nails o el caos de Goodspeed You! Black Emperor, sumado a un faro incandescente de grandilocuencia progresiva y todos esos moods inquietantes, pudimos palpar que algo pasaba en el mundo sonoro de Miley Cyrus. Y que a sus 32 años, su inquietud musical está queriendo explorar más y más allá. Y varias cosas han pasado últimamente en su vida para que el cambio de paradigma ocurriera.
«Endless Summer Vacation», de 2023, ya venía con guiños a la neopsicodelia y momentos más «experimentales», considerando que Miley —sabemos— si bien ha abrazado el rock en su sentido más intrínseco, mutando hacia una especie de Joan Jett moderna con «Plastic Hearts», tampoco se había atrevido mucho más allá. Ese disco y el inicio de sus problemas vocales —incluido un edema de Reinke en su garganta y un pólipo en sus cuerdas vocales que se resistió a tratar quirúrgicamente— parecieron prepararla para algo más grande. Y vaya que lo consiguió.
«Something Beautiful» quizá no sea el mejor álbum de su carrera —o talvez es muy temprano para decirlo—, pero de que es el que se ha atrevido más, sí que lo es. Y, al parecer, no se preocupó tanto de colaborar con colegas del mundo del pop, sino más bien con gente que sabe desde las veredas del indie, el rock y lo alternativo. El resultado está a la vista, escucha y paciencia de los ciudadanos/as a medida que repasamos los tracks en que se abraza una oscuridad y temas personales que divagan desde un estado de ánimo a otro, quizás como nunca le vimos.
«La belleza que uno encuentra solo / Es una plegaria que anhela ser compartida», canta en el que quizá pueda ser el disco más poético, frágil y oscuro de Cyrus hasta la fecha.«End of the World» y «More to Lose» devuelven a la Cyrus a sus estados reconocibles, más personales y vocales, con lo que la ex Hannah Montana se ha hecho tan magnética y exitosa: su mezcla de actitud y dulzura, y una voz que pone los pelos de punta. Y si Lady Gaga se despachó algunos nuevos clásicos con «Mayhem», «More to Lose» vibra al ritmo de una Miley que ya se ha probado su corona entre tantas reinas del pop por sus matices imposibles y talento innato.
«Easy Lover» es la maravilla sensual R&B que mece las caderas de Miley, como coqueteando con el kraut y la locura avant-garde electrónica de los dos interludios que la sostienen. El disco no quiere soltar a la Miley de siempre, pero sí se deja seducir por las fuerzas oscuras de las que habla en sus letras, esa en la que, a veces, es bueno quedarse por un rato. «Walk of Fame» es una real pasada disco y cuenta con el apoyo de la gran Brittany Howard. Juntas encienden la bola de espejos, llegando a los seis febriles minutos y consagrándose como el tema más largo, con una extensión tan justificada como extasiada, que nos deja uno de los mejores pasajes dance del álbum. Y eso, sin contar que «Pretend You’re God» taladra tu cerebro mientras Miley explora la apatía de Lana del Rey en una oda de dolor y pérdida: «En mis sueños veo tu cara / Me golpea como mil trenes / No quiero despertar si te has ido».
El final nos condena a un paraíso/infierno trance/synth/dance junto al tema que interpreta con Naomi Campbell, «Every Girl You’ve Ever Loved» o «Reborn», hablando de despecho, despojarse del ego y el post-renacimiento. «Give Me Love» explora un paralelo mundo onírico inspirado en la pintura El Bosco con que se obsesionó y todas sus pequeñas referencias, y lleno de sintetizadores aletargados que parecen llamarnos a otra dimensión y que culminan de manera épica todo.
El resultado, con ribetes más y menos, es la versión más impresionante de Miley hasta la fecha.

