Disco Inmortal: System Of A Down “Toxicity” (2001)

sprNZ

El inicio de la década de los 00’s de alguna forma necesitaba una especie de recambio en cuanto a orden musical en el espectro rockero. Si bien toda la movida aggro había causando bastante revuelo y se patentó como “lo nuevo que estaba pasando” desde finales de los noventa, teniendo como ejemplares pioneros a bandas como Korn y Deftones, ya para el inicio de la década que marcó el cambio de siglo venía algo de capa caída y no presentando cosas muy interesantes, en muchos casos sólo tratando de reinventarse, pero sin grandes resultados, y en otros casos reformulando musicalmente sus propuestas. El caso de System of a Down y el disco que celebramos en este texto es el que claramente marcó una diferencia.

Ellos ya habían tenido un auspicioso debut con su homónimo en 1998, un disco imponente, pesadísimo y con fresco sonido, que sirvió de paso para que empezáramos a degustar de esta interesante propuesta brutal que mezclaba elementos del punk más duro, con el metal sabbáthico, algo de folclore y lírica de sus raíces armenias y con el factor locura como premisa todo el tiempo. De hecho, ellos fueron parte fundamental de lo que se denominó numetal pero con “Toxicity” las cosas iban a ir más alla.

Al igual que ese debut contó con la tutela en la parte de producción del gran Rick Rubin, hombre fundamental para aprovechar el potencial de la banda y lograr plasmar todo ese sonido tal como hoy lo conocemos. Para qué vamos a entrar en detalles de lo que Rubin ha significado al mundo del rock y metal contemporáneo, sólo mencionar que su gran talento es tener un ojo infalible al momento de escoger las bandas para trabajar, siendo ésta una de sus grandes obras del último tiempo.

Si bien “Toxicity” mantuvo esa brutalidad y locura que los caracteriza, acá la senda del grupo iba puliéndose para empezar a marchar en otras direcciones, desmarcándose claramente del nicho del nu-metal, en este caso la experimentación, fusión y los brillantes encuentros de sonidos de diversa índole en pos de una mejora de su propuesta fue lo que sin duda inmortalizó este álbum.

El primer bombazo llega de inmediato, los riffs de tiempos distantes de su entrada nos machacan la cabeza de una con ‘Prison Song’, sumados a las vociferaciones de Serj Tankian demandantes  e intimidantes,  una canción muy crítica sobre el sistema carcelario estadounidense, como replican salvajemente durante toda su duración, acusando al gobierno principalmente como el responsable del incremento de su población carcelaria manipulando la condena por uso de drogas en la juventud, claramente el primer dardo letal contra el sistema y musicalmentente un acertadísimo primer track.

Pero lo que se empieza a desencadenar luego sería agresivamente genial, ‘Needles’, que sigue con la temática de las drogas, desata una furia incontenible, los coros llenos de melodías con esencias armenias, otro gran plus de esta banda, que de alguna forma hace una versión brutalizada al máximo de su propio folclore al momento de cantar. ‘Deer Dance’, una lluvia de riffs disonantes y demoledores, denunciando brutalidad policíaca hasta por los poros. Con ‘Jet Pilot’ nos detenemos ante una especie de hardcore death con una marcha esquizofrénica, conteniendo un coro repetitivo pero contagioso a no dar más. ‘X’ brilla por sus ritmos pasando de riffs sabbathicos con un cuidado ajuste entre guitarras y batería para después desenvolverse con una locura y melodía que te sorprende a cada instante, más aún sumándole las guturales intervenciones de Tankian, es una canción que va y viene pero te mantiene atento y muy despierto a todo momento, cómo no.

“Toxicity” será recordado eternamente por estar enlazado en fechas con el atentado a las Torres Gemelas en Estados Unidos (se lanzó una semana antes), la polémica llegaba de la mano de ‘Chop Suey’, canción que claramente habla del suicidio, publicada en un momento de mucha sensibilidad para el pueblo norteamericano, fue censurada de algunas estaciones radiales, pese a que a lo que apunta la canción no tiene mucho que ver con el gigantesco ataque, pero sin duda era SOAD, una banda de integrantes con raíces armenias, y en medio de la inseguridad con que quedó el estado americano en esos días, hizo que más de alguna entidad gubernamental los tuviera ahí entre ceja y ceja; pese a esto, no hay que ser injustos, el single es una canción enorme y todo un himno ya a estas alturas, la inclusión de mandolinas y su estremecedor coro, dentro de toda esta ambigüedad de sonidos que ofrece, la encumbra dentro de una de las canciones más originales de nuestra época. Del nombre algo se dice que es un juego de palabras al momento de escuchar el coro “…my…self right CHOP SUEYcide…”, ya que inicialmente se iba a llamar ‘Suicide’, pero se desistió de aquello.

La fiesta sigue y qué mejor que otra locura de proporciones como ‘Bounce’, donde Tankian parece un pollo con sus vociferaciones y gritos, todo bajo una densidad punketa y unos riffs de parte del brillante Daron Malakian que se tornan sicodélicos, un brutal y lúdico momento del disco. La genial ‘Forest’ goza de un sabor efervescente con ese magnífico coro como para cantarlo a todo pulmón: “Why can’t you see that you are my child, Why don’t you know that you are my mind, Tell everyone in the world, that I’m you,Take this promise to the end of you.”

Si nos fijamos bien, cada canción tiene su razón de ser, donde las composiciones están puestas quizá como piezas de rompecabezas perfectamente, ‘ATWA’, refiriendo a esta especie de acrónimo acuñado por Charles Manson y su propuesta ecológica (“Air, Trees, Water, Animals and All The Way Alive”) suena en tono de balada pero tiene la rudeza característica del disco, el coro es simplemente cautivador. El factor melódico en este caso mucho mejor trabajado que su debut. ‘Science’ suena de alguna forma como ya hecha antes, como que tiene esa cosa algo revival, pero es una canción completamente original y nutrida de severos efectos que continúan por la defensa del medio ambiente.

‘Shimmy’ y sus orientaloides compases siguen este grito de guerra declarada que es lo que representa este álbum, el cual simplemente no da tregua alguna y canción tras canción nos deslumbra cada vez más. Lo de ‘Toxicity’ no viene más que a reconfirmarlo, una canción poderosa desde cualquier punto de vista, teniendo a John Dolmayan muy efectivo y con mucha propiedad en la batería, para ir dando paso a una genialidad melancólica en las cuerdas de parte de Malakian y para dar el triunfante paso a Serj Tankian y esos inolvidables coros, la toxicidad a la que  se hace referencia, nuevamente pasando por el tópico ecológico, pero acá de la forma más drástica, casi apocalíptica, enlazando con lo que la radiación puede llevar a convertirnos aludiendo al exterminio de nuestra raza “Somewhere between the sacred silence and sleep” (“En algún lugar, entre el silencio sagrado y el sueño”), también de paso haciendo el juego con la idea que el disco nos quiere mostrar, un disco de denuncia, rechazo, que expone al sistema, ese paralelo artístico de la portada con la clásicas gigantografías de las letras de “Toxicity” con Hollywood, habla de la que para muchos es esa ciudad, donde el glamour y el estrellato son su parte bonita que aflora hacia el mundo, pero que esconde mucha corrupción y decadencia al mismo tiempo.

‘Psycho’ le hace honor a su nombre, otro demencial despliegue de poder, pero que esta vez tiene un freno emotivo que rodea el mundo del abuso de drogas en las groupies, luego ‘Aerials’ llega como si no hubiésemos escuchado toda la maravilla que este disco nos ofrece, una genial y emotiva canción, si ‘Spiders’ en su primer disco nos había conmovido totalmente, esta es su versión remozada y más ambiciosa musicalmente. Luego “Arto”, esa pista oculta tribal-étnica viene a sellar esta increíble placa.

No es extraño que por muchos medios haya sido elegido como el disco de la década, si partíamos hablando de que el rock necesitaba un recambio creemos fehacientemente que con System Of A Down lo encontró, más aún con este disco. Si Nirvana sacudió e iluminó al mundo con su magistral “Nevermind” en los 90’s, claramente SOAD encontró su propio “Nevermind” con su poderoso “Toxicity”, un disco que incluso tuvo mucha rotación radial y en cadenas de líneas musicales inesperadas, lo cual logró que la banda se hiciera muy popular, pese a ser un álbum con mucho de death, thrash y hardcore de las más viejas escuelas de lo underground, el hecho de conjugar todo eso con brillantes melodías y una incendiaria propuesta resultó enmarcarlo ahí, dentro de los grandes y más poderosos discos con los que contamos hasta nuestros días.


Patricio Avendaño R.

2×1: “Hard to Handle” Otis Redding vs The Black Crowes

Un héroe del soul con todas sus letras es en lo que se convirtió con el tiempo Otis Redding, uno de los grandes del estilo, su voz lo encumbró tanto como para llevar merecidamente el título de “King of Soul”, y es que no solamente jugaba con lo agraciada de su voz, sino que también su talento introducía claramente variados ritmos que eligió él y su banda para musicalizar su propuesta muy innovadora en aquellos sesenteros años. El recordado músico de color apabulló a todos cuando se supo de su lamentable muerte el 10 de diciembre de 1967, en un terrible accidente en un avión muy sobrecargado en Lake Monona, en las afueras de Madison (Wisconsin),  y a tan sólo minutos de llegar a destino, lamentable hecho que pudo haberse evitado perfectamente, incluso advertencias hubieron debido a un clima que se veía muy desfavorable para viajar, pero Redding  y su banda, los Bar-Keys, hicieron caso omiso.

La pena y el sentir generalizado cubrieron toda América y varias partes del mundo, desde donde admiraban la corta pero brillante carrera del cantante, más aún cuando debido a su gran carisma y humilde personalidad se había hecho muy querido. Fatalmente una de las más grandes voces del soul se apagaban, voces que iluminaron la época dorada de los 60’s como Marvin Gaye y Sam Cooke , también éstos muertos por trágicas causas en distintas épocas.

Pero el material que facturó Otis Redding dio para muchos lanzamientos póstumos, temas brillantes, uno de ellos es justamente el que nos cita, la gran ‘Hard to Handle’, que tenía esa cadencia soul rocanrolera, lo cual era una de las grandes potencias del músico de color, no sólo contaba con una esplendorosa voz, sino que sabia enganchar todo ese soul que afloraba espontáneo con una instrumentalización para nada aferrada a un solo estilo. Acá la gran versión original, para muchos insuperable hasta el día de hoy:

 

Innumerables versiones ha tenido este tremendo clásico, pero no cabe duda que una de las que realmente deslumbró fue la de The Black Crowes, parte de su gran debut “Shake Your Money Maker” de 1990. Realmente fue un disco que apareció cuando menos nos lo esperábamos, en medio de la explosión del rock alternativo y el grunge y haciendo esta remozada fusión revival de soul, rock’n roll, rhythm and blues y hard rock muy zeppeliana, pero también que tuvo mucho de los grandes hombres del soul y tomó cosas del blues claramente.

Esta canción sin duda es la que pudo identificar a niveles más masivos la música de estos cuervos negros, pero la verdad es que lo que empezaron a cimentar desde ahí en adelante haría olvidar que fue un cover el que los catapultó a la fama, y por otro lado es uno de los mejores covers no sólo de esta canción , sino que nos atreveríamos a decir que de la historia del rock. Tiene mucha más agilidad, la moderniza al 200 %, pero al mismo tiempo mantiene la tremenda onda con que fue concebida, a disfrutar:

Por Patricio Avendaño R. 

 

Opinión: ¿Qué te pasó, Maynard?

Conocí a Tool por allá por el año 2000. En ese entonces era “chica aggro” y solía escuchar con regularidad y fanatismo a grupos como Deftones y Korn. Fue precisamente viendo un especial de MTV de estos últimos que, por pura coincidencia, me encontré viendo el video de “Stinkfist” (“Ænima”, 1996) y preguntándome de qué galáctea venía esa huevada. Era demasiado bueno para ser verdad. Ese mismo día, recuerdo, intenté buscar en Napster (sí, así de añejo es lo que estoy contando) la canción del video que había visto, pero no podía encontrarla debido a que -¡oh, sorpresa!- en MTV habían censurado el nombre de la canción, titulándola “Track #1”. Buscando por aquí y allá en Altavista (SÍ, ASÍ DE AÑEJO ES LO QUE ESTOY CONTANDO), finalmente di con esa canción y muchas más. Conocí más del grupo, su biografía y los discos que tenían. Me centré en la figura de Maynard James Keenan (vocalista), una figura tanto enigmática como enfermiza, un tipo que era capaz de salir a cantar al escenario cuasi en pelotas vestido con un sostén y calzoncillo. Un tipo raro. Interesantemente raro.

En esa misma época salió “Mer de Noms” (2000), el primer disco de A Perfect Circle, grupo en el cual Keenan también era vocalista. “Judith” -el primer single de dicho disco- fue un mega hit, que pasaba frecuentemente tanto por la radio como por los canales de música del cable.

En esa misma época -en pleno apogeo del aggrometal- salió “White Pony”, el tercer disco de Deftones, un disco con momentos brillantísimos, siendo a mi parecer uno de los más notables el track “Passenger” donde, cómo no, aparecía Maynard James Keenan en las voces. Mi fascinación por él -sumado a que en ese tiempo andaba terrible engrupida con el aggro- hizo que amara de manera desmedida esa canción, que hasta el día de hoy sigue siendo una de mis favoritas de ese disco.

Frente a estos variados estímulos me fui fascinando con la figura de Keenan y su propuesta musical. Pero esa fascinación y respeto que sentía por cada uno de los proyectos o colaboraciones en los que estaba involucrado Keenan se fue desvaneciendo. Y todos sabemos que cuando a uno le deja de gustar un grupo o solista puede ser por dos cosas: 1) simplemente encontraste música mejor o tus gustos fueron cambiando; y/o 2) porque el grupo o solista se fue a la mierda. Y con Maynard James Keenan, intuyo, me debe haber pasado un poco de cada una.

Keenan gozaba de un respeto musical bien ganado, porque lo que estaba haciendo tanto con Tool como A Perfect Circle eran propuestas novedosas y musicalmente potentes. Recordemos que ya en el 2001 fue que Tool sacó lo que es, desde mi modesto punto de vista, el clímax de su carrera: “Lateralus”. Un disco que, rozando la perfección, profundizaba una volada mística extrañísima que ya se anticipaba desde “Ænima”. Buscando en internet me encontré con páginas enteras dedicadas exclusivamente a explicar los múltiples y recónditos significados de las canciones de esos dos últimos discos, llegando incluso a plantear que éste estaba pensado para ser escuchado en otro orden, y que en realidad había que cambiar de orden las canciones porque la letra de Schism decía que así había qZZzzZZZzzz. Algo que desde mi perspectiva actual me parece una reverenda paja, pero que en ese entonces generó en mi aún más fascinación por las letras y el imaginario de Tool, cayendo ya en el fanatismo declarado.

Pero algo pasó desde el año 2003 en Maynard James Keenan. No sé si fue la repentina sobreexposición producto de su trabajo con A Perfect Circle y de lo bien recibido de “Lateralus”  o simplemente que, al sentirse reconocido, tomó otra actitud frente a lo musical, pero, con todo respeto, Keenan se fue a la mierda. Ese año precisamente salió “Thirteenth Step”, disco que, aunque contaba con algunas modificaciones en su formación, conservaba lo sustancial (el genio creativo de Billy Howerdel y el talento lírico y vocal de Keenan), y que vino a consolidar el grupo y a hacerlo algo más que un proyecto pasajero.

Es en ese mismo disco -que, por cierto, es maravilloso- que ya notaríamos actitudes extrañas en Keenan. Por ejemplo: ¿han visto el video de The Outsider?

[youtube]KO3l733WRN0[/youtube]

Una soberana mierda. Sé que el video está relacionado con una película en la que actuó como “satanás”, película que ni siquiera he querido ver por las puras ganas que me dan de sacarle a la chucha a Keenan cada vez que lo veo en esa parada. Parada que, por cierto, adoptó de ahí en más, tratando de simular una especie de “dandy” rodeado de minas ricas. No es que yo quiera particularmente que el tipo se dedique exclusivamente a cantar sobre secuencias Fibonacci o la cábala, pero francamente, pasó de un extremo al otro, sin puntos medios. De la cabezonería máxima a lo más burdo. ¿Se habrá cansado de lo cabezón que se estaba poniendo Tool? Quién sabe.

Fue alrededor de esta misma época que Keenan lanzó otro proyecto paralelo, llamado Puscifer, un grupo que, a mí modo de ver, es una gran bosta. Ahondando en la senda de lo burdo, hasta el extremo. Puta el grupo malo. Y cada vez que recuerdo lo mala que es su música, sólo me queda la sensación de que si tiene algún fan dando vueltas por ahí es básicamente porque ES MAYNARD JAMES KEENAN, y no por mérito musical intrínseco.

También en ese mismo tiempo fue que Keenan se lanzó al mundo de los vinos, promocionando incansablemente sus productos como quien publicita merchandising de cualquier tipo. Inclusive, hay un documental al respecto. 

[youtube]jTdcw-PAxOQ[/youtube]

¿Alguien que esté leyendo esto habrá sido tan fanático como para comprarle su volada de los vinos y habrá encargado o esté deseoso de encargar vino para probarlo sólo porque es de Keenan? Dios quiera que no. Aún tengo algo de fe en la humanidad.

Llegaría el año 2006 y, con él, el último disco de Tool a la fecha, “10.000 days”. En su momento me gustó, sí, pero nunca tanto como Lateralus. Y ahora que puedo verlo en perspectiva y que ha pasado suficiente tiempo como para digerirlo, creo que me queda la amarga sensación de que intentaron replicar la complejidad intelectual y musical de Lateralus, que con “10.000 days” parece ya una caricatura. Puedo decir hoy en día que “10.000 days” debe ser el disco que menos me gusta de Tool, porque aunque tiene pasajes notables (“Vicarious” o “Rosetta Stoned”), también unos que francamente son para el olvido (“Right in two”, “The Pot”).

Ha pasado el tiempo y puedo decir que hoy en día creo que Maynard James Keenan se ha transformado en una especie de payaso del rock. Que de ser un tipo respetado ahora es un huea. Se supone que se avecina un nuevo disco de Tool, pero ya no siento la misma necesidad imperiosa de tenerlo en mis manos. Ni siquiera de escucharlo.

¿En qué punto habrá incidido esta especie de caricaturización de Maynard James Keenan en lo que yo siento como una especie de caricaturización de Tool? ¿Es justo dejar de lado a un grupo simplemente porque uno de los tipos que lo componen dejó de caerte bien? Ciertamente, no. Pero puta que incide.

Es evidente que cada cosa que aquí he dicho no deja de ser una simple opinión entre muchas, pero hasta el momento no me he topado con nadie que la comparta.¿Y ustedes, siguen respetando a Maynard James Keenan? Me encantaría saber por qué. En una de esas, quién sabe, logran cambiar mi percepción al respecto.

Fran D.

Dead Can Dance en Chile: El Ritual de lo Inhabitual

Dead Can Dance en Chile

Martes 4 de diciembre, Espacio Riesco, Santiago.

Precedidos de una muy íntima y alucinante presentación en el Casino Monticelo del día lunes, Dead Can Dance daba vida a su show en Espacio Riesco, en lo que fue la segunda jornada de esta pasada que marcó el debut de los australianos en Chile, una banda bastante esperada y que reclutó bastantes seguidores por años tanto por el mundo entero como en nuestras tierras y que finalmente lograron calmar ansias con este par de más que significativos shows .

A las 20.30 hace su aparición David Kuckherman, el mismo percusionista de Dead Can Dance, quien ya precedía un poco de toda la mística que más tarde presenciaríamos, con una virtuosa performance instrumental y basada en  percusiones, que de alguna forma lo han logrado hacerse de un nombre destacado y ser un favorito de Brendan Perry para ser parte de su banda. Sólo bastaron  30 minutos para que realizara su set, el cual culminó con un cálido aplauso de todo el público que ya copaba todos los asientos prácticamente de ese expectante Espacio Riesco.

Llega el break de media hora, tiempo que de alguna forma sirvió para que todos pudieran ir acomodándose mejor y comunicarse con sus pares que llegaban al filo de la hora al show. El esperado momento llega a las 21.30 con la aparición de Brendan Perry, la banda completa compuesta por los tecladistas Astrid Williamson y Jules Maxwel, Richard Yale en el bajo y teclados, Dan Greeson en la batería y el percusionista David Kuckherman que regresa al escenario para ser- esta vez- parte primordial de la banda, todos ellos músicos que durante toda la jornada entraban y salían de acuerdo a los requerimientos de cada canción. La aparición de Lisa Gerrard fue aclamada por un público totalmente enfervorecido, sin duda ella es un pilar fundamental de la banda y durante todo el concierto se lo hicimos saber.

‘Children of the Sun’ fue la elegida para abrir el flamante show, la canción que abre el disco que consiguió que al fin llegaran a Chile por lo demás, las primeras incursiones vocales de Brendan Perry, quien se mantuvo fiel a lo que todos le conocemos y tuvo muy pocos puntos bajos en su vocalización en toda la noche. La iluminación del telón de fondo jugaba artísticamente y se iba moviendo de a poco canción tras canción, como así también una especie de viento lo movía al son del misticismo de las gemas musicales que nos ofrecían. Al final del tema entra la voz de Lisa y la ovación no se dejó esperar.

Para el segundo tema ‘Anabasis’ la audiencia acompaña con las palmas, el sonido étnico y con ese  misterio algo arábico ya empieza a envolver y estremecer a los que estábamos presenciando sin duda este especial show, acto seguido, el fondo se torna violeta para recibir a ‘Rakim’, remontándonos así a su disco de 1994 “Toward The Within”, esta vez con Lisa apoyando en los teclados y Brendan con los panderos deleitando al público.

El impresionante show sigue su marcha con un denso fondo rojo y ‘Kiko’, esta vez con las cuerdas de la mandolina sonando y el saludo de Brendan Perry muy cordial: “es un placer estar en Chile”, luego ‘Agape’ y ‘Amnesia’, (ésta última muy aplaudida), daban cuenta de que el concierto ofrecido sí iba claramente en pos de presentar lo mejor del puñado de canciones de su última producción “Anastasis”. Los sonidos envolventes y un poco el regreso al dark wave que ofrece la banda se sintieron casi como de golpe con las brillantes ejecuciones de los concentrados músicos. La voz de Lisa Gerrard simplemente calaba nuestros huesos, impactante y magistral, la música nos sometía cada vez más a este especie de trance en vivo.

El factor tribal de ‘Nierika’ con tres percusionistas ensimismados continuaba la experiencia, todo en un tono muy salvaje y selvático, pero transportador al mismo tiempo. ‘Opium’ seguiría, los sintetizadores emulaban sonidos de instrumentos de viento. De alguna manera lo único que se podría extrañar de la performance en vivo de Dead Can Dance es la incursión de reales instrumentos de viento y no programados, aún así el sonido estuvo a la altura en cuanto a la sincronización multiinstrumental cuando había que hacerlo.

Llega uno de los momentos más esperados de la noche con ‘The Host of Seraphim’, donde Lisa no escatima en desplegar todo su poder vocal, en una canción clásica del repertorio de los australianos, una canción que tiene esa cosa mística y penetrante al mismo tiempo, había ratos en que simplemente Lisa llegaba a intimidar con su potente voz y éste no cabe duda que fue uno de esos casos, claramente una de las más aclamadas del show.

De alguna forma la cosa continuaría en esta senda con canciones comoIme Prezakias’, ‘Now We Are Free’ y  ‘All in Good Time’, en lo que podríamos denominar el “bloque espiritual’. La banda se despide por primera vez a eso de las 22.54, para volver después de los gritos y algarabía totalmente disonantes en Espacio Riesco.  Lisa se queda en backstage y Brendan nos ofrece ‘The Ubiquitous Mr. Lovegrove’ de su gran disco de 1993 “Into the Labyrinth”. Luego ella hace su trunfal regreso para interpretar ‘Dreams Made Flesh’ original de This Mortal Coil. Llega el momento de la segunda despedida con Lisa recogiendo algunos ramos de flores de parte del público en señal de ofrenda, cual una diosa que era lo que representaba casi. Todos sabíamos que la cosa no podía terminar ahí, regresan a escena con otro cover, esta vez de  Tim Buckley (padre de Jeff), se trataba de ‘Song to the Siren’, luego con la notable  ‘Return of the She-King’ despidiendo así su disco “Anastasis” y con Brendan Perry presentando a la banda, era el inminente final.

Curiosamente, la gente se empezaba a retirar y llega el tercer encore para sorpresa de todos, esta vez con el mejor broche de oro: ‘Rising of the Moon’, canción del folclore irlandés que venía a completar la sólida performance vocal de Lisa, un momento aplastante, donde no quedaba otra sensación más que la emoción al ver la capacidad casi brutal de una banda en apelar a tantos recursos  y definirlos tan bien, más aún en vivo.

Fue un verdadero regalo, cerca de las 23:30 culmina todo casi completando las dos horas de show, las cuales dejaron claro que la cuenta se saldó y con creces para el público chileno, con esta especie de espectáculo que por supuesto que tiene su principal motor en la música, la cual a través de los años este dúo ha sabido preservar con este concepto de globalización musical basadas no solamente en el folclore de variadas culturas, sino que mezclándola con una propuesta gótica, new wave y experimental que categóricamente los ha hecho distinguirse como una banda única en el planeta. También en el público se vio bastante heterogeneidad, por lo cual podía compartir perfectamente gente de edades más avanzadas con niños y con jóvenes rockeros que se vieron por ahí luciendo poleras de bandas muy metaleras incluso. Un show para no olvidar y sin duda será parte de lo más destacado de este nutrido año en cuanto a espectáculos en vivo.

Patricio Avendaño R.

Fotos: Betsabé González

Setlist:

Children of the Sun
Anabasis
Rakim
Kiko
Agape
Amnesia
Sanvean
Nierika
Opium
The Host of Seraphim
Ime Prezakias
Now We Are Free
All in Good Time

Encore:

The Ubiquitous Mr. Lovegrove
Dreams Made Flesh

Encore 2:

Song to the Siren
(Tim Buckley cover)
Return of the She-King

Encore 3:

Rising of the Moon

 

Dinosaur Jr. invita a Sonic Youth, Johnny Marr (The Smiths) y Frank Black (Pixies) a show en vivo

Dinosaur Jr fueron acompañados en el escenario por Johnny Marr el fin de semana (1 de diciembre) para cubrir a The Smiths entre otras sorpresas.

Marr, quien lanzará su álbum debut en solitario ‘The Messenger’ en febrero de 2013, fue uno de los numerosos invitados que tocaron con la banda proto-grunge de Nueva York, donde estaban celebrando el 25 aniversario de su segundo álbum de estudio “You’re Living All Over Me “.

Además de tocar ‘The Boy With The Thorn In His Side” con Marr, se les unieron también los miembros de Sonic Youth Kim Gordon y Lee Ranaldo, el líder de Pixies Frank Black, Kevin Drew de Broken Social Scene, y Kurt Vile.

Dinosaur Jr lanzaron su décimo álbum de estudio , “I Bet On Sky ‘, en septiembre de este año y han anunciado planes para una gira de cinco fechas en el Reino Unido que se llevarán a cabo en enero y febrero del año siguiente.

A continuación los videos:

‘Tame’ con Frank Black

[youtube]TLNoyu_OUnQ&feature=player_embedded[/youtube]

‘Don’t’ con Kim Gordon de Sonic Youth

[youtube]FVNVYy5_EiI&feature=player_embedded[/youtube]

‘Little Fury Things’ con Lee Ranaldo

[youtube]g0CWfa0yNZo&feature=player_embedded[/youtube]

Disco Inmortal: Primus "Sailing the Seas of Cheese" (1991)

Como toda su lírica, discografía y su puesta en escena, los inicios de Primus fueron-por decirlo menos- bizarros. Una banda que de verdad provocaba esa sensación desconcertante, no sabíamos si lo que nos estaban ofreciendo era una real estupidez o una maestría musical de proporciones. Sin duda había algo interesantísimo que no lográbamos asimilar, pero la voz de Les Claypool y todo ese efecto lúdico bajo esos ritmos sicodélicos y progresivos infernales, simplemente nos llamaron la atención, y bastante.

Su primer disco fue uno en vivo llamado “Suck On This” (1989). ¿Qué banda parte con un disco en vivo? Ya desde sus inicios freakeando, pero fue un tremendo disco en vivo, donde mostraron toda la rareza y destreza de su música y donde lograron el beneplácito (y acercamiento) de sus primeros potenciales fans. Luego vendría un álbum de proporciones como ‘Frizzle Fry’, donde plasmaban en estudio todas esas canciones en vivo, canciones que lograron así tener una mayor difusión y donde podíamos dar cuenta que esto iba en serio, no era una “banda de broma”, sino que veíamos nacer a una de las bandas más origininales-y a la postre- más influyentes de la última parte del siglo pasado.

Interscope Records recluta finalmente a Primus al ver su talento, y en 1991 crean este segundo disco donde pulirían sus dotes notablemente, dotes que ya venían con una ventaja inmensa, desde Les Claypol, el eximio bajista que siempre ha sobresalido en la música de Primus, más el endemoniado Larry Lalonde, venido curiosamente de la escuela del thrash metal de una banda como Possessed, más el incombustible Tim Alexander en la batería, compondrían este infartante power trío, verdaderamente tres monstruos que fusionados resultaron ser un experimento alucinante, sus influencias venían directamente de bandas grandes del rock progresivo como Rush o King Crimson, pero también está la locura de The Residents ahí metida conjuntamente con técnicas hasta metaleras, como para ir desvariando aún más algo que en su totalidad acusaba una extrema locura.

Como si no bastara con lo bizarro que había sido su primera placa, en esta oportunidad Primus se lanza con un viaje por los mares de queso, premisa que titulaba el álbum y que sirvió de intro, cuales piratas o marinos navegando por algún estómago (en realidad la corta intro que alude al vómito), para luego dar paso a ‘Here Comes The Bastards’ una marcha donde el bajo, guitarra y batería siguen al unísono variando sus ritmos casi al final cada uno, y anunciando ya insanamente que “acá vienen los bastardos” repetitivamente; estos bastardos que al cierre del disco tendrían una especie de regreso para poner un broche de oro. En realidad esta canción sirve como una especie de segunda intro para entrar en tierra derecha al disco.

‘Sgt. Baker’ con su dormilona entrada de bajo y esos inesperados golpes de caja sube las revoluciones representando líricamente a una especie de sargento y una crítica a la milicia, pero siempre bajo el freak ojo de Primus, las guitarras de Lalonde acá ya empiezan a afilarse lo suficiente al mejor  estilo Frank Zappa. ‘American Life’ tiene esa cadencia funk rock clásica y un contagioso ritmo en el bajo pero también se nutre de la locura necesaria como para que dejara de ser considerada un “hit” del disco. Por otra parte, denunciaba el abuso para con los inmigrantes siguiendo un poco la línea de ser un disco de conciencia social dentro de toda su extrañeza.

Y si en el buen “Frizzle Fry” teníamos canciones tan deliveradamente poderosas, llenas de ritmo, experimentación, pero pesadísimas al mismo tiempo como ‘Toomany Puppies’, acá ‘Jerry Was A Race Car Driver’ no lo hacía nada de mal, un tema que brilla por su entrada y la ejecución en el bajo, pero que después se va convirtiendo en una cosa media heavy metal, en una canción “saltona” por excelencia, como anteponiéndose a lo que vendría más adelante con el nu-metal, aggro o como se le quiera llamar.

En ‘Eleven’ el virtuosismo de Tim Alexander es el que arranca, pero la soberbia marca del bajo y las guitarras de Lalonde van apareciendo, la guitarra nuevamente en un festivval de solos llevándonos a los gloriosos 70’s, el disco más que una fusión extraña de jazz con funk u otros estilos apela mucho al rock clásico, quizá como ninguno de Primus en toda su discografía. La divertida ‘Is it Luck?’ es lo que sigue con jams incluídas y algo esquizofrénica, preguntando repetitivamente y dando frases algo absurdas de qué es realmente tener suerte: “My socks and shoes always match Is it Luck? There’s a foot at the end of each of my legs Is it Luck?” (“Mis calcetines y zapatos siempre coinciden ¿Es eso suerte? Hay un pie en el extremo de cada una de las piernas ¿Es eso suerte?). El factor humorístico también siempre ha nutrido la lírica de Primus y este es un más que buen ejemplo.

Quizá como si ya lo que escuchamos hasta el momento fuera poco, lo que aparece es ‘Tommy The Cat’, una canción realmente fuera de serie y que dejó completamente demostrada la destreza, originalidad e ímpetu de su principal ejecutor y compositor: Les Claypool, quien realmente se luce con su poderío sobre la técnica del slapping en el bajo, las intervenciones de Lalonde además son notables para esta curiosa historia de este gato, que casi como corto animado tiene vida propia en voz del gran Tom Waits, quien de alguna u otra frorma ha estado ligado a la música de Primus. La forma de cantar, casi como rapeo de parte de Les Claypool también es notable, realmente todo un artista de ejecución, de lo que es tocar diestramente en vivo y manejarse vocalmente de formas muy versátiles. Es hasta el día de hoy LA gran canción de Primus muy vitoreada y coreada en sus shows.

Después de la instrumental y sicodélica ‘Sathington Waltz’, algo medio salida de un surrealista farwest infernal  llega otra grande: ‘Those Damned Blue-Collar Tweekers”, con una letra muy ambigua que en lo que logramos descifrar se trata de una especie de fiscalizadores freaks drogos de los conductores de camiones. Increíble imaginería del mejor sello Primus. Acto seguido nos encontramos con ‘Fish On’, la que sigue esta historia que tuvo raíz en su disco anterior, considerada parte de “John the Fisherman, las crónicas” que tendría su tercera y cuarta parte en sus discos “Pork Soda” de 1993 y del reciente “Green Naugahyde” de 2011. La canción en esta oportunidad se convierte en una de las más largas del álbum y varios personajes de la “familia Primus” aparecen en sus letras en esta historia del singular pescador, tales como Mike Muir (Suicidal Tendencies), Dimebag Darrell (Pantera), el propio guitarista Larry Lalonde y Todd Huth, que contribuyó con  guitarras acústicas para el álbum.

‘Los Bastardos’ cierra todo como dando vuelta el disco,  que repite el mismo frenesí de ‘Here Comes The Bastards’, pero esta vez con Mike Bordin (Faith No More) tocando la batería junto a otros invitados y con más voces como la del bizarro equipo de producción quienes contribuyen en esta maniática sonata.

“Sailing the Seas of Cheese” es un disco muy raro, poco digerible talvez en un inicio, pero al momento que te atrapa sí que lo hace y muy bien. Pese a que las soberbias y complicadas interpretaciones instrumentales y fusiones pudieran catalogarlo como un disco más de vanguardia, también tiene ese otro lado melódico, que no lo alejó para nada de la comunidad rockera y de oídos más accesibles, cosa que también sirvió para encasillar a la banda en el nicho de grandes del rock alternativo de aquel entonces como Faith No More, Living Colour o Jane’s Addiction, por mencionar algunos.  Aunque el disco sin duda marcó lo que todos tenemos más que sabido hasta el día de hoy:  el hecho de que Primus goza de una identidad única y muy particular, la cual sentó cátedra y llegó sólo para seguir evolucionando, siendo un pie bastante firme de su sonido esta gran obra de 1991.

Patricio Avendaño R.

zp8497586rq

Cancionero Rock: The Battle of Evermore- Led Zeppelin (1971)

El factor épico, basado en la literatura del género y las influencias de dioses, grandes batallas e historias fantásticas no han sido para nada ajenas al momento de componer para los legendarios Led Zeppelin, es cosa de empezar a hurgar en unas cuantas canciones, donde sendas alusiones al “martillo de Thor” (Immigrant Song) o referencias al poema Namárië, de Tolkien y a las aventuras de Frodo Bolsón, el personaje central de la novela “El Sr. de los Anillos” (Ramble On), o el viaje que une las experiencias con las drogas con estos parajes de ensueño (Misty Mountain Hop), por mencionar sólo algunas, dan cuenta de aquello.

Es por eso que varias de sus canciones califican para poder hacer el paralelo con este interés, aunque la que elegimos para esta ocasión es “The Battle of Evermore” esta notable canción parte del tremendo Led Zeppelin IV de 1971, que explota ese lado acústico pero no por eso menos salvaje de Led Zeppelin.

Es una canción nutrida de toda esta imaginería Tolkiana, esta vez centrándose más que nada en la batalla de los campos de Pelennor, narrada en el útimo capítulo de la impresionante trilogía que tuvo su versión cinematográfica (y que la seguirá teniendo).

Robert Plant en gran parte es responsable de involucrar la lírica de Tolkien y otros cuentos épicos o de civilizaciones en la música de Led Zeppelin. Para “The Battle of Evermore” también destaca la participación de la cantante Sandy Denny, quien fuera parte de la banda folk Fairport Convention, quedándose con el honorable- y para nada menor-título de ser la única persona ajena al grupo en participar en las voces de una canción de estudio y también siendo partícipe en esto de quedarse con un símbolo rúnico, al igual que cada integrante de Led Zeppelin, que fue lo que caracterizó al álbum. Por lo demás la canción parte hablando de místicos senderos inspirados en la obra y de las runas del destino, así que hay un lazo simbólico que claramente une la canción, con la vocalista invitada y con el concepto del disco.

La canción subtitulada:

Patricio Avendaño R.

2×1: Show Me the Way: Peter Frampton vs. Dinosaur Jr.

Un clásico del rock desde todo punto de vista. Una de las canciones más recordadas del cantante y compositor inglés y no tan sólo por su versión de estudio del disco Frampton de 1975, sino que la canción brillo por su notable versión en vivo, que fue parte de uno de los discos en vivo más aclamados de todos los tiempos: Frampton Comes Alive! de 1976. Un disco que engrandeció aún más al músico y potenció claramente esta canción, ejecutada con el particular Talk Box, ese efecto sonoro que usaba en su boca, aunque por esos años ni se le pasaría por la cabeza la versión que tendría vida 11 años después.

De la misma época de Frampton Comes Alive! la versión que revisitamos ahora:

En 1987 y en uno de sus primeros discos la banda compuesta por J. Mascis, Lou Barlow y el baterista Murph se mandan una versión realmente curiosa, en muchos medios se dieron a conocer por esta versión y claramente a los puristas del rock más clásico no les gusto mucho, pero realmente el tiempo se ha inclinado a favor de los dinosaurios para concederle el mérito de haber realizado una genial versión, muy fiel a esa pereza vocal de J. Mascis y sonido estridente indie rock del cual Dinosaur Jr. se puede jactar de ser padres claramente.

Te la dejamos a continuación:

Patricio Avendaño R.