Baroness: “Gold & Grey” (2019)

Partamos con una consigna clara: “Gold & grey” es un excelente disco. Tan bueno o mejor que Yellow & green (2012), el osado álbum doble que marcaría el quiebre en la historia de Baroness, no solo por el atrevimiento a probar con nuevos ingredientes en su sonido, sino porque durante la promoción de aquel registro la banda sufriría el accidente en carretera que, a la postre, dejaría en la banda únicamente a su líder, el inquieto John Dyer Baizley.

“Gold & grey” es el decidido retorno de los de Savannah, Georgia, al ruedo de las canciones diversas y emocionantes, al disco “caja de sorpresas” que se mueve intrépido entre el metal sabbathico y la experimentación sicodélica, pasando por una serie de atrapantes matices. Al principio, nos engaña un poco con ‘Front toward enemy’ y ‘Seasons’, que nos llevan erróneamente a pensar que estamos frente a un disco potente, pero plano, como su antecesor “Purple” (2017). Pero desde la pegada entre la hermosa balada acústica ‘Sevens’ y la potente ‘Tourniquet’ en adelante, se siguen una sorpresa tras otra, subidas y bajadas bruscas de decibeles, y giros inesperados de trama. La banda se guarda lo mejor del repertorio para el tramo medio y final. ‘Blankets of ash’, ‘Emmett -radiating light’ o la electrónica y experimental ‘Assault on east falls’ muestran a un Baroness haciendo un cinematográfico rock sicodélico que recuerda a otros proyectos de herencia floydiana como Storm Corrosion o el Opeth más introspectivo. ‘Pale sun’, la encargada de cerrar, es un magistral space rock que combina olfato pop, virtuosismo, y la visceralidad del aullido de Baizley. Amarra de forma excelente 17 tracks que consiguen algo improbable: mantenernos atentos hasta el final.

La nueva formación del grupo es un lujo. Nick Jost es un monstruo del bajo cuyo virtuosismo se hace notar cada vez que la canción lo exige, como ocurre en la espacial ‘Borderlines’ o la rítmica ‘I’m already gone’. Por su parte, la guitarrista Gina Gleason -ex miembro creativo del Cirque du Soleil y virtuosa guitarrista de sesión- otorga un matiz muy notorio, no solo porque los sonidos de su guitarra se acoplaron perfectamente al sonido de Baroness, sino que su registro vocal entrega un matiz melódico que se complementa de gran forma con el registro más rústico de Baizley, algo que se nota especialmente en la hermosa ‘Cold-blooded angels’.

“Gold & grey”, el cierre de la “saga cromática” de Baroness es, felizmente, uno de los álbumes más atrevidos y entretenidos del año, y es un agrado que provenga de las aguas algo estancadas del rock pesado.

Por Felipe Godoy Ossa

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