Disco Inmortal: Porcupine Tree – Deadwing (2005)

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Porcupine Tree ya tenía algunos años haciéndose un lugar en el rock progresivo moderno, liderados por Steven Wilson y fue el 28 de marzo de 2005 cuando salía su octavo disco “Deadwing”, que hasta ahora se ha convertido en el más vendido de esta banda y que ya pasó a ser de culto.

Algunos ingredientes del éxito no solo comercial sino en cuanto a composición es que nos indica que este es un trabajo con una dirección clara. El concepto está basado en una historia de fantasmas de un guión escrito para cine por el mismo Wilson y Mike Bennion, además la banda ya tenía algunos años con una formación estable, con Steven Wilson en voces, guitarra y piano, Richard Barbieri en Teclados, Colin Edwin en Bajo y Gavin Harrison en Batería. También cuenta con participaciones especiales -y estelares, por cierto-de Adrian Belew y Mikael Åkerfeldt de Opeth.

Sin duda Deadwing fue un punto alto en la carrera de Porcupine Tree, tanto que actualmente los miembros siguen interpretando sus temas.

La apertura “Deadwing” es sublime, con una combinación de delicadas capas de teclado, con guitarras muy rockeras en un groove con tintes setenteros y los coros etéreos de Wilson que sin tener una voz prodigiosa logra emocionar mucho por la sinceridad que transmite. En esta misma onda le sigue “Shallow”, con poderosos Riffs y un sonido contundente que contrasta con “Lazarus”, que viene a ser el primer bajón del disco, sin embargo al oírlo no se deja de sentir emoción y es inevitable pensar en Radiohead adornado por la melodía de piano.

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El viaje despega inmediatamente con “Halo”, un corte con mucho groove y una voz fantasmal de Wilson que de nuevo, sin ser virtuoso logra producir diferentes sensaciones. Le sigue un tema clásico para los fanáticos, tanto que hasta ahora junto con “Lazarus” sigue siendo interpretado por Steven en solitario, se trata de “Arriving Somewhere But Not Here” que comienza muy sutilmente para luego ir subiendo en intensidad para llegar a uno de los mejores clímax para un tema progresivo. Aquí se puede oír a Mikael de Opeth en los coros y la banda logra rozar por momentos el metal progresivo con un sonido más pesado para luego volver a lo sutil y conectar con “Mellotron Scratch”, que se acerca a un brit pop con tintes rock de muy buen gusto y así siguen con “Open Car”, donde la banda nuevamente demuestra la habilidad para mezclar riffs cañeros con melodías más pegadizas.

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En “The Start of Something Beautiful” nos regalan momentos que hacen honor al nombre, donde destaca la belleza melódica pero también los ritmos de batería irregulares de Gavin Harrison, que hasta hoy son su sello personal, y con la balada “Glass Arm Shattering” cierra el disco sin necesidad de excesos.

Sin duda Deadwing fue un punto alto en la carrera de Porcupine Tree, tanto que actualmente los miembros siguen interpretando sus temas por separado, aunque lamentablemente el giro creativo de Steven Wilson y los compromisos del resto de los miembros hace poco probable una reunión de esta gran banda que junto a otras como Dream Theater, Spock’s Beard o Marillion trajo de vuelta el rock progresivo a comienzos de este milenio.

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Cancionero Rock: “Lullaby”- The Cure (1989)

La clave del éxito de Disintegration y de The Cure en general han sido las sombras descarnadamente expuestas. Robert Smith sí que ha sabido traspasar sus penumbras al estilo post punk de la banda de forma honesta, haciéndola única y diferente en muchas formas.

Son tormentos, pasiones, amores y miedos personales los que van construyendo el propio muro de Smith en aquel disco y uno de los tracks más pantanosos por cierto, es “Lullaby”, esta especie de pesadilla recreada tan bien en la claustrófobica música como en aquel genial video.

Y es que realmente está basado en una pesadilla recurrente que Robert Smith tuvo cuando era niño, donde según contó fue devorado por una araña gigante; Smith dice que la canción es sobre el miedo al sueño y que, pese a que las canciones de cuna están destinadas a calmar a los niños para dormir, muchas de ellas tienen finales sorprendentemente catastróficos, y vaya que es cierto, sino preguntémosle a Korn que elaboró un compendio de ello en el tema “Shoots and Ladders”. 

Según Robert Smith, que nos remece la siquis por el tono asfixiante en su interpretación, las canciones de cuna que su padre le cantaba tenían finales trágicos similares. “Habría algo como ‘Duerme ahora, bonito bebé’, y luego habría un ‘O no te despertarás’ en la canción”, dijo.

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Cancionero Rock: “Love Song”- The Cure (1989)

Videografía Rock: “Close to Me”- The Cure

And I feel like I’m being eaten
By a thousand million shivering furry holes
And I know that in the morning
I will wake up in the shivering cold
And the Spiderman is always hungry

El video musical fue ganador del premio Brit en 1990 y se inspiró en la película de terror de culto de David Lynch, de 1977, Eraserhead. Según el director del video, Tim Pope,  la canción invoca una referencia al pasado alimentado por las drogas del líder de The Cure. Explicó en NME: “En un nivel, existe esta estupidez y humor, pero debajo de eso hay todas las obsesiones psicológicas y claustrofobia de Smiffy” (como lo apodaba de cariño).

Por Patricio Avendaño R.

 

Cancionero Rock: “Working Class Hero”- John Lennon (1970)

“Working Class Hero” tuvo un impacto fuerte en su momento de salida y aun los años la han hecho más grande aún.  Es una canción de acordes simples, pero con una vibra impresionante, de aquellas que solo el gran Lennon sabía como hacer y lograr transmitir sensaciones para recargar el mensaje de la letra, barnizando todo con una música intensa y potente.

Lennon planteó una idea: estuvo en los 70 influenciado por el movimiento político de izquierda y los pensadores de la época, pero también nos retrae a su infancia y sus días de escuela, Lennon se dio cuenta de que la ausencia de conformidad era necesaria tanto a nivel personal como social. En la canción, él denunció las reglas conservadoras de la familia y la escuela británica que disminuyeron al individuo, y alentó la revolución en contra de un pensamiento estancado. “Working Class Hero” no es precisamente una alabanza a la clase trabajadora, más bien es cómo el capitalismo maneja a la gente para convertirla en esclavos y este supuesto “héroe de la clase trabajadora”, que es ironizado al cien por ciento, pero que no se entendió del todo.

“Creo que es una canción revolucionaria Creo que su concepto es revolucionario.  Pero no lo sé, por otra parte, podría ser ignorada o malinterpretada. Creo que es para las personas como yo, que son clase trabajadora, que se supone que deben ser procesadas en la clase media. Es mi experiencia, y espero que sea solo una advertencia para la gente, Working Class Hero”.

John Lennon, 1970

Working Class Hero fue parte de una línea de canciones políticas que comenzó con Revolutión de The Beatles en 1968 y culminó con el álbum de 1972, Some Time In New York City. Los fines de los años sesenta y principios de los setenta fueron un período fértil para la agitación política, con protestas contra la guerra de Vietnam, protestas mundiales en 1968 y el surgimiento de la Nueva Izquierda.

Seducido por estos movimientos, Lennon estaba desencantado con la forma en que sentía que los trabajadores eran utilizados por las clases altas para crear riqueza, y eran “dopados con la religión y el sexo y la televisión” como dice justamente en la letra, para permanecer como una clase baja. En este contexto, la descripción de “jodidos campesinos” era una crítica de su percepción de la clase dominante en lugar de las que dominaban. Y la linea “un héroe de la clase trabajadora es algo que hay que ser” es el ejemplo claro de su ironía revolucionaria.

Lennon fue criado en un hogar de Liverpool de clase media, pero, tal como pasó con la utópica “Imagine” del año siguiente, simplemente le pedía a sus oyentes que imaginaran una situación alternativa en lugar de tratarlo como un líder que predica desde un podio de honor. La línea de cierre, “Si quieres ser un héroe, simplemente sígueme”, estaba claramente destinada irónicamente en lugar del auto-engrandecimiento; después de todo, en 1970, Lennon se encontraba en medio de un largo período de dudas y de inseguridad, y no se sentía cómodo ser expuesto como líder, aunque sin lugar a dudas lo fue.

Por Patricio Avendaño R.

Cancionero Rock: “Sunburn”- Muse (1999)

Sunburn es  una canción que ya cumple 20 años y una de las melodías más reconocidas de los de Devonshire,  cuya selección como parte del setlist de los shows en los últimos años es un obligado y muy esperado por el público, pero también como es conocido en el Cancionero de Muse, tiene algunas historias que contar detrás.

Come waste your millions here / Secretly she sneers/ Another corporate show/ A guilty conscience grows/ I’ll feel a guilty conscience grow/ I’ll feel a guilty conscience grow

She burns like the sun/ And I can’t look away/ And she’ll burn our horizons make no mistake

La letra de la canción expresa,  según lo que el baterista de Muse, Dom Howard cuenta a Q Magazine: “Un cambio a un nuevo mundo, físico o mental que no es como se pensaba”. Además agrega cambios esenciales para el grupo en esos años: Desde Teignmouth, Inglaterra a Los Ángeles, EEUU; del anonimato a la fama; de la sencillez económica a la riqueza.

Otra interpretación adicional dada por su vocalista, Matt Bellamy, es una referencia a las relaciones amorosas, principalmente desastrosas.

Come let the truth be shared/ No-one ever dared/ To break these endless lies/ Secretly she cries

She burns like the sun/ And I can’t look away/ And she’ll burn our horizons make no mistake

And I’ll hide from the world/ Behind a broken frame/ And I’ll burn forever/ I can’t face the shame/ And I’ll hide from the world/ Behind a broken frame/ And I’ll burn forever/ I can’t face the shame

Corre el año ’99, cambio  a un nuevo siglo y milenio. Existían muchas predicciones de desastres y esperanzas igualmente de mejores tiempos, en general. Por ejemplo, un hecho bastante peculiar por esos años fue el llamado Efecto 2000 o Y2K, que básicamente era un error informático relativo al funcionamiento de los computadores sólo en los años que comenzaran con 19. La idea fue principalmente para ahorrar memoria, lo cual no predecía este pequeño futuro detalle que finalmente causó pequeños y puntuales estragos.

Desde lo musical, el grunge ya recientemente desaparecido, daba pie a nuevos estilos (nu metal) e influencias posteriores a este destacado género. En este contexto, aparece Muse con “Showbiz”. Muy amado y odiado a la vez, tanto por los críticos como por los nuevos seguidores u oyentes en general. A la agrupación con este disco, se le compara odiosamente con Radiohead, tanto en letra como en melodía, casilla que se lograron desmarcar a través de los años.

Afortunadamente, Muse (al revisar Sunburn, por ejemplo) demuestra que es mucho más que eso. Es un tema con nuevos aires, pensados e influenciados por bandas como Nirvana y Queen quienes son de Muse sus más destacados referentes. Y sí, Radiohead también está en la lista.

Su melodía crea una atmósfera densa, llena de tensión, con una dualidad que nos lleva desde el inicio de la dulce calma del piano, a la tormenta de los poderosos instrumentos y la desgarradora voz de Bellamy, dividida a su vez entre la angustia, el sufrimiento y la rabia.

En consecuencia, Sunburn es un tema especial y trascendental, altamente valorado no sólo por sus fans sino por aquellos que gustan del alt y prog rock. Marcó un sello distintivo e indeleble de los ingleses a partir de ahí hasta estos días.

Por Sandra López

Meshuggah en Chile: la matemática de la luz

Desde temprano el coliseo ubicado entre las estaciones de Universidad de Chile y Moneda comenzó a llenarse. La noche marcó una temperatura agradable a pesar de que los últimos días habían sido fríos. Los encargados de abrir la primera jornada en Chile de los suecos fueron la banda nacional All Tomorrows, quienes  brindaron un explosivo y muy buen aperitivo a los asistentes quienes los apoyaron en todo momento, dejando en claro por qué son uno de los números más aplaudibles por la crítica nacional y foránea.

Eran las 21:30 en punto y ya había sonado en los parlantes, repetitivamente, “Ma Baker” de Boney M., cuando Meshuggah hace su ingreso al escenario del Teatro Coliseo completamente colmado. Unos breves saludos y comienza el show. Iniciaron con “Pravus” del “obZen” encendiendo a sus seguidores que empezaron a mover al unísono sus largas melenas. Jens Kidman, el frontman de los suecos, comenzó a mirar desafiante cada vez que se daba un respiro en las líricas y eso, con el juego de luces tan propio de la agrupación, fue una catarsis. “Born in dissonance” y “The hurt that finds your first” dejaron claro que la noche estaría extrema y bien pesada.

“Rational Gaze” hizo lucir a plenitud lo que es el show de luces que ostentan los oriundos de Umeå. Desde las plateas hasta la cancha que estaba completamente saturada y con un piso resbaladizo, que hizo que muchos de sus asistentes cayeran debido a los líquidos de cebada que se acumularon en ciertos lugares del recinto, no fue excusa para saltar y moverse con la matemática de “Clockworks” y “Violent Sleep of Reason”, nombre y canción del octavo y último larga duración de los formados en 1987.

Meshuggah en Chile, fotos por Jerrol Salas

Luego de un muy breve descanso, la banda volvió al escenario donde interactuaron sus integrantes con parte del público, regalando uñetas y algunas miradas a ciertos fanáticos que fueron los que más energía derrocharon en la primera fila. Si bien algunos problemas técnicos afectaron el micrófono de Kidman, no fue impedimento para que las guitarras, batería y bajo sonaran con la potencia necesaria.

“Lethargica” reanudó la energía en los asistentes siendo el preámbulo para una de las canciones más esperadas por la fanaticada como es “Bleed”. La tercera pista del “obZen” tiene un gran recibimiento por la fanaticada la cual gustó y cantó con los más de siete minutos que duró el track. Un gran momento de la primera jornada. “Demiurge” del LP “Koloss” fue la que eligieron para el cierre de la primera jornada de Meshuggah, dejando la vara demasiado alta para lo que debiese ser la segunda fecha que está contemplada para la noche del sábado en el mismo Teatro Coliseo.

Si bien los suecos tuvieron pequeños problemas de sonidos, específicamente en el micrófono, eso solo fue un detalle de una noche redonda en la cual repasaron gran parte de su amplia discografía. Los suecos, con el virtuosismo de cada integrante, sumando un espectacular y meticuloso juego de luces, muy bien tomado de lo que ha sido la escuela de Nine Inch Nails y Prodigy, premió a un público que ya se está acostumbrando a verlos cada tres años por estas latitudes y donde su fanaticada está creciendo por miles. Meshuggah, con sus más de 30 años de experiencia, demuestra cada vez que son un espectáculo sólido y que merece ser presenciado en un recinto más grande, pero que no deja de invalidar que en el Coliseo se disfruta como si estuviesen tocando en alguna localidad de Europa del Norte.

Bad Reputation: el triunfo de Joan Jett

En el marco de la 15ª versión del Festival In-Edit, la noche del viernes 26 de abril se estrenó en suelo local una de las cartas prometedoras: Bad Reputation (2018). Documental dirigido por Kevin Kerslake; y que por el título, se deduce de manera perfecta a quién se alude: Joan Jett.

Un relato, que bordea los 90 minutos de duración, en primera persona; con la protagonista haciendo de maestra de ceremonias. Con una carrera que va encaminada a los cincuenta años, y que más veces que menos le fue ingrata; siempre, e injustamente, vapuleada. Desde el minuto cero llegando a su primera clase de guitarra, siendo una niña, reprochándosele “que las chicas no tocan rock and roll”. Es allí Joan quien habla largo y tendido sobre los 70’s: la movida hollywoodense, lo que significó en esos primeros años la figura fuerte del productor Kim Fowley, cómo nadó contra la corriente hasta formar The Runaways —por completo impensado una banda de mujeres, que más encima eran adolescentes.

The Runaways, Joan Jett la segunda de izquierda a derecha.

Sin contar que aquello ni de cerca se trató de estar en la cúspide, ya que nunca les dejó de llover sobre mojado; muchas veces tratándose del ninguneo de la industria como lo más leve. Dentro de este segmento, que abarcó de 1975 a 1979, contamos con una invitada especial: la otrora vocalista Cherie Currie.

Y tras la separación de la banda, añadida una pequeña etapa en que literalmente se borró de todo, fue que apareció el otro hombre fuerte: el productor Kenny Laguna —también muy presente a la hora de participar en el documental. Desde el primer momento se transformó en la ayuda que Joan siempre necesitó, en las buenas y malas; cultivando de paso una genuina amistad y admiración mutua, que sigue en pie hasta el día de hoy.

Kenny Laguna y Joan Jett.

Él fue el elemento clave para traerla de vuelta al ruedo, esta vez en formato solista con su proyecto Joan Jett & The Blackhearts. Sin detenerle las frustraciones a las que ya estaba acostumbrada; como por ejemplo de ser rechazada por docenas de sellos discográficos, cuando tenía escrito su disco debut. Decididos a tal punto que optaron por arriesgarse, produciéndolo de forma independiente con el sello que crearon, se lanzaron a la piscina. Luego de un impensado apabullante éxito de sus dos primeras placas —gracias a hits como Bad ReputationI Love Rock ‘N’ Roll y Crimson and Clover—, llegó entre ello un contrato discográfico, pero que se mermó con los siguientes trabajos que no cumplieron con las expectativas de los ejecutivos.

Se resumió de esa forma los mediados de los 80’s para Joan Jett, que agotada, por esa época también probó con la actuación en la película Light of Day (1987); que co-protagonizó junto a Michael J. Fox —otro ilustre al que también se le ve en pantalla. Su último espolonazo, a gran escala, lo otorgó la placa Up Your Alley (1988); aliándose con gigantes de la industria, de la talla de CBS-Sony y Polydor. De allí salió el mega éxito, co-escrito junto a Desmond Child, I Hate Myself for Loving You.

Pero desde que comenzaron los 90’s, hasta hace pocos años atrás, volvió el periodo de vacas flacas. Donde el foco musical de Joan se escabulló y comenzó a ejercer otras funciones —y así nos lo hace notar incisivamente el director. Productora de bandas punks, activa feminista y animalista; entran con fuerza en la ecuación personas desde la vocalista de Bikini Kill, o Miley Cyrus. Que contrastan con gente que ya venía apareciendo como Pete Townshend, Iggy Pop o Billie Joe Armstrong; que desmenuzaban el ámbito musical puro y llano.

Dejando atrás ese lapsus nebuloso, diluido de su eje central, se llega primero al año 2014: ejerciendo su influencia en Dave Grohl y Pat Smear, al cubrir el lugar de Kurt Cobain para la ceremonia de inducción de Nirvana al Salón de la Fama del Rock; y para el año siguiente ser ella la homenajeada e inducida en el mismo lugar. Con ello se cierra el círculo argumental, con la pantalla en negro y la aparición de los créditos; pero Joan sigue en pie, incombustible, todavía girando y dando conciertos sin detenerse. Porque tiene una reputación que mantener: una que le ha costado conseguir con mucha sangre, sudor y lágrimas. Una verdadera historia de esfuerzo que debe verse.

Segunda y última función el martes 30 de abril — 22:00 horas en el Teatro Nescafé de las Artes, entradas a través del sistema Ticketek.

Cancionero Rock: “Round and Round” – Ratt (1984)

Salidos de las cloacas del Sunset Strip angelino, Ratt desde un comienzo supo cómo capitalizar: para 1983 publicaron un EP homónimo, de manera independiente; para un año más tarde, a través de Atlantic Records, lanzar su ópera prima: Out of the Cellar. En ambas portadas como figura central apareció la actriz Tawny Kitaen, que por aquel entonces era novia de Robbin Crosby, segunda guitarra de Ratt —antes de, a fines de la década, relacionarse con Whitesnake y se casara con David Coverdale.

La tercera pista del disco se trató de su single inaugural: Round and Round. Sinónimo por antonomasia de la banda, el que más alto escaló en los rankings (#12 del Billboard Hot 100), y que hasta la fecha es la canción elegida para cerrar los conciertos. Bordeando los cuatro minutos y medio de duración, nos encontramos con un rock callejero sin sutilezas: “Afuera en las calles ahí es donde nos encontraremos. Haces la noche y yo siempre cruzo la línea; apretamos nuestros cinturones, abusamos de nosotros”, comienza con completa soltura tras el micrófono Stephen Pearcy; acompañado de las guitarras afiladas del ya mencionado Robbin Crosby y Warren DeMartini.

El videoclip fue el inicio de una gran racha, y que los tuvo en todo momento de los 80’s como una cara visible de MTV. Con un argumento sencillo, la banda tocando frenética en un desván, y justo debajo de ellos teniendo ocasión una cena elegante. El mayordomo, coludido, termina ofreciéndoles a los comensales una charola de plata, para luego quitarle la tapa y descubrir puñado de ratas vivas. Pese a que siguieron facturando material de la misma calidad los años siguientes, Round and Round se transformó en la primera que viene a la mente. Consiguieron que todo diese vueltas y vueltas.

Discomanía: “Pinkerton”, el lado oscuro de Weezer

Conocida es la historia de algunas bandas que con su disco debut sorprenden al mundo, alcanzando un éxito muchas veces exorbitante e inesperado; este mismo éxito, en muchas ocasiones, llega a afectar la vida de los propios artistas, mostrándose incómodos, asqueados y con muchos conflictos que nacen a partir de esta misma fama, por otra parte, comienzan a crecer las expectativas tanto en fanáticos como en la prensa especializada, quienes de manera ansiosa y muchas veces morbosa, se preparan para digerir el nuevo material de la banda de turno.

Los estadounidenses de Weezer, posterior al éxito abrumador de su disco debut, comenzarían a trabajar en nuevas melodías, pensadas originalmente para ser incluidas en una ópera rock. Estas nuevas composiciones emprenderían un camino distinto con un carácter confesional, es así como fue brotando “Pinkerton” (1996), nombre inspirado en el antagonista de Madame Butterfly que termina destruyendo todo lo que ama, un concepto más que apropiado para un álbum que abordaría de manera cruda las desilusiones amorosas y frustraciones sexuales del propio Rivers Cuomo, dejando en evidencia que la vida de Rockstar le había afectado profundamente.

Decididos a capturar toda la esencia y energía de banda tocando en vivo, son los propios músicos quienes deciden producir el álbum, logrando un sonido áspero y visceral, esto se puede percibir en el arranque del disco con “Tired of Sex” una canción rabiosa en donde el nerd de Cuomo expone estar cansado de sus encuentros sexuales sin sentido y pidiendo a gritos el amor verdadero, el cual, en muchas ocasiones evade.

Las críticas no tardarían en llegar, tanto para el disco como para su primer single “El Scorcho”, canción que a pesar de tener un coro pegadizo y una tremenda energía, no lograría los resultados esperados, acá la letra básicamente habla sobre la timidez y la torpeza que tiene Cuomo para acercarse a la chica que le gusta.

Una de las cosas que más queda al oír su letra es aquella parte de “I asked you to go to the Green Day concert / You said you never heard of them”, una gran canción que en su momento no fue valorada del todo y que solo el tiempo la situará en el lugar que le corresponde.

El sello de la banda al ver que los resultados, tanto en las ventas como en los ranking, no eran los mejores, se apresuro en sacar el segundo sencillo “The Good Life“, el tema relata el renacimiento de Cuomo después de una crisis de identidad en su periodo universitario tras una dolorosa cirugía en su pierna. En pocas palabras, pide regresar, salir de esa vida de estudiante de Harvard y quizás volver a la vida del rock and roll. “It’s time I got back, it’s time I got back / And I don’t even know how I got off the track I wanna go back”.

Pink Triangle“, es una historia del amor no correspondido con una chica lesbiana, o al menos eso fue lo que pensó Rivers Cuomo , al ver a esta chica de la universidad con el triángulo rosado en su mochila (símbolo conocido por la comunidad gay que recuerda el exterminio de homosexuales durante el nazismo), a pesar de la intensidad de la canción y de toda su onda, el sencillo es uno de los menos exitosos en la carrera de la banda, en definitiva, el disco se comenzaba a hundir en un mar de incomprensiones y fracasos en lo comercial.

La banda se encontraba con la moral baja y con tensiones que cada vez se hacían más evidentes, además el conjunto debió enfrentar una serie de eventos desafortunados, los cuales terminarían por provocar un receso indefinido en sus actividades, de esta forma no regresarían al estudio hasta finales del año 2000.

Con el trascurso del tiempo, el consumo de la música comenzaba a sufrir ciertos cambios y las nuevas bandas de Rock alternativo, Punk o de la movida Emo, curiosamente, citaban a Weezer como su mayor influencia, en el que claramente sería el resurgimiento de la obra de Rivers Cuomo, quien se terminaría convirtiendo en el superhéroe de los inadaptados, dando un giro enorme en la desgraciada historia de este disco.

La crítica especializada, también comenzaba a modificar sus opiniones, incluyendo este trabajo de Weezer dentro de los mejores discos de todos los tiempos, comenzando a coronar de esta forma el triunfo de un álbum profundo y valiente, en donde las emociones se desnudarían con una honestidad brutal, en una obra que injustamente no contaba con el lugar que se merecía, fueron muchos los años que debió esperar “Pinkerton” para pasar de lo vergonzoso a obra fundamental, la justicia tarda, pero llega.