The Chemical Brothers (DJ set) en Chile: El sólido regreso de los titanes del big beat
Fotos: Jerrol Salas
Tras más de una década de espera por fin pudimos volver a ver a los pioneros indiscutidos del big beat y arquitectos de algunos de los himnos de la múscia electrónica más emblemática de los noventa y los dos mil, quienes regresaban a Chile para seguir demostrando esa experiencia sensorial total., que se llevó a cabo en Espacio Riesco, con un Dj Set que convirtió a Huechuraba en un epicentro de beats, luces y memoria colectiva.
La previa estuvo a cargo de proyectos nacionales que asumieron la tarea de preparar el terreno y precalentar los decibeles del cuerpo de los asistentes. Love 00 y el dúo Aeróbica subieron la temperatura del recinto e hicieron la transición natural hacia lo que vendría. A medida que avanzaba la noche, el público comenzaba a soltarse. Había una mezcla generacional interesante en el recinto: quienes los escucharon en la adolescencia, quienes los descubrieron años después y quienes estaban ahí por primera vez, curiosos por presenciar a dos nombres que han marcado la historia de la electrónica.
A las 23:30 en punto, Nicolás Castro y Pepo Fernández comenzaron a hilar el cierre de la antesala con un guiño inmediato a la pista: “Lady —Hear Me Tonight” de Modjo. El público respondió al instante, había llegado el momento del plato fuerte. La canción funcionó como puente perfecto entre la nostalgia noventera y el presente. Y entonces, casi sin pausa, el ambiente se transformó. Las luces bajaron, el pulso cambió y Ed Simons y Tom Rowlands tomaron el control.
El dúo británico desplegó un viaje. Un relato construido a partir de capas, de sampleos propios y ajenos (Temptation de New order por ejemplo) de texturas que parecían superponerse como si estuvieran diseñadas para envolver al público. Lo interesante fue que no se trató simplemente de tocar “los hits”. Hubo relecturas, variaciones, momentos en que un tema parecía reconocible, pero se transformaba en otra cosa. Esa capacidad de jugar con su propio catálogo, de deconstruirlo y reconstruirlo en vivo, es quizás una de las razones por las que siguen vigentes.
El despliegue visual estuvo a la altura. Lásers que cruzaban el recinto en patrones geométricos, visuales hipnóticas proyectadas en pantallas gigantes y una sincronización precisa entre beat y luz que convertía cada drop en un estallido colectivo. Los graves golpeaban con contundencia, casi como una segunda frecuencia cardíaca compartida entre cientos de personas. “Star Guitar” fue uno de los primeros momentos de reconocimiento masivo. Apenas comenzaron los acordes, un murmullo recorrió el lugar y se transformó rápidamente en celebración.
Lo mismo ocurrió con “In Dust We Trust”, que llegó con una energía más cruda, más directa, encendiendo una pista que ya estaba completamente entregada. Y hacia el cierre, “Galvanize” funcionó como un golpe certero. Ese “Don’t hold back” retumbó como un mantra colectivo. Cuando llegó el turno de “Hey Boy Hey Girl” la reacción fue inmediata ante las primeras secuencias. Las luces estallaron, los lásers dibujaron líneas verdes sobre el humo y el público pareció transformarse en una sola masa en movimiento. Por un instante, la sensación fue la de estar dentro de ese videoclip icónico donde todos se convierten en esqueletos danzantes. Era imposible no sonreír. Era imposible no saltar. Fue uno de esos momentos en que el tiempo se suspende y la música lo ocupa todo.
El regreso del dúo a Chile también tiene un componente simbólico. Once años en la música electrónica son una eternidad. Las tendencias cambian, los subgéneros aparecen y desaparecen, los nombres se renuevan. Sin embargo, hay proyectos que logran trascender esa lógica. The Chemical Brothers pertenecen a esa categoría. Son parte de una generación que definió el sonido de una época, pero que además supo adaptarse sin perder identidad.
Por Javiera Villaseca



