2×1: “Renegades of Funk” Afrika Bambaataa vs. Rage Against the Machine

2×1: “Renegades of Funk” Afrika Bambaataa vs. Rage Against the Machine

En la historia del rap, Afrika Bambaataa tiene su nombre grabado a fuego. Desde mediados de los 80, llevó una antorcha revolucionaria que configuró al estilo nacido en los suburbios de New York. El denominado “padrino del hip-hop”, a medida que música y tecnología avanzaban hacia la era digital, rescató la esencia análoga y se dejó influenciar por la electrónica, el dance, el funk y el freestyle; guiando, de paso, a la prominente generación negra de emcís del Bronx.

Fue durante su primera cruzada, junto a su grupo SoulSonic Force, que editan el single ‘Renegades Of Funk’ en 1983 (y que luego aparece en el LP Planet Rock de 1986). Una canción que mezcla con una técnica aún amateur y en estado exploratorio, música y letra. Una especie de vanguardia suburbana que dejará positivas secuelas.

‘Renegades of Funk’ es una fusión ecléctica de ritmos altamente electrónicos –orientados por el productor Arthur Baker-, percusiones funk y el explosivo rapping de G.L.O.B.E., además del soporte R&B y afrobeat de las canciones sampleadas ‘Message From A Black Manby’ (The Temptations) y ‘Weyaby’ (Manu Dibango). Una mezcla sorprendentemente atípica para la época. A esta moderna propuesta se le llamó electro-funk (o hip-hop robot), y fue, según los entendidos, una llave maestra para el devenir del rap y todas sus derivaciones. Una prueba que no había límites para la composición desde las tornamesas.

Pero además, esta es una canción con alma. Afrika tuvo una gran incidencia en la formación y desarrollo de varios movimientos sociales que trabajaron contra el racismo y la violencia. Para él, todo el pueblo afrodescendiente era luchador y sobreviviente al status quo yanqui. Ese punto de vista político, lo fusionó con las rimas del rap, y escribió un manifiesto sobre cómo ha sido la historia de los pueblos oprimidos, enfatizando y apremiando a los líderes revolucionarios de EE.UU., desde el jefe indio Toro Sentado al activista Malcolm X, desde Thomas Paine a Martin Luther King. Todos eran los renegados del funk.

17 años después, la historia parece no haber cambiado mucho. La ola de violencia racial se incrementó estrepitosamente durante los 90 en el gran país de norte. Junto con ello –y cómo no-, las protestas de un pueblo que no cesa de defender sus derechos humanos y civiles. A su lado, los nuevos renegados de fin de siglo también tendrán a un portavoz mucho más ruidoso e incendiario que el mismo Bambaataa, desde la misma trinchera de la música.

Venidos de la costa oeste, Rage Against The Machine encarnó literalmente la rabia contra la máquina, siendo ésta la representación de todas las desigualdades sociales en la tierra madre del capitalismo y el racismo. Durante toda su carrera han abrazado la canción social, con una postura política tan clara como desafiante. Por eso, no resultó extraño cuando en el 2000 se “apropiaron” de este clásico del hip-hop y lo hayan transformado en una descollante canción protesta, y a su vez, en su carta de despedida, luego de su primera separación.

Perteneciente al disco Renegades, que compila una serie de covers de todos aquellos músicos que ayudaron a construir el sonido de RATM, y muy en la línea de sus acciones de confrontación, la banda liberó el single el mismo día de las elecciones presidenciales de EE.UU.: el 7 de noviembre de 2000, donde competían Bush vs. Al Gore. Una acción provocadora, casi anárquica.

Y tan poderosa como aquella manifestación, el sonido de esta nueva versión no tiene parangón con la original. Si bien es cierto, la composición de Afrika y SoulSonic Force es el prototipo de un sonido nuevo, lo de RATM es la maqueta final consolidada. Si bien no es una de sus mejores canciones, sí es uno de los mejores covers logrados. El trabajo fue de relojería, en la comparación con su original. Su espíritu de rescatar el funk y de filtrar todo lo techno hacia su power rock marca registrada fue la mejor decisión y su mejor propuesta. El protagonismo de la centellante línea de bajo de Tim Commerford, que intenta desgarrarnos nota a nota, mientras el subcomandante Zack de la Rocha hace su mejor rol de emcí, apropiándose del relato y saliendo airoso en el intento, hacen toda la canción. Las percusiones de Brad Wilk se van intercalando con la línea de ‘Apache’ (canción de la Incredible Bongo Band), cumpliendo la tarea, al igual que Tom Morello creando malabares con su guitarra, jugando con las cuerdas y sus efectos para emular los scratch de una tornamesa, sin dejar de lado sus efectivos riffs que dispara como cañón en el estribillo.

Además de rendirle tributo a Afrika Bambaataa, ‘Renegades Of Funk’ se transforma en la declaración de principios de RATM, en un homenaje a todas sus influencias. Un epílogo digno de una banda que siempre ha propuesto debate, que uso la canción como arma de protesta. Por eso uno entiende que hayan querido mostrar a todos los luchadores sociales que los ayudaron a entender la sociedad y que enfrentaron al sistema en su videoclip. Activistas, ideólogos, músicos. Revolucionarios. Martin Luther King, Muhhamad Alí, Angela Davis, Gil Scott-Heron, Curtis Mayfield, James Brown, Mummia Abu-Jamal, Che Guevara, Kurtis Blow, Run-DMC, Malcolm X, Huey Newton, Beastie Boys, Public Enemy, NWA, Big Daddy Kane… todos van pasando e intercalándose en una serie de imágenes que se mezclan con la acción insurgente de un anónimo protestante que va dejando distintos mensajes grafiteados sobre las paredes.

En sus primeros días, el hip-hop era frecuentemente amenazado con su extinción, tanto por censores como por críticos musicales alérgicos a este marginal estilo. Pero Afrika Bambaataa y su gente ayudaron a que el rap sea algo más que una rima callejera: a que se transforma en una cultura que, sin pretenderlo, un día se cruzó con el rock, y que gracias a eso podemos oír a Rage Against The Machine. Quizás, desde el principio la tenían clara: “No matter how hard you try, you can’t stop us now” (“No importa lo que hagan / Ya no pueden detenernos”).

Por César Tudela B.

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