This Will Destroy You en Chile: Un trance íntimo y punzante
This Will Destroy You (TWDY) se presentó por segunda vez en Chile luego de su primera visita en 2017; una banda recargada a un shoegaze intenso y abrasivo que supo encantar a su público la noche de este 28 de enero en el Club Chocolate.
El cuarteto oriundo de San Marcos, Texas, brindó un espectáculo íntimo, hipnótico y cautivador con un setlist que repasó las obras más clásicas de su repertorio, lo que dejó de lado en su totalidad las obras contenidas en su más reciente placa Vespertine (2020)
El preludio de TWDY estuvo a cargo de Laktik, artista que a eso de las 20.00 hrs. presentó su trabajo; propuesta synthwave creada por Lucas Soffia. Un sonido vintage con colores y texturas ochenteras, pero que se siente fresco y estimulante.
Telonero cuya posta fue tomada por Jesse Beaman; músico estadounidense abocado al rock ambient experimental. Su música se equilibra mediante el uso de sintetizadores, una caja, un timbal y un crash que son usualmente percutidos con plumillas en lugar de baquetas. Intenso y lisérgico, su música no hizo más que poner a tono a un público que de a poco ya llenaba el lugar.
A eso de las 21.40 aproximadamente TWDY ya estaba en el escenario con una actitud apacible y atenta a los detalles de sus instrumentos. Una vez chequeado todo y sin mayores introducciones comenzaron a sonar las primeras notas de “A Three Legged Workhorse”, uno de sus temas más reconocidos. Obra que fue seguida por la etérea “Villa del Refugio”.
La música de TWDY se percibe como una atmósfera intensa e inmersiva. Un sonido apegado al ambient y al shoegaze, donde la distorsión y rugosidad de las guitarras sostienen una experiencia que puede llegar a ser catártica si el oyente está en plena sintonía con la propuesta. Sonidos profundos y graves que son matizados por los elegantes acordes de Jeremy Galindo, líder de la banda y también por los acentos del baterista, quien a ratos utilizaba macetas en lugar de baquetas, para así darle un énfasis más pesado y sideral al sonido de los platillos.
Los momentos de mayor complicidad en el show se vivieron con canciones como “The Mighty Rio Grande” o la intensa abrasión de “The World Is Our”. El público también fue transportado a otra dimensión con la guitarra de “They Move On Tracks of Never Ending-Light”.
En los momentos de mayor explosión los integrantes del cuarteto también eran absorbidos por sus instrumentos. Los últimos compases de “Burial On The Presidio Banks” tenía a la banda entregada a dar lo mejor de sí; sus cuerpos saltaban y se retorcían mientras mantenían a fuego y en marcha las notas finales de la canción. Un espectáculo estrambótico y catártico que solo se entiende si se comparte esa pasión por la música.
A falta de letras para corear y cantar el público parecía estar en un trance meditabundo a ratos. Una actitud litúrgica donde cada quién absorbía las frecuencias de la banda a su modo. La atención y respeto percibido fue mutuo. El mismo Jeremy Galindo hizo un escueto comentario al respecto en la única ocasión en que se dirigió al público: “Son un público increíble” (“You are such an amazing crowd”). Respeto que se reforzó una vez finalizado el show cuando los mismos miembros de la banda estuvieron compartiendo en el sector de venta oficial de merchandising dentro del recinto.
El final del show estuvo a cargo de “Little Smoke”, canción pesada, melancólica y de transiciones largas que en vivo es acortada, pero que no deja de durar alrededor de ocho minutos. Minutos en que la entrega de los fanáticos era total. El meneo repetitivo y cancino de cuerpos y cabezas fue una imagen poderosa donde la banda tuvo el control total de la situación, cual flautista de Hamelín, hicieron verdadera magia con su música. Una canción que se deformó totalmente hacia el final gracias a unas guitarras ahogadas por el manejo de los pedales de efectos. Una reverberación ácida que junto al bajo y la estridencia aletargada de la batería mantuvo un aura ceremonial y catártico.
This Will Destroy You te sujeta y no te suelta hasta el final. Una banda cuya música te imbuye en una serie de atmósferas etéreas y prístinas sostenidas por una guitarra reconfortante que funciona como un colchón sonoro. Sus frecuencias inundan el espacio y lo transforman en una liturgia del shoegaze. TWDY es capaz de sostener con firmeza esta aura inmersiva. Transiciones intensas y muy largas sumado a la falta de letras o estructuras musicales más convencionales hacen que TWDY sea un proyecto contemplativo que busca interpelar esa fibra íntima en cada uno de nosotros.





