The Big Dream: el álbum de rock experimental con que David Lynch despidió su (también surrealista) carrera musical
Fue tan reconocido por sus trabajos en el cine, televisivos y producciones que nos bombearon el cerebro una y otra vez que propusieron toda una revolución en los géneros: cine noir, thrillers sicológicos o films con tramas detectivescas donde verdaderos portales a otras dimensiones se abrían, que quizá esto opacó un poco una carrera musical de la que no muchos dimos cuenta en su abanico de posibilidades, que desde los años 2000, entregó algunos discos que más que la pena vale revisar.
Tratándose de Lynch, el universo musical fue amplio y por supuesto, experimental; pese a que tuvo algunos guiños cuando joven con el heavy metal fue seducido mucho más por el blues, el dream pop y llegó hasta expandirse a la electrónica y el post rock. Se secundó muy bien con cantantes femeninas y artistas de la talla de Karen O de Yeah Yeah Yeahs o la sublime voz de la cantautora Lykke Li.
«The Big Dream» de David Lynch es la culminación de todo eso y musicalmente su propia obra maestra que invita a un viaje psicoactivo a través de cada uno de sus temas. Lynch utiliza su guitarra y su voz impregnadas de reverberación para invocar ciertos estados de ánimo y colores que nos abren la puerta a ese mundo extraño poblado por arquetipos de personajes familiares para los fanáticos de sus películas. Publicado en 2013, este álbum es una continuación de su trabajo anterior «Crazy Clown Time» y presenta un sonido más refinado y coherente, pero no por eso menos sombrío y destapa-sesos. Así, los graves potentes y el twang resonante de “Star Dream Girl” te llevan a un estado mental muy específico en solo unos 30 segundos, mientras el vapor que emana de la guitarra y el balanceo de baile lento de “Cold Wind Blowin’” generan una sensación sexy e incómoda la mismo tiempo. Uno tiene la sensación de que, dados los intereses de Lynch y las herramientas que tiene a su disposición, The Big Dream fue probablemente una versión bien interpretada de lo que podría haber tenido en la cabeza, definitivamente el álbum que quería hacer.
La música de Lynch es difusa, no es fácil de catalogar, al igual que su trabajo fílmico. Una fusión de blues, rock y electrónica, con invitadas y su voz gangosa, creando un ambiente oscuro, misterioso y emotivo. Y es que es imposible no obtener auditivamente desde ahí su versión «cinéfila» de las cosas. Sus diálogos, su voz procesada a través de filtros y efectos, añade una capa adicional de complejidad a las canciones. “La mayoría de las canciones comienzan como una especie de jam de blues y luego vamos desviándonos a partir de ahí. Lo que sale es una forma híbrida y modernizada de blues de bajo perfil”, fue su propia sentencia del álbum.
El álbum cuenta con 12 temas, incluyendo una versión del clásico de Bob Dylan «The Ballad of Hollis Brown». Las canciones son una mezcla de ritmos lentos y melancólicos, con momentos de intensidad y energía. Y es solo una parte de su firmamento artístico que no tuvo límites ni para él mismo.

