All Them Witches – «House of Mirrors»: Reinventarse para no morir
El regreso de All Them Witches con «House of Mirrors» marca un punto de inflexión crítico en su carrera. Tras seis años sin editar un álbum de estudio y al borde de la separación en 2024 debido a la salida de su baterista fundador, Robby Staebler, la banda de Nashville entrega su séptimo trabajo de larga duración. El disco no solo presenta al nuevo baterista Christian Powers, sino que consolida el regreso del multiinstrumentista Allan Van Cleave, logrando un sonido notablemente más maduro, directo y aterrizado.
A diferencia de sus trabajos anteriores, caracterizados por largas e hipnóticas improvisaciones psicodélicas, este álbum de 10 canciones y 43 minutos de duración se enfoca en estructuras más cortas y directas, donde solo una canción rebasa los seis minutos. Quizá esto sea un reflejo del periodo en que la banda estuvo tocando en vivo con Powers antes de entrar al estudio.
Bajo la producción de Eddie Spear —a quien los miembros del grupo alaban constantemente por lograr un sonido cohesivo, pese a las diferencias en el material—, el álbum fue grabado en el Blackbird Studio de Nashville, uno de los recintos más exitosos y buscados dentro de la emblemática industria musical de esa ciudad.
Durante todo el disco hay cierta reducción de sus excentricidades pasadas para abrazar un enfoque más crudo, influenciado por el blues tradicional, el bluegrass, el folk y, por supuesto, el doom/stoner. El álbum abre con «Red Rocking Chair», una pieza tradicional de bluegrass que el grupo transforma en un tema más denso y oscuro, lleno de riffs pesados. Según explicaron Ben McLeod y Charles Michael Parks Jr. en una entrevista exclusiva para Consequence, la banda solía tocar música tradicional durante sus primeras giras en cualquier oportunidad que tuvieran para sostenerse. McLeod compuso el riff con la intención deliberada de que Parks cantara esa letra encima, logrando una declaración de intenciones que define la dinámica del disco: el contraste constante entre momentos acústicos y explosiones de stoner rock.
Esta fórmula se repite con éxito en «Starting Line», donde la instrumentación folk convive con un coro pesado y contundente. El corte funciona como la «hermana» conceptual de «Culling Line»; mientras que en esa pieza se habla de desechar lo que ya no sirve, en «Starting Line» se aborda la búsqueda del equilibrio entre la autopreservación y la vanidad.
Aunque todo el disco es consistente y de gran calidad, hay canciones que sobresalen por cómo la incorporación de Christian Powers en la batería revitaliza el sonido del grupo sin destruir su identidad. Es el caso de «Aethernet», una pieza que mezcla con claridad el blues clásico y un sonido moderno que hubiera encajado perfectamente en la banda sonora de la película Sinners. Por su parte, «Turn the Light On» es un corte que inicia con una estructura casi pop y accesible para luego mutar hacia un final de doom pesado, guiado por los cambios de tempo impuestos por Powers. Asimismo, la dinámica frenética de «Hold Up, Say What?» demuestra el valor del regreso de Van Cleave en las teclas y el violín, quien aporta diversas capas que expanden el panorama sónico sin saturarlo.
En la voz, Parks Jr. mantiene su entrega habitual: una interpretación melancólica y reflexiva que huye de las grandes estridencias. Las letras del álbum giran en torno a temas complejos como el desapego, el viaje de dejar el hogar, la carga del conocimiento y la resistencia a los roles ficticios que el mundo impone al individuo. Esta faceta introspectiva destaca en «Go-Getter», un tema minimalista que prescinde de baterías, y que el grupo decidió mantener así por la sensibilidad y rareza que transmitía. A esta línea se suma «The Welterweight» —titulada en honor al abuelo de Parks, quien fue campeón de boxeo en Alabama—, una canción que sugiere una pelea constante entre el individuo y las vicisitudes de la vida.
El álbum cierra de forma espléndida con «Saturn Song», donde las guitarras de McLeod dejan espacios amplios para que se desarrolle el ritmo. Incluso, a través de sus notas, los músicos nos dejan una recomendación al comentar que su inspiración directa fue el sonido sutil y expansivo de Real Emotional Trash, disco de Stephen Malkmus & The Jicks.
House of Mirrors demuestra que All Them Witches es una banda capaz de reinventarse ante la adversidad. La pérdida de un miembro clave no mermó su capacidad creativa; al contrario, los obligó a refinar su propuesta y a entregar un álbum maduro con un sonido más directo que reafirma su posición como uno de los nombres más relevantes del rock underground estadounidense.

