Thornhill: Desde Australia bateando etiquetas y comparaciones

Thornhill: Desde Australia bateando etiquetas y comparaciones

Hubo un momento en que hablar de Thornhill era apuntar directo a The Dark Pool. El debut de 2019 se convirtió rápidamente en uno de los discos fundamentales del metalcore moderno, una obra que elevó a los australianos desde la escena local hasta meterse en la conversación internacional dominada por nombres como BMTH, Bad Omens o sus coterráneos Parkway Drive. Para muchos sigue siendo su trabajo definitivo, pero la historia de Thornhill se volvió mucho más interesante cuando decidieron no repetirlo. Y también desmarcarse de ciertas compraciones y etiquetas. 

Con Heroine (2022), la banda tomó un camino que no estaba en el mapa. Las comparaciones con Deftones aparecieron de inmediato, aunque detrás de ellas había algo más profundo: Thornhill comenzaba a desprenderse de las estructuras tradicionales del metalcore para explorar texturas, atmósferas y una forma más emocional de construir canciones. Con groove, sensualidad, influencias noventeras y una obsesión evidente por la estética cinematográfica. El disco dividió opiniones, pero terminó siendo un paso necesario para encontrar lo suyo, el elixir de su esencia alternativa. 

Ese proceso alcanzó su punto más sólido con Bodies (2025), un álbum que terminó de consolidar la transformación del grupo y que además les valió el premio ARIA al Mejor Álbum de Hard Rock o Heavy Metal. Más importante aún, confirmó que Thornhill ya no estaba interesado en encajar dentro de una etiqueta específica.

Según el propio Jacob Charlton, la banda decidió dejar de pensar en cómo debía sonar Thornhill y concentrarse simplemente en crear música que los representara en ese momento. El objetivo era silenciar las expectativas externas y también las internas. Ya no importaba si una canción era metalcore, shoegaze, alternativa o pesada. Lo importante era capturar una emoción auténtica.

Al menos el camino hacia esa libertad se siente a lo largo de todo Bodies. La agresividad de «DIESEL» y «Revolver» convive con las melodías expansivas de «Silver Swarm», la melancolía de «Only Ever You» y la intensidad emocional de «Obsession». Más adelante aparecen piezas como «CRUSH» o «For Now», donde la banda incorpora elementos cercanos al rock alternativo, el shoegaze e incluso ciertos matices pop sin perder peso ni personalidad.

 

 

Y aunque las comparaciones con Deftones siguen siendo inevitables, Bodies demuestra que Thornhill ya está jugando en un terreno propio. Hay ecos de la escuela alternativa de los noventa, de bandas como Hum, Failure o incluso el lado más atmosférico de Nine Inch Nails, pero todo aparece filtrado por una sensibilidad contemporánea que evita caer en la simple nostalgia.

La evolución también se refleja sobre el escenario. Tras años de giras internacionales y una creciente presencia fuera de Australia, Thornhill ha desarrollado una reputación como una de las bandas más sólidas de la nueva generación del metal moderno. La confianza que transmiten hoy en vivo es la misma que se percibe en sus discos: una banda que ya no está buscando aprobación, sino expandiendo sus propios límites.

 

 

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