Supergrass en Chile: Un debut cómplice y salvaje

Supergrass en Chile: Un debut cómplice y salvaje

Fotos por Javiera Villaseca

Anoche en la Blondie después de tres décadas, la deuda de Supergrass con Chile fue saldada y con creces. Los de Oxford siempre se han caracterizado por ser una pieza disruptiva en el puzzle del britpop, pero con una mirada más juvenil, más fresca, y por fin podemos decir que vinieron a mostrar por qué a pesar del paso del tiempo hay quienes los esperaron con la paciencia y fidelidad de casi una vida.

Pasadas las nueve de la noche, cuando salieron a escena, quedó clarísimo que no iba a ser una velada quieta, por el contrario, en el ambiente se podía sentir esa ansiedad acumulada por años, cada rostro entre el público era un reflejo de esa larga espera. Gente de todas las edades llevaban en la memoria muchos años de música y recuerdos compartidos. También se podía divisar una que otra cara más joven, que probablemente descubrieron a la banda en alguna playlist random y se contagiaron de ese espíritu animal que ha hecho de Supergrass una alegoría casi obligatoria en lo que respecta a la música británica.

Con una quietud característica, Coombes saludó con una sonrisa antes de que “I’d like to Know” enterrara de forma definitiva su ausencia, los saltos y coros frenéticos de los asistentes se escuchaban con fuerza, y en general, ese vigor al recibirlos se mantuvo toda la noche, porque además de los “Supergrass, dale Supergrass” los bailes y las manos elevadas fueron una constante en la presentación.

Durante “Mansize Rooster” se vivió un momento de intensidad, de euforia total, y aunque el orden original del “I Should Coco” fue alterado, alternándose “Alright” por “Mary” del Supergrass, de todas maneras no hubo un solo momento de silencio en esa complicidad de la fanaticada con su banda. Y sí, demostraron que el conjunto británico sigue siendo una fuerza vital, como si no hubieran pasado treinta años desde 1995, que valía la pena estar ahí, en esa primera vez inolvidable. 

“She’s so Loose” fue otro de los puntos altos, y avanzamos hasta cuando un pequeño inconveniente en la acústica y los instrumentos frenaron por un rato “We’re Not Supposed To” momento donde fue evidente la ovación masiva que todos mostraban, y tras ese momento, por fin, nos explotó en la cara un éxito que es transversal a gustos musicales y época. Gaz preguntó ¿Cómo se sienten? ¿Se sienten bien? y todos sabíamos lo que venía: Poleras al aire, saltos llenos de ímpetu juvenil, un coro fuerte y contundente rebosado de esa alegría por el encuentro. 

 

Un concierto que sin duda nos dejó con una sonrisa en la cara, y que valió la pena desde el inicio a fin, la sensación era unánime, no se trató solo de venir a desempolvar viejos éxitos, se sentía más como esos momentos únicos donde recuerdas por qué comenzaste a amar la música en primer lugar, y Supergrass un jueves de agosto nos dejó con la certeza de que hay esperas que “nos hacen sentir bien” y que sí valen toda la vida.

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María Ignacia Cornejo

• lawyer • writer • music, books and films enthusiast ⊹✩‧₊˚.⋆。

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