Cancionero Rock: “Aneurysm”- Nirvana (1992)

Cancionero Rock: “Aneurysm”- Nirvana (1992)

Tras el huracán “Nevermind”, Sub Pop necesitaba estirar el elástico y crear más demanda por Nirvana. Su estrategia no fue muy novedosa, pues ya en los ’80 la publicación de álbumes con “lados B” era muy utilizada para mantener a los fans cautivos; de esta forma nació “Incesticide”, el que no fue muy bien tratado en el listado de ventas, pero del cual nadie puede decir que estaba falto de calidad. Las canciones que lo componen eran una colección de momentos de la vida de Cobain al dejar Aberdeen y expone distintas temáticas, siendo una de las que más lo inspiraron, sus experiencias amorosas y su relación con la heroína. “Aneurysm” forma parte de ese relato.

La letra de Cobain es sencilla y tiene su origen en el otoño de 1990, cuando Dave Grohl se unió a la banda y comenzaron a escribir y ensayar con todo. Con los años, a “Aneurysm” se le han atribuido dos interpretaciones relacionadas: las andanzas con Tobi Vail y sus inicios con la droga. Craig Montgomery, técnico de sonido en 1990, señalaba que cuando Nirvana daba indicios de cierta solvencia musical, esta canción fue una de las que alcanzó a quedar terminada y que a él le encantaba, sobre todo por la voz que le ponía Kurt y por esa guitarra que jugaba entre lo limpio y lo sucio. Lo que estaba intentando conseguir Kurt, era un tema que sonara espectacular en vivo. Posteriormente, y aprovechando una sesión para la BBC, con Mark Goodier, el grupo volvió a grabar el tema con la versión que aparecería después en “Incesticide”. Vale la pena adentrarse en esta canción, sentir como la fuerza de la guitarra altera todo.

Cara B de “Smells Like Teen Spirit”, se resume en la frase “Te quiero tanto que me haces vomitar”, pues vincula su sufrimiento por el quiebre con Tobi Vail, pero también se ajusta a la relación amor-odio que empezaba a tener con las drogas. Según un ránking que elaboró la BBC el año 2000, los fans escogieron “Aneurysm” como la tercera mejor canción de la banda, y si revisan la interpretación en el Reading Festival de 1992, no hay más que hacer que rendirse ante un tema inmenso.

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