Cancionero Rock: “Runnin’ With the Devil”- Van Halen (1978)

Runnin’ With the Devil fueron los primeros tres minutos, con treinta y cuatro segundos, en que el mundo entero escuchó a Van Halen. Sus primeros dos años se la pasaron tocando por todo el circuito de clubes de Los Ángeles; hasta que en 1976 Gene Simmons, en su faceta buscatalentos, los “descubrió” y les produjo su primer demo (que entre los ingenieros de sonido estaba Hernán Rojas). Con ello no demoró en llegar un contrato de Warner Bros.; con el que se despacharon el disco debut más exitoso de una banda de rock pesado, por detrás de Led Zeppelin (y al que se le agregó el de Guns N’ Roses la siguiente década).

Siendo la primera pista de su trabajo homónimo, el elemento joven y hambriento juega un factor clave en Runnin’ With the Devil. Con una introducción de bajo que desde ya consigue que le pongas atención (y que ella llevó a que Dave Mustaine y David Ellefson se conocieran, el resto de la historia de Megadeth se cuenta sola). Aunque el título en un comienzo pueda engañar, no tiene ninguna relación con satanismo; es mero descontrol de un corte clásico rockero sin sutilezas: “Vivo mi vida como si no hubiese mañana, y todo lo que poseo tuve que robarlo; al menos no necesité mendigar o pedir prestado. Sí, estoy viviendo a un ritmo que mata”, entona tras el micrófono David Lee Roth con una imagen muy a la Robert Plant; y que nada más viéndolo en el videoclip nos damos cuenta la calidad de showman que es. Lo demás es mérito de la pesada guitarra de Eddie Van Halen, como también los distintivos agudos de Michael Anthony en los coros. Se trata de la carta central de una placa literalmente plagada de éxitos, y eso ya es decir bastante. Imposible haber tenido un mejor inicio.

Por Gonzalo Valdés

Videografía Rock: “Wonderful Life”- Bring Me The Horizon

Una de las sorpresas que nos trajo “Amo”, el gran regreso de Bring Me The Horizon, es el curioso video para “Wonderful Life”, uno de los temas más rockeros del disco y que trajo a Dani Filth, el icónico líder de Cradle of Filth  de invitado, tanto en el tema, como en el propio clip, dotado con su traje blackmetalero característico pero realizando situaciones tan triviales como tomar leche y leer el periódico en la manaña o ir de compras al supermercado.

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Cancionero Rock: “Welcome Home (Sanitarium)”- Metallica (1986)

El Master of Puppets es un disco muy variado, y quizá eso lo hace tan rico y contundente, pero aparte de variar musicalmente, usar escalas progresivas y mezclarlo con un thrash potentísimo, las temáticas que se abarcan son bien disímiles también y muy interesantes. Obras de horror, el cuestionamiento religioso y la sicología humana desfilan a través de riffs y secciones sublimes de un metal absolutamente bien construido.

“Welcome Home” está casi al final  y es la poderosa balada del disco, un tema que habla de la soledad y aislamiento y que James Hetfield se encarga de contarlo con desesperanza bajo melódicas notas que explotan en energía en su clímax final.

Un sanatorio no es un asilo ni una prisión psiquiátrica, es una institución mental en que un preso puede dejar por su propia voluntad. La canción está escrita desde la perspectiva de uno de estos internos: tiene miedo de irse por lo que hay ahí fuera, y no todo lo contrario que sería lo lógico, de alguien que quiere escapar de él.

Como es tendencia, el cine y esta vez la notable película de 1975 Flew Over the Cuckoo’s Nest (Atrapados sin salida en español) protagonizada soberbiamente por Jack Nicholson influyó a la banda, en que su papel consta de un tipo que revoluciona a los internos y se los lleva de paseo, pero sin embargo muchos de ellos no querían escapar. Se habla de las propias experiencias de Hetfield metafóricamente, el hecho de vivir en una familia con padres hipnotizados con la ciencia critiana, alcohólicos y  disfuncionales, que se entendería completamente cómo el hogar es como un sanatorio. Un lugar donde los enfermos emocionales y mentales se mantienen sin esperanza de escapar.

“Veo nuestra libertad ante mis ojos.
Sin puertas cerradas, sin ventanas cerradas
No hay cosas para hacer que mi cerebro parezca cicatrizado”.

Sobre el tema, en una entrevista con Flemming Rasmussen, quien era ingeniero y coproductor, explicó: “Utilizamos seis micrófonos para cada guitarra, por lo que teníamos una configuración estéreo completa. Para el primer sonido de ritmo, lo grabamos en estéreo – eso sería lo principal. Y luego comenzaríamos a mezclarlos en una pista mono, entonces es cuando empezamos a duplicarnos. Porque nuevamente, en esta época, solo harías más pistas, pero estábamos limitados a 24 pistas dos veces, porque teníamos sincronizadores. Lo cambiaría constantemente para adaptarlo a la canción. Combinaría cualquiera de estos en la forma en que pensé que la canción debía sonar”.

Y así es, el sonido en general es bastante acertado y hasta hoy suena fresco. Sin duda la marca de un álbum que no tiene síntomas de expiración:

Por Patricio Avendaño R.

Conciertos que hicieron historia: Europe en Viña 1990

Europe irrumpió con fuerza los rankings mundiales con su tercera placa, The Final Countdown (1986). Ya para la mitad de su gira promocional, el guitarrista John Norum dio un paso al costado; incómodo por el excesivo sonido comercial de la banda, que tenía en sus inicios un sonido asociado al heavy metal. La vacante fue tomada por Kee Marcello, y con él pronto entraron al estudio para grabar el disco sucesor: Out of This World (1988). Potente y al que no le escaseaban éxitos; y cuya carta fuerte fue el single Superstitious, que sonó en todos lados. Cosecharon buenas críticas y no faltó la difusión, aprovechando el impulso con el que ya venían a toda máquina. Quién sabe cómo, quizás por el ninguneo que siempre recibieron del mercado estadounidense, terminaron mirando a Sudamérica para el periplo final de aquel tour mundial; pero referirse globalmente a Sudamérica es decir mucho, puesto que los únicos dos shows que agendaron en la región fue en el marco del Festival de Viña 1990. Las dos últimas noches del certamen, 25 y 26 de febrero. La primera abriéndola y luego dándole paso a Peter Rock, Catalina Telias y Dyango. La segunda cerrándola después que pasara Marisela, Alberto Plaza y Bertín Osborne.

Se acuartelaron algunos días, en un pequeño teatro de Viña del Mar, y de esos ensayos salió la canción Sweet Love Child, que aparece en su primer compilado 1982–1992. El resto del tiempo se la pasaron de fiesta por la Quinta Región, incluyendo un pequeño incidente de borrachos en una discoteca de Reñaca. Pero el espectáculo en sí se trató de una delicia, el mejor número anglosajón que ha tenido Viña. Fijémonos en el contexto, citando a Matías Fajardo del sitio Guioteca: “Este debe ser lejos el mejor acierto del rock en el Festival, en todos los ámbitos. Vinieron en un momento cúspide de su carrera, con seis o siete hits sonando duro en las radios, comercialmente atractivos, y con un show en vivo increíblemente apretado y bien hecho”. Chiquillos suecos entre 25 y 27 años, que ya eran superestrellas de clase mundial, vinieron a una cita que parecía sacada de la Radio Pudahuel (con la excepción de Cheap Trick, que también estaba en esa parrilla por partida doble). Con un repertorio que bordeó la hora y media de duración (aunque el de la noche inicial ligeramente más corto); de modo excepcional, y con completa soltura, prescindieron del material de sus primeras dos placas, optando por lo más oreja y melódico que tenían. Echémosle una mirada a la segunda jornada.

Joey Tempest al micrófono con una camisa hawaiana desabrochada, y una Gibson Les Paul blanca al hombro para el primer par de temas, dio el vamos con Ready or Not; y sin respiro continuó Danger on the Track. Desde allí en adelante todo se fue por un tubo hacia arriba; mucha retroalimentación entre banda y público, sin faltar los diálogos en español. Let the Good Times Rock, otro de los últimos singles que venía sonando fuerte, para subir las pulsaciones; entregaron una primicia con Seventh Sign, que sería parte de su siguiente trabajo: Prisoners in Paradise (1991). More Than Meets the Eye fue la joya oculta del show; y que después de una decena de conciertos, ese mismo año, no apareció por las siguientes dos décadas (volviendo a ser incluida ni más ni menos que en el Teatro Caupolican, en noviembre de 2010). Las lentas estuvieron a cargo de Carrie y Open Your Heart, con gritos desaforados de las adolescentes; consiguiendo, en apenas media hora, que toda la Quinta Vergara pidiese la antorcha.

Una pausa para el solo de guitarra del nuevo, Kee Marcello, y luego entró una furiosa versión de Heart of Stone. Superstitious fue una fiesta de por sí: como ya se dijo más arriba, era la carta fuerte del disco que venían presentando, y no tuvieron problema para intercalarla junto a No Woman, No Cry de Bob Marley; y al final le acoplaron un instrumental de nombre Calypso, mientras subió una veintena de chicas del público para bailar con la banda. Bad Blood fue otro adelanto del ya mencionado Prisoners in Paradise, antes del gran punto alto: una de las mejores versiones en vivo de Cherokee y Rock the Night, donde la audiencia tomó un nivel protagónico que no se puede llegar a creer. Después del intermedio en que apareció Antonio Vodanovic, y les entregó la antorcha de plata, se lanzaron con el bis: cómo no con The Final Countdown, y hasta se dieron el tiempo de incluir un par de covers, A Hard Day’s Night y Hound Dog.

Crearon un vínculo especial con el país. Que se ve reflejado en los, hasta el momento, cinco retornos que han tenido desde fines de la década pasada (un par de ellos siendo viajes exclusivos para tocar en varias ciudades de Chile, como en 2009 y 2018; de Brasil y Argentina ni hablar). Ellos siempre han recordado y se refieren a los conciertos de 1990, retratándolos como un gran suceso de su carrera. Y lo dejaron en claro cuando comentaron que uno de sus deseos era volver a tocar en Viña del Mar; objetivo que cumplieron en 2012 presentándose en el Casino Enjoy, y rematando el año pasado cuando regresaron al Festival de Viña. Lazos de ese tipo se cuentan con los dedos de la mano, añadiría a la lista Faith No More, que inició su romance en 1991 también en el certamen viñamarino; y por supuesto Iron Maiden, con la cancelación de su concierto en la Estación Mapocho en 1992. Pero el caso de Europe es particular, no se dio por tratarse de extravagancia o por un plan truncado; sino por estricta e impecable calidad musical, rayando la perfección en una época donde recién comenzaban a llegar espectáculos de ese tipo. Gajes del oficio escandinavo.

Por Gonzalo Valdés

Disco Inmortal: Mr. Bungle- “California” (1999)

Indudablemente, el estilo de Mr.Bungle, es reconocido por mezclar distintos elementos, los cuales en muchas ocasiones se desarrollaban sin complejos en una sola canción. En “California” (1999), la agrupación nos entrega un sonido más accesible, y al escuchar el disco, podemos percibir que se mantiene ese espíritu de propuesta extravagante, pero las canciones parecieran ser el resultado de su madurez musical. Con melodías enfocadas y cercanas a un formato de canción más tradicional, nos sorprenden con influencias de compositores como Burt Bacharach, adornadas con sutiles pinceladas de locura y depravadas costumbres en lo musical.

La canción encargada de abrir el álbum es “Sweet Charity,” una suave composición de Mike Patton, en donde demuestra toda su sensibilidad pop y aunque en su letra se oculta algo oscuro, la melodía rápidamente nos traslada a un bello atardecer frente al mar al ritmo de una guitarra hawaiana y un exquisito trabajo de percusiones. Acá la inmersión debe ser lenta, para apreciar en toda su magnitud la belleza y los sutiles detalles detrás de esta canción.

Este álbum resulta intrigante, ya que en cada tema hay algo que descubrir y eso se hace agradable e interesante de escuchar; si en la pista anterior reinaba la calma y la melodía, en “None of Them Knew They Were Robots” la banda se acerca un poco más a sus antiguas composiciones, sonando como unos verdaderos esquizofrénicos musicales. A medida que el tema avanza, vamos descubriendo interesantes elementos de swing y rockabilly, en donde destaca el sonido de saxo de Clinton McKinnon, el elegante estilo de Danny Heifetz en batería y las originales parte de guitarra de Trey Spruance.

En “Retrovertigo” el bajista Trevor Dunn, nos demuestra y nos deja en claro que es un tremendo compositor, anotándose una de las mejores canciones en el catálogo de la banda. La melodía tiene algo inquietante, si bien hay una parte encantadora, también tiene una atmosfera de tensión, algo siniestro, que la transforma en una pieza única difícil de olvidar.

Con toda la onda california beach “The Air-Conditioned Nightmare” es un tema de estilo surf rock y en donde Mike Patton demuestra toda su versatilidad, en un ejercicio vocal alucinante, acercándose y recordando a las gloriosas armonías de los Beach Boys.

En “Ars Moriendi” nos encontramos con la canción mas pela cable del disco, aquí la banda mezcla música de medio oriente, con electrónica y metal, si bien puede resultar hilarante, la verdad es que nos encontramos frente a uno de los mejores y más inspirados momentos del disco.

Pink Cigarette” es una balada pop psicópata, detrás de su hermosa y romántica melodía, se esconde lo que podría ser la nota de suicidio de una persona obsesionada por el término de una relación y en donde el cigarro con labial rosa de su ex, hace que, su atormentada cabeza se llene de recuerdos. Al final, comienza una cuenta regresiva que advierte el tiempo que le queda, mientras escuchamos, va sonando esa especie de monitor cardiaco de hospital que anuncia el sublime final.

La naturaleza accesible de este álbum pareciera esconder algo más profundo, sobre todo en sus letras, este es el caso de canciones como “Golem II: The Bionic Vapour Boy”, “The Holy Filament” o “Vanity Fair” grandes melodías y que en sus textos contienen ciertos elementos nihilistas, con inteligentes sátiras sociales que hablan de belleza y materialismo.

Goodbye Sober Day” es toda una explosión de excentricidad, desde su exótica melodía de xilófono y el refinado sonido de las percusiones, hasta el estallido final de frenéticos gritos y metal. La canción, es la página final perfecta, ya que fusiona ingeniosamente lo melódico y experimental, destacando y manteniéndose fiel al sonido que querían lograr en “California”, pero también recordando en ciertos pasajes sus dos producciones anteriores.

Si tuviéramos que crear un ranking de bandas inclasificables, seguramente, los californianos de Mr. Bungle, estarían sobre el podio de los más destacados, brillando intensamente por su revolucionario eclecticismo y versatilidad a la hora de entregar su fascinante arte musical.

Con sólo tres discos editados en una década, la banda siempre nos desafío a explorar nuevas experiencias sonoras, demostrando que en la música, perfectamente, pueden convivir muchos estilos, aniquilando a todas esas mentes de ideas limitadas y tan odiosamente cerradas.

Por Carlos Bastías

Molotov en Viña 2004: Cuando el power mexicano incendió la Quinta Vergara

“Baila rica nena / sabrosito / baila rica nena / más pegadito / Me gusta chichi / me gusta chacha / yo quiero que me des / que me des papaya”, se escuchó en el escenario de la Quinta Vergara aquel 22 de febrero del 2004, cuando Molotov hizo explotar el Festival de la canción de Viña del Mar.

Ya habían tocado Fito Páez y Joe Vasconcellos, entre otros, en la penúltima noche del Festival. Molotov era el grupo que cerraba la gala y lo haría con todo el “power mexicano”. “Here we kum”, fue la elegida para abrir los fuegos de una presentación que se recuerda como una de las mejores que se hayan registrado en Chile por los mexicanos.

“Voto Latino” proseguía en una noche que se comenzó a calentar con el pasar de las canciones. A pesar que ya era bastante tarde, los creadores de “¿Dónde jugarán las niñas?” querían dejar su huella tal cual como lo hizo Faith No More, algunos años atrás.  “En México no nos gustan que nos mientan”, relató Ismael ‘Tito’ fuentes para dar paso al primer éxito de los mexicanos: “Gimme tha power”.

Con hartos mensajes al ex-presidente de los Estados Unidos, George Bush, los ‘cuates’ prosiguieron con “Frijolero” haciendo bailar y cantando a la galería, recordando la apatía que le tenían al gobierno del ‘Tío Sam’ por estar librando la guerra en Irak y Afganistan.

Fue una larga noche y la transmisión estaba por finalizar. Sin embargo, la gente estaba esperando, tanto en el mismo recital como en casa, que los mexicanos tocaran el éxito del primer larga duración como es “Puto”, pero estos les respondieron desafiante con “Changüich a la chichona”, para luego proseguir con “Hit Me” del aplaudido “Dance and Dense Denso”.

Los tiempos estaban acotados y ya sabían que les quedaba poco en el escenario. Por ello, sacaron un momento casi irrepetible y con una voz bebé, Micky comenzó a llamar en el público si “había alguna chica que quiera bailar con nosotros”. Una de las primeras en acompañar a los mexicanos fue la actriz chilena Antonella Ríos para luego subir a casi 30 mujeres. Con las féminas en el escenario, comienza “Rasta-mandita” y explota la Quinta Vergara. La protagonista de “Los Debutantes” bailó de una forma muy peculiar la canción, robándose todas las miradas y una portada del diario Las Últimas Noticias en su edición de día lunes, pues colaboró con las bromas de la banda mientras extendían el pegadizo y erótico tema.

Sale al escenario Antonio Vodanovic  junto a Myriam Hernández para despedir a los aztecas. El público no aceptó que salieran a cortar el concierto y comenzaron las pifias las cuales incomodaron a los animadores, quienes fueron tratados de censuradores por el tono político y confrontacional de Molotov. Eran pasadas las 3 de la mañana, cuando comenzó a sonar el beat box de “Puto”, cuando los interrumpe nuevamente Vodanovic para, de una manera apurada, comenzar la repartición de premios al por mayor. El noveno single del álbum debut que se lo dedicaron a Bush, finaliza la transmisión televisiva, pero los mexicanos se rebelaron y entregaron  dos canciones más a un público que invadió la platea con “Chinga tu madre” y “Mátate-teté”, rematando una noche inolvidable en un certamen que no siempre invita a bandas del calibre de Molotov para hacer una presentación, que de antemano, se sabía que tendría connotaciones políticas, sexuales y rítmicas. Los de Distrito Federal sellaron su paso por el escenario más importante de Chile dejando la marca histórica y contestataria.

Ozzy Osbourne: de ángel caído a príncipe de las tinieblas

En la década pasada, para los menos instruidos, Ozzy era asociado mayormente con el reality show The Osbournes (2002 – 2005). Una licencia que pudo darse el príncipe de las tinieblas, que en ese punto ya lo había conseguido todo (sin contar que también lo probó todo, siendo todavía una incógnita para la ciencia que esté vivo). Es imposible desconocer su legado con Black Sabbath, participando en su era dorada como miembro fundador; bastando sólo tres semi tonos menos para oscurecer el rock. Si se desea comprender el metal, hay que estudiar los primeros cinco discos de estudio de los de Birmingham. Pero el éxito arrollador no duró para siempre: en la última mitad de los 70’s aparecieron los trabajos irregulares, etapa que culminó con el reprobable Never Say Die! (1978). Formulas viciadas y pobres desempeños traían de más a menos a la banda, en especial Ozzy. No es un secreto todo el alcohol y drogas duras que pasaron por allí; debiendo tratarse de un caso descabellado, para que un grupo de adictos tuviese que expulsar a su vocalista por drogadicto.

Antes de que terminase la década el nombre de Ozzy estaba devaluado, no había mayor interés por él después que le llegó el sobre azul. La única persona que se le acercó, notándole el potencial que aún era capaz de alcanzar, fue Sharon Levy; hija del mánager de Black Sabbath y que terminó siendo su esposa. Sobre ella recae la responsabilidad de haberlo traído de vuelta, luego de encontrarlo en calidad de harapo en una habitación de hotel. Por el oficio de su padre terminó aprendiendo bien a mover los hilos, como para reconstruir una carrera. La primera idea fue formar un súper grupo junto a Gary Moore, pero no se llegó a buen puerto (aunque terminaron grabando juntos la canción Led Clones, en 1989, para mofarse de Kingdom Come). A fin de cuentas optaron por una banda de veteranos; de la talla de Lee Kerslake en batería, Bob Daisley en bajo, y un joven talento en las seis cuerdas: Randy Rhoads, proveniente de unos desconocidos Quiet Riot, y que junto a Eddie Van Halen sería el próximo héroe de la guitarra. De aquella formación se desprendieron los primeros dos discos: Blizzard of Ozz (1980) y Diary of a Madman (1981).

Para todos resultó una sorpresa mayúscula el éxito que cosechó, inclusive para Ozzy y Sharon, que esperaban apenas un modesto recibimiento para una humilde carrera solista. Desde allí hubo de todo: tragedias (como el accidente de avioneta en que murió Randy Rhoads), cambios recurrentes a la formación (que siempre contó con músicos de primera línea, en especial los guitarristas), excesos de drogas y alcohol como de costumbre, una prohibición de entrar a San Antonio por haber orinado la Misión de El Álamo, ventas millonarias y siempre en ascenso; con un catálogo cargado de hits que van a la par con los de Black Sabbath. Hablamos de un loco lindo, que cuando se apagan las luces y se le escucha decir “let the madness begin!” todos pierden la cabeza; siendo impagable verlo tirando baldazos, como una vieja en chalas en la vereda a las 8:00 de la mañana. No existe ningún otro regreso de esa clase, rutilante hasta decir basta, de alguien que se le daba por muerto (y no sólo a nivel artístico). Y aún está allí, con 70 años haciendo de las suyas.

Por Gonzalo Valdés

Candlemass: The Door to Doom (2019)

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Después de seis años, los creadores del Doom están de vuelta. Candlemass lo ha estado dando todo desde 1984 y en su 35 ° aniversario decidieron recuperar a su vocalista original, Johan Längqvist, quien no estuvo en ningún otro disco salvo el gran debut, por lo que se temía que este retorno, en el trabajo n°12 de la banda, fuera más bien un saludo a la bandera que enarbolan con orgullo sus fanáticos de siempre. Pero como si el regreso del cantante de “Epicus Doomicus Metallicus” no fuera gancho suficiente, invitaron al ícono absoluto Tony Iommi como guinda de la torta, factor que obviamente atrajo la atención del universo metal a este “The Door to Doom”.

Recordemos que Candlemass influyó en gran parte de la escena del metal escandinavo y ya venían precedidos de un EP de excelencia y que recibió fantásticas críticas, por lo que estos soportes podían ser una excelente oportunidad para darse a conocer a un público más amplio.

El disco se disfruta desde varias perspectivas. Primero, se siente atemporal y satisfacen mucho las tres primeras pistas, las cuales se apoderan de la épica en sus seis minutos de duración. “Splendor Demon Majesty” explota con el riff y se fusiona con la atmósfera de inquietud que propone de manera vibrante. Candlemass no ha olvidado lo importante que es el tema de apertura. El ícono del heavy metal, Tony Iommi, nos atrapa y nos dice “así se tocan las cuerdas” en “Astrolus – the Great Octopus” y es el líder del track. Por otro lado, la balada “Bridge of the Blind” se canta con un lirismo directo, renovado y cautivador.

Los legendarios Candlemass presentan baterías vivas y líneas de bajos brillantes, completado con un gran desempeño vocal

 

Las canciones de medio tiempo, como “Death’s Wheel”, son old school, rebosantes de oscuridad característica de la banda y que no se oían con tanta fuerza desde los ’90. Las mejores partes de este trabajo es cuando se desaceleran para los solos y aparecen las melodías deslumbrantes, mientras que los riffs pesados podrían haber sido un poco más desarrollados, pues los hacen desaparecer demasiado rápido; esto se nota en “House of Doom”, donde el coro y el verso están en un ritmo más rápido y las secciones medias son muy cortas. En el último EP, este tema contó con la participación del cantante Mats Levén, pero la versión con Längquist es mucho mejor, porque su voz profunda lleva mejor la atmósfera del tema. “Black Trinity” y “The Omega Circle” son directas y mucho más sucias.

Moderna propuesta para la experimentación de la fatalidad. Los legendarios Candlemass presentan baterías vivas y líneas de bajos brillantes, lo que se completa con un gran desempeño vocal y ese gancho perfecto obsequiado por Iommi. “The Door to Doom” es un sólido puente entre las obras antiguas del grupo y el sonido más nuevo, gestionando de manera eficiente sus terrenos más melódicos con un gran desfile de riffs ampulosos. En raras ocasiones se llega a ver a una banda lanzando su 12a producción, juntando en ella lo mejor de su historia y con tiempo aún para encontrar novedad en sí misma. Se anota como uno de los destacados del género para 2019.

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