“Blood of the Nations”: la resurrección de Accept

“Blood of the Nations”: la resurrección de Accept

Un nombre que resurgió en la década recién pasada, y con bastante fuerza, fue el de los alemanes Accept. La telenovela había sido lo suficientemente grande desde fines de los 80’s, cortesía de las idas y vueltas del incombustible Udo Dirkschneider —quien a la par lidiaba con su proyecto paralelo, la banda U.D.O.; a la cual le puso pausa entre comienzos y mediados de los 90’s, para regresar a Accept. Los teutones cesaron actividad ya para 1997, y no se supo más de ellos desde entonces —descontando una gira de reunión, en 2005, donde reapareció el pequeño vocalista. Todo lo demás quedó para el recuerdo, incluyendo la efímera incursión en voces de David Reece (1988-89).

Pero casi terminando los 00’s, en exclusiva durante dos episodios de That Metal Show (2009-10); hubo noticias de una nueva encarnación, dejándole el micrófono al estadounidense Mike Tornillo —que cierta fama obtuvo con T.T. Quick; la otra adición siendo Stefan Schwarzmann en batería. Lo demás de la ecuación siguió siendo la misma del multi platino Balls to the Wall: Wolf Hoffmann y Herman Frank en guitarras, y Peter Baltes en bajo. Resultando casi profético para ellos el tema New World Comin’, que vino dentro de la siguiente entrega de estudio —la primera en catorce años: Blood of the Nations, puesta en estanterías el 20 de agosto de 2010 y producido por Andy Sneap —quien venía de producir Endgame, de Megadeth.

Y de buenas a primeras, entran con rabia encomendándole el inicio a Beat the Bastards; sin guardarse ninguna sutileza —lo mismo que para el cierre a cargo de Bucket Full of Hate. Heavy metal germano fresco y pulido. Desde ese primer momento Tornillo enseñando sus pergaminos; que pese a mostrar cierta tesitura a su antecesor, no se trata de un clon vocal y termina brillando con luz propia —no quedándose atrás al momento de componer, correspondiéndole la co-autoría de Rolling Thunder.

El batatazo lo otorga la segunda pista: Teutonic Terror. Un título inmejorable, que además fue el irrevocable punto de partida de la última parte de la gira promocional —y a posterior, por lo general, un eje central del bis. Un éxito instantáneo, el mayor de este nuevo aire, que nada más al ser presentado lo puso todo de cabeza; una gesta heroica que ensalza a los sables de seis cuerdas —el videoclip mostrando el nivel de cohesión que ya tenían, en una sesión dentro de un depósito de chatarra militar y donde no escasea el fuego. Rescatando la costumbre de insertar reinterpretaciones de música clásica, como ya lo hicieron en Metal Heart (1985), añadieron algunos fragmentos de Concerto Mondiale —que vuelve a aparecer en Shades of Death, la cual reluce como la de mayor duración.

The Abyss, único single promocional del disco, que corre a la par con la canción homónima: Blood of the Nations —a ratos sonando monolítica y con portentosos coros graves; en un tópico bélico y genérico. Las aceleradas No Shelter y Locked and Loaded, en contraposición al tono suavizado de Kill the Pain. Pandemic, en tanto, otro punto alto que se convirtió en un favorito en vivo; que habla acerca de la enfermedad del metal que ansiaban liberar —palabra ingrata por estos días, debido al Covid-19.

Bajo el alero del sello Nuclear Blast, idóneo para Accept —que se ha mantenido en las siguientes y periódicas publicaciones; Blood of the Nations fue el punto bisagra para una agrupación que llevaba mucho tiempo en el limbo. Como de costumbre muy inclinado al buen riff de la Flying-V de Hoffmann, y apoyado por el muro sónico de Baltes. Aquel de la portada con una mano ensangrentada, haciendo con los dedos el gesto de la victoria, fue la suficiente inyección para tenerlos de nuevo en las primeras planas; muy alejados del cliché número de la nostalgia, con una energía envidiable y siempre teniendo algo por mostrar.

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