“Ballbreaker”: la implacable bola demoledora de AC/DC

“Ballbreaker”: la implacable bola demoledora de AC/DC

AC/DC abrió década con el muy correcto The Razors Edge (1990); que después de mucho tiempo los trajo de nuevo a las primeras planas —por ejemplo volviendo a encabezar el festival Monsters of Rock de Donington, concierto que endosó la videografía oficial. Atrás quedó la débil segunda mitad de los 80’s, que sin ser desastrosa es la etapa menos iluminada de la banda australiana. Con esos últimos números positivos se lo tomaron con calma, por primera vez en su carrera, dejando pasar un lustro para su siguiente trabajo: Ballbreaker, editado el 26 de septiembre de 1995. La 12ª placa, a nivel internacional, de la cual se hizo cargo en un comienzo Rick Rubin —quien ya dijo presente para la canción Big Gun (1993), que endosó la película Last Action Hero; pero por diferencias de estilo entre ambas partes, la labor fue finalizada por Mike Fraser.

El single promocional punta de lanza también figuró como la pista inicial: Hard as a Rock, rescatado de las sesiones de Who Made Who (1986), se transformó en un éxito instantáneo —y que para el video mostró a Angus sentado sobre la temática bola demoledora, en sus palabras muy nervioso por el temor a las alturas, para luego emerger desde dentro de la misma. En directo el guitarrista se roba la atención por un segundo, cuando se le acerca el micrófono y vocifera “Harder than a rock!”; que es suficiente para la efervescencia del público. Acompañado de imágenes humorísticas, en la pantalla gigante tras el escenario, cargado a lo sexual —donde no falta el tren que entra y retrocede del túnel.

En aquella línea lasciva a la AC/DC le acompaña también Cover You in Oil, casi como una travesura infantil —cuyas modelos del video no dejaban nada a la imaginación. “Dirás que hay muchos temas de sexo, y tienes razón. ¡Pero lo pasas fantástico!”, aseveró por esos días Brian Johnson. The Honey Roll y Caught With Your Pants Down, como otras de las muestras.

Un sonido como se espera de ellos, sin mayores cambios desde los primeros días, pero que incluye un elemento extra: el retorno, después de doce años, del insigne baterista Phil Rudd —dejando atrás los pasos de Simon Wright (1983-89) y Chris Slade (1989-94); configurarse de nuevo la alineación de Back in Black. Y la pegada con aquel swing se ve patente en Love Bomb o Whiskey on the Rocks, como en la baja de tempo de Boogie Man —un heredero de Bad Boy Boogie (1977); y que sirvió en vivo para que allí fuese el strip tease, de chaqueta y camisa, del guitarrista.

Hail Caesar, otro de los puntos altos, con la grandilocuencia y madera para ser un hit de grandes arenas y estadios; a la par con el videoclip, cuyo grueso son los divertidos montajes de Angus dentro de películas clásicas —pero al que le alcanza a dar una visión sobre regímenes totalitarios, Malcolm usando de ejemplo al nazismo; situación que también tocaron con The Furor. Asimismo se valieron de una historia real de 1993, salida de la ciudad tejana de Waco, para Burnin’ Alive; donde unos sectarios terminaron muertos durante una redada.

Ballbreaker, cuya bajada de telón es la oportuna y punzante pista homónima —que terminó de configurar el escenario para la gira mundial, teniendo como eje central a la grúa con la bola demoledora; y que en aquella canción el vocalista estaba sentado desde las alturas en ella. Siguió la intachable racha de AC/DC, en una década cuando muchos de los antiguos estandartes trastabillaron ante el giro de la industria musical; como botón de muestra quedando la sólida presentación en la Plaza de Toros de Madrid —puesta a la venta, en video, bajo el nombre de No Bull (1996). La buena factura hizo que poco importase que volviesen a tomarse otro lustro de descanso —hasta el regreso con Stiff Upper Lip (2000). Y cuya guinda del pastel fue el interior del booklet: cada canción contando con una refinada ilustración, de marcada inclinación al comic estadounidense; para nada de extrañar ya que todas llevaron firmas de artistas de Marvel.

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