“Black Ice”: AC/DC golpeando con fuerza los 00’s

“Black Ice”: AC/DC golpeando con fuerza los 00’s

Se habían tomado un descanso más largo del habitual, llegando a los ocho años desde la publicación de Stiff Upper Lip (2000). La dilatación obedeciendo al cambio de casa disquera, de Elektra a Columbia, como así esperando la recuperación del lesionado bajista Cliff Williams. Eso sí, antes que cerrase la década mostraron algo a la altura de la circunstancia: Black Ice, llegado a estanterías el 20 de octubre de 2008. Al igual que su antecesor recalando en el Estudio Warehouse de Vancouver, propiedad de Bryan Adams, y convocando como productor a Brendan O’Brien —saliente de trabajar con Velvet Revolver, en su segunda y última placa Libertad (2007). Mike Fraser, inamovible desde 1990, por supuesto encargándose de la mezcla.

La 14ª pieza del catálogo internacional siendo adelantada por Rock ‘N’ Roll Train, un fresco neo clásico instantáneo que también inició el disco. Bautizado en su concepción como Runaway Train, entregó la imaginería para lo que fue la gira mundial; con la locomotora de gran tamaño abriéndose paso, con escándalo, en el centro del escenario antes de comenzar —por ende siempre quedándole la primera posición de los conciertos. Un riff seco y filoso de Angus, apoyado desde atrás por Malcolm y sus segundas voces en “Running right off the track!”, valiéndole ser un favorito de la temporada. El álbum resultó ser el de mayor extensión, empinándose hasta las quince canciones —decisión que consiguió detractores; con un no menor número de ellas invocando, en sus rótulos, referencias al rock o sus correspondientes derivados: She Likes Rock ‘N’ Roll, la melódica Rock ‘N’ Roll Dream, y Rocking All the Way. Recurso siempre utilizado por ellos, pero hasta allí nunca en una medida tan grande; cliché que recordaba al por entonces de moda Pomelo, personaje creado por el humorista argentino Diego Capusotto.

Pasar del groove, dado por la batería de Phil Rudd, en Skies on Fire; Big Jack recordando en un alcance de nombre a The Jack (1976). Anything Goes, cuyo clip rescató una presentación en París (2009), quedando como el elemento de ligereza dulzona; en contraposición con la contigua War Machine. Pesada y machacante, hasta la fecha siendo la única de los australianos en adjudicarse un premio Grammy —a la mejor interpretación hard rock (2010). Derivó de un documental visto en televisión por Angus, quien acota: “Se remonta a otros tiempos, cuando el imperio romano luchaba contra el poder de Cartago, meter un poco de historia universal aunque sea. Leí sobre la campaña que emprendieron y se me quedó grabada en la memoria y, por supuesto, puedes sugerir un equivalente con lo que pasa hoy en el siglo XXI; con la excepción que en aquel tiempo no tenían bombas atómicas. Pero, por cierto, que poseían su armamento; que en aquellos días parecía terrorífico”.

Medios tiempos como lo son Smash ‘N’ Grab y Spoilin’ for a Fight; el desenfreno de Wheels, que rescata el conocido fanatismo de Brian Johnson por participar en carreras de automóviles, opuesta a las bajas pulsaciones de Decibel —vibra que se extiende hasta las monolíticas Stormy May Day y Money Made. El cierre quedándole al tema homónimo, Black Ice, título atrayente que el encargado de las seis cuerdas sacó de su tierra natal: “En el norte de Escocia, y en general en los países nórdicos, durante el invierno es mencionado en radio y televisión; como una precaución en la carretera, es extremadamente peligroso encontrarse con el pavimento cubierto de una placa de hielo. ‘¡Cuidado! Hielo negro’, suena como algo siniestro y mortal”.

Poniendo los puntos sobre las íes abordaron el siglo XXI, por segunda vez llegando al #1 del ranking Billboard 200; tras For Those About to Rock (1981). Publicación laureada, con diferentes colores y sutiles cambios de detalles en las portadas, que dio de que hablar por aquellos días: desde la negociación con Walmart, que tuvo la distribución exclusiva en Estados Unidos, como AC/DC negándose a que llegase a plataformas digitales —recién dando su análogo brazo a torcer en 2012; sumándose el muy aplaudido recorrido promocional, que terminó entregando el registro oficial Live at River Plate. Pero lo que nadie sospechó es que ese sería el final de la preciada alineación Back in Black: se trató de la última participación de Malcolm, pilar fundacional, que se vio obligado a retirarse en 2014; afectado por demencia, falleciendo tres años después. La agrupación prevaleció, quedándole la vacante de la guitarra rítmica a su sobrino Stevie, como se vio en Rock or Bust (2014) y el reciente Power Up (2020), pero nunca dejando de mirar hacia atrás; sólo rescatando material previamente escrito por los hermanos Young.