Cancionero Rock: “Behind the Wall of Sleep” – Black Sabbath (1970)

Cancionero Rock: “Behind the Wall of Sleep” – Black Sabbath (1970)

El sueño ha sido estudiado durante siglos por varios autores, quienes lo han asociado con simples destellos de la vigila que permanecen vagando en la mente, con reminiscencias de la niñez que quedan depositadas en algún lugar del subconsciente, con deseos extraños que la persona no se atreve ni siquiera a pronunciar estando despierta. El sueño representa, también, un conjunto de imágenes incoherentes que se posesionan de la mente, pero también representa un marco complejo de situaciones con significados profundos para la vida de cada persona.

En la tercera canción del primer álbum de Black Sabbath: “Behind the Wall of Sleep”, el sueño se asocia a una  lúgubre y horrorosa premonición de la muerte: una imagen que permite vislumbrar el final de la vida y el paso a la eterna oscuridad. El sueño aquí es concebido como un muro que mantiene separada de la existencia la dimensión de lo inerte. Es la barrera que permite establecer una aparente desconexión entre la vida y la soledad del sepulcro. Pero al soñar el hombre es capaz de entender lo que no puede contemplar con sus ojos abiertos: lo que está más allá de la luz e incluso lo que se oculta en la oscuridad profunda de la noche: los secretos vedados a la consciencia pero de alguna extraña manera revelados temporalmente en la inconciencia del sueño.

En las visiones de la muerte en la canción de Black Sabbath hay pétalos de rosa marchitos, lamentos, quejidos, sensaciones que por unas horas convierten al cuerpo en un cadáver. Escalofríos, llanto y desesperación. Pero al brillar el sol el hombre despierta, y en la sucesión del día y la noche vive en una continua y prolongada espiral fatídica entre la vida y la muerte. El compositor de la letra de la canción, el bajista Geezer Butler, afirmó en una entrevista que: “Después de un sueño particular que tuve siempre pensé que lo que sueñas es lo que te está diciendo cómo va a ser tu muerte”.

La inspiración de la letra no solo proviene de la oscura interpretación que tiene Butler de los sueños, sino también de la historia escrita por H.P Lovecraft, una de las principales influencias en el Heavy Metal de los años 70, con todas esas figuras diabólicas que se encarnan en los más puros y bajos instintos humanos, con esas posesiones tenebrosas en el espíritu de los mortales que los lleva a cometer asesinatos para alcanzar la plenitud de la existencia, con la soledad de las tumbas, la misteriosa atracción hacia todo lo que sea prohibido y pueda generar una inquietante sensación de pánico. En la historia de Lovecraft, titulada: “Beyond the Wall of Sleep” un hombre es encerrado en un manicomio después de haber cometido un asesinato. En sus sueños sentía que un espíritu le hablaba y lo obligaba a vengarse en su nombre.  Primero aparecían unos edificios de luz verde, océanos de espacio, música extraña, sombras de valles y montañas. La entidad aparecía riendo, blasfemando y gimiendo. Su único deseo era la venganza, y atravesaba profundos abismos aniquilando cualquier obstáculo que se le presentará con tal de lograrlo.

La música en la canción de Sabbath trata de sonorizar, tal vez, el sueño del personaje en la historia del escritor norteamericano. Esa música extraña que generaba una atmósfera de terror y que ambientaba también los gemidos de la entidad demoníaca. La voz de Ozzy está grabada en varias capas, generando una resonancia macabra. El bajo trepida en las pausas de la guitarra. Hay un eco constante, una energía que no se mantiene sino que oscila y mantiene despierta la tensión. En los versos hay un diálogo psicótico entre la guitarra y la voz. Ozzy repite varias veces la frase “Get your body to a corpse”. Un solo en escalas menores, un ataque de la batería, distorsión, aumento en la intensidad, y otra vez de vuelta a ese diálogo venenoso. Al final la voz, la guitarra y el bajo se silencian. En ese valle mortuorio de imágenes negras y oníricas queda solo la batería, desconcertada, tocando un ritmo que se va apagando, lentamente, hasta que muere.

Por Alberto Aldana 

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