Blues Pills apuesta al vintage de sus inicios con “Holy Moly!”

Blues Pills apuesta al vintage de sus inicios con “Holy Moly!”

Tuvimos que esperar bastante para escuchar el tercer trabajo de esta banda sueca de blues-rock, liderada por la fantástica voz de Elin Larsson. Como ya viene siendo costumbre, este disco no estuvo exento de cambios de formación, y con la ida del guitarrista Dorian Sorriaux, uno de los principales responsables del sonido de los primeros álbumes, la banda debió reorganizarse para no bajar peldaños dentro de la escena rockera actual. Una de las decisiones que tomaron para “Holy Moly!”, fue construir un estudio propio para crear música sin presiones, lo cual le otorga a esta placa  un sello analógico que, quizás, puede ser el inicio de una etapa alejada de los desafíos de la industria. El set de canciones vuelve a la estructura de su disco debut tan bien criticado, resaltando la esencia rockera y blues, donde el soul es un elemento de apoyo y que se expresa, principalmente, en la interpretación de Elin, que en esta ocasión acompaña a las canciones y no está por sobre ellas.

“Holy Moly!” destaca por el pulcro trabajo de producción. Todo parte fenomenalmente con “Proud Woman”, el mejor corte del disco y un gran opener hard-rock, sin puntos bajos. Elin estampa su calidad interpretativa con un tono  demoledor y que se mueve entre las posiciones rock y soul, dando paso a la locura que es “Low Road”, track donde comprobamos lo bueno que es Zach con la guitarra y el buen complemento que hace con el bajo. Dreaming My Life Away”  también es rockera, con  guitarras afiladas y otra gran presencia vocal. Son tres temazos con mucha pegada y con una voz que sube a notas altísimas, que contrastan con la calidez del track que sigue: “California” es un sonido clásico, hecho  para el lucimiento de la cantante, quien alcanza notas complejas al más puro estilo Janis Joplin. La segunda mitad del disco es más “disfrutable” y la inicia “Kiss My Past Goodbye”, y que vuelve a sopesar la buena dupla de Elin al micrófono (mucha actitud) y la guitarra de Zach. También podemos destacar a la gospel “Wish I’d Known”, delicada y limpia en su composición musical y vocal, o la imprevista “Song from a Mourning Dove”, que incorpora teclados y un extenso solo, donde se extraña un poco la variedad que Dorian le imprimía a esos pasajes de cuerdas. Destacamos que Zach Anderson brilla y se acopla bien al resto, pero sigue una estructura ya conocida para no salirse del guion.

“Holy Moly!” cumple con el sello de calidad que distingue a los suecos desde 2013, cuando dieron el golpe y la crítica los alabó como nuevo baluarte del blues-rock. Hay que escuchar más esta nueva producción para comprobar si va a quedar al nivel de los dos discos anteriores de Blues Pills, pero de todas maneras se certifica que hay talento y nostalgia para quienes disfrutan de un rock con onda más orgánica.