Opinión: ¿Qué te pasó, Maynard?

Conocí a Tool por allá por el año 2000. En ese entonces era “chica aggro” y solía escuchar con regularidad y fanatismo a grupos como Deftones y Korn. Fue precisamente viendo un especial de MTV de estos últimos que, por pura coincidencia, me encontré viendo el video de “Stinkfist” (“Ænima”, 1996) y preguntándome de qué galáctea venía esa huevada. Era demasiado bueno para ser verdad. Ese mismo día, recuerdo, intenté buscar en Napster (sí, así de añejo es lo que estoy contando) la canción del video que había visto, pero no podía encontrarla debido a que -¡oh, sorpresa!- en MTV habían censurado el nombre de la canción, titulándola “Track #1”. Buscando por aquí y allá en Altavista (SÍ, ASÍ DE AÑEJO ES LO QUE ESTOY CONTANDO), finalmente di con esa canción y muchas más. Conocí más del grupo, su biografía y los discos que tenían. Me centré en la figura de Maynard James Keenan (vocalista), una figura tanto enigmática como enfermiza, un tipo que era capaz de salir a cantar al escenario cuasi en pelotas vestido con un sostén y calzoncillo. Un tipo raro. Interesantemente raro.

En esa misma época salió “Mer de Noms” (2000), el primer disco de A Perfect Circle, grupo en el cual Keenan también era vocalista. “Judith” -el primer single de dicho disco- fue un mega hit, que pasaba frecuentemente tanto por la radio como por los canales de música del cable.

En esa misma época -en pleno apogeo del aggrometal- salió “White Pony”, el tercer disco de Deftones, un disco con momentos brillantísimos, siendo a mi parecer uno de los más notables el track “Passenger” donde, cómo no, aparecía Maynard James Keenan en las voces. Mi fascinación por él -sumado a que en ese tiempo andaba terrible engrupida con el aggro- hizo que amara de manera desmedida esa canción, que hasta el día de hoy sigue siendo una de mis favoritas de ese disco.

Frente a estos variados estímulos me fui fascinando con la figura de Keenan y su propuesta musical. Pero esa fascinación y respeto que sentía por cada uno de los proyectos o colaboraciones en los que estaba involucrado Keenan se fue desvaneciendo. Y todos sabemos que cuando a uno le deja de gustar un grupo o solista puede ser por dos cosas: 1) simplemente encontraste música mejor o tus gustos fueron cambiando; y/o 2) porque el grupo o solista se fue a la mierda. Y con Maynard James Keenan, intuyo, me debe haber pasado un poco de cada una.

Keenan gozaba de un respeto musical bien ganado, porque lo que estaba haciendo tanto con Tool como A Perfect Circle eran propuestas novedosas y musicalmente potentes. Recordemos que ya en el 2001 fue que Tool sacó lo que es, desde mi modesto punto de vista, el clímax de su carrera: “Lateralus”. Un disco que, rozando la perfección, profundizaba una volada mística extrañísima que ya se anticipaba desde “Ænima”. Buscando en internet me encontré con páginas enteras dedicadas exclusivamente a explicar los múltiples y recónditos significados de las canciones de esos dos últimos discos, llegando incluso a plantear que éste estaba pensado para ser escuchado en otro orden, y que en realidad había que cambiar de orden las canciones porque la letra de Schism decía que así había qZZzzZZZzzz. Algo que desde mi perspectiva actual me parece una reverenda paja, pero que en ese entonces generó en mi aún más fascinación por las letras y el imaginario de Tool, cayendo ya en el fanatismo declarado.

Pero algo pasó desde el año 2003 en Maynard James Keenan. No sé si fue la repentina sobreexposición producto de su trabajo con A Perfect Circle y de lo bien recibido de “Lateralus”  o simplemente que, al sentirse reconocido, tomó otra actitud frente a lo musical, pero, con todo respeto, Keenan se fue a la mierda. Ese año precisamente salió “Thirteenth Step”, disco que, aunque contaba con algunas modificaciones en su formación, conservaba lo sustancial (el genio creativo de Billy Howerdel y el talento lírico y vocal de Keenan), y que vino a consolidar el grupo y a hacerlo algo más que un proyecto pasajero.

Es en ese mismo disco -que, por cierto, es maravilloso- que ya notaríamos actitudes extrañas en Keenan. Por ejemplo: ¿han visto el video de The Outsider?

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Una soberana mierda. Sé que el video está relacionado con una película en la que actuó como “satanás”, película que ni siquiera he querido ver por las puras ganas que me dan de sacarle a la chucha a Keenan cada vez que lo veo en esa parada. Parada que, por cierto, adoptó de ahí en más, tratando de simular una especie de “dandy” rodeado de minas ricas. No es que yo quiera particularmente que el tipo se dedique exclusivamente a cantar sobre secuencias Fibonacci o la cábala, pero francamente, pasó de un extremo al otro, sin puntos medios. De la cabezonería máxima a lo más burdo. ¿Se habrá cansado de lo cabezón que se estaba poniendo Tool? Quién sabe.

Fue alrededor de esta misma época que Keenan lanzó otro proyecto paralelo, llamado Puscifer, un grupo que, a mí modo de ver, es una gran bosta. Ahondando en la senda de lo burdo, hasta el extremo. Puta el grupo malo. Y cada vez que recuerdo lo mala que es su música, sólo me queda la sensación de que si tiene algún fan dando vueltas por ahí es básicamente porque ES MAYNARD JAMES KEENAN, y no por mérito musical intrínseco.

También en ese mismo tiempo fue que Keenan se lanzó al mundo de los vinos, promocionando incansablemente sus productos como quien publicita merchandising de cualquier tipo. Inclusive, hay un documental al respecto. 

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¿Alguien que esté leyendo esto habrá sido tan fanático como para comprarle su volada de los vinos y habrá encargado o esté deseoso de encargar vino para probarlo sólo porque es de Keenan? Dios quiera que no. Aún tengo algo de fe en la humanidad.

Llegaría el año 2006 y, con él, el último disco de Tool a la fecha, “10.000 days”. En su momento me gustó, sí, pero nunca tanto como Lateralus. Y ahora que puedo verlo en perspectiva y que ha pasado suficiente tiempo como para digerirlo, creo que me queda la amarga sensación de que intentaron replicar la complejidad intelectual y musical de Lateralus, que con “10.000 days” parece ya una caricatura. Puedo decir hoy en día que “10.000 days” debe ser el disco que menos me gusta de Tool, porque aunque tiene pasajes notables (“Vicarious” o “Rosetta Stoned”), también unos que francamente son para el olvido (“Right in two”, “The Pot”).

Ha pasado el tiempo y puedo decir que hoy en día creo que Maynard James Keenan se ha transformado en una especie de payaso del rock. Que de ser un tipo respetado ahora es un huea. Se supone que se avecina un nuevo disco de Tool, pero ya no siento la misma necesidad imperiosa de tenerlo en mis manos. Ni siquiera de escucharlo.

¿En qué punto habrá incidido esta especie de caricaturización de Maynard James Keenan en lo que yo siento como una especie de caricaturización de Tool? ¿Es justo dejar de lado a un grupo simplemente porque uno de los tipos que lo componen dejó de caerte bien? Ciertamente, no. Pero puta que incide.

Es evidente que cada cosa que aquí he dicho no deja de ser una simple opinión entre muchas, pero hasta el momento no me he topado con nadie que la comparta.¿Y ustedes, siguen respetando a Maynard James Keenan? Me encantaría saber por qué. En una de esas, quién sabe, logran cambiar mi percepción al respecto.

Fran D.

Opinión: “El eterno tributo”

Es normal hoy en día en Santiago de Chile y en cualquier provincia de nuestro país, toparse con una agenda musical cargada a la “banda tributo” como si a nuestra cultura no le bastara ya con el poco aprecio radial con el que cuentan los músicos y creadores de nuestro país.

El fomentar la creación y lograr una identidad cultural actual es tarea de músicos, periodistas, bares, escenarios, medios, y también tú, pero hace ya bastante tiempo los músicos se han convertido en “mendigos de los espacios” esto ha sucedido porque en primer lugar ese “espacio” que existe para las bandas en bares y escenarios es generalmente en un día y trato por decir lo menos vergonzoso; la Radio FM prefiere invadir nuestros oídos con música básicamente anglo, incluso eliminando de su parrilla totalmente la música nacional en favor del artista extranjero, porque es mucho mas “lucrativo”(para ellos) el vendernos cultura exterior frenando la creación de nuestros agentes culturales, dejando sin identidad a las nuevas generaciones “rockeras” de nuestro país, porque el paso que hace falta no lo está dando nadie, y no quieren darlo, es mas fácil seguir con lo que ya está, que ir por un nuevo florecer en nuestra música, dejando así un montón de talento, sonidos, y mensajes en total desamparo.

El último momento de explosión musical en Chile se vivió durante los 90´s propiciado por la inversión de las multinacionales en catálogo nacional, también el deseo de comunicación y creación luego de la dictadura, el hambre de tener una identidad y gritarla al mundo, así nos encontramos con Los Tres, Lucybell, Los Tetas, Chancho en Piedra, y tantos otros que aún se mantienen vigentes, pero crean todos ustedes que hay mucho más y muy bueno, sólo que nadie los muestra, porque en los medios tradicionales no hay espacio para ellos, y malamente la gente espera que estos músicos brillen en TV y tengan un éxito radial de proporciones para comenzar a sentir que la banda es buena. Tal cual como ocurría en dictadura existe gente que sigue dejando que elijan su música, su ropa, su peinado, y lo que necesita, pero el rock no es políticamente correcto y muchos lo entendemos así. Es ridículo pensar que tendremos que decir a futuras generaciones “te consigues mucho dinero para hacer tu carrera musical, o te dedicas a un tributo”, así de precaria es la tendencia, así de arrodillados estamos, y lo peor de todo es que un porcentaje grande de personas cree esto, encuentran razonable que sea así, que copiemos, pero un país que no genera identidad musical, tendencias culturales, y cuidado por sus artistas, es muy difícil que se convierta en un país “desarrollado”.

Hemos relegado a nuestros jóvenes, y nuestro rock a la tocata gratuita donde el bar no mueve un solo dedo por ayudar a la difusión, y que si la convocatoria de la banda no fue muy buena no es culpa del bar, es culpa de la banda que no tiene público, y esto se genera por la falta de espacios para la difusión, por lo que el bar no quiere dar un buen trato, porque a su vez la banda no tiene prensa, y la prensa no quiere mostrarlos porque no tienen buenos shows, y la radio no los toca porque no tienen “parrilla nacional” y así sucesivamente las bandas se ven envueltas en un circulo vicioso que no les permite crecer, y finalmente en la mayoría de los casos se “tira la esponja” y se olvida la vocación.

Hay muchas cosas que contar, las que siente y vive un joven hoy en nuestro país, la banda sonora de hoy, no la de ayer, existe un mensaje potente que entregan las bandas que están en un “silencio obligado”. La banda tributo no dice nada, porque el discurso y el mensaje no les pertenece, no lo idearon, no lo sintieron, no lo lucharon, no lo lloraron, en definitiva no es suyo.

Pablo Rojahelis. (vocalista y guitarrista de la banda nacional Masta)

“Johnny B Goode”, La Canción Interestelar

Leyendo el diario online di con una noticia de esas que me gustan, de esas de ciencia, de máquinas humanas explorando los confines del sistema solar y cómo no, de rock que trasciende las fronteras.

El artículo hablaba de la sonda espacial Voyager 1 que ya se encuentra en los límites del sistema solar, lista para continuar su viaje interestelar, como lista está también la canción del excelentísimo Chuck Berry que viaja con ella “Johnny B. Goode” para llegar al vacío del cosmos, en el disco de oro donde se incluye música variada de nuestro planeta, junto a un mensaje de saludo, nuestra posición en el sistema solar (para que así les sea más fácil venir a reventarnos con sus lasers y naves (?) e imágenes y sonidos de nuestro lindo planeta como presentación a una posible forma de vida que encuentre el artefacto.

Como breve repaso de la canción no hay mucho que acotar ya que no estoy hablando de algo desconocido. El rock desborda en ella, esa guitarra que seguramente a los extraterrestres  les volara los oídos o la porquería sucedánea que tengan ellos; esa entonación rebelde, la percusión retumbante, chicharra y persistente, el piano de cantina western, esas palabras que dicen aquí estoy yo aunque sigo siendo el mismo muchacho humilde, pero aquí estoy. Si hablamos de la música, Johnny B. Goode es rock por excelencia y es lo que se le agradece a Charles “Chuck”, habernos regalado el rock en su más pura esencia, única e irrepetible, más aun en sus presentaciones en vivo de este tema, donde los solos de piano son mezclados  con los de guitarra que no le deben nada a los que hoy oímos, incluso en el metal actual.

La letra nos habla de un muchacho pobre de campo, el mismo que le da nombre, quien en lo profundo del estado de Louisiana vivía en una humilde choza de adobes, sin saber leer ni escribir pero con un talento para la guitarra que incluso la tocaba tan fácil como hacer sonar campanas.

La gente que pasaba en el tren lo oía tocar bajo la sombra de un árbol, su madre pensaba en un futuro auspicioso y nostálgico incluso al imaginarlo lleno de gloria en una vieja banda para finalizar con la frase “Tal vez algún día tu nombre estará en un letrero de luces que diga: “Johnny B. Goode esta noche”.

Sin duda parece una canción autobiográfica, incluso el mismo Chuck habría cantado la letra indicando a un muchacho negro en vez de un muchacho de campo, lo que calza con la historia del estado de Louisiana donde por influencia del rio Mississippi hubo un gran tráfico de esclavos por el comercio (a pesar de que el músico es oriundo de otro estado cercano). Pero por otro lado, se dice que la canción está inspirada en un pianista y compañero de armas de Berry. Lo más probable es que tampoco sea ajena para el músico.

La letra inspiradora, la música agresiva y desbordante, la lucha y victoria de la gente de color van por el espacio hacia otras estrellas. Se aleja cada vez más en aquel robot viajero. Así como viajero es Chuck (o lo fue en sus tiempos mozos cuando recorría estados y países acompañado solo por su guitarra) su rock avanza, su rock no para, su gran creación Johnny B. Goode trasciende lo terrestre para transformarse en La Canción Interestelar y Chuck en un ser de otro planeta.

Go Go

Go Johnny Go ♪♫ ♪ ♫

* Se agradece a Alejandro Aguilar, rockero acérrimo, quien con su certero comentario en el diario online dio pie para que se me ocurriera escribir acerca de esta gran canción

 

Alejandro Coronado

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Festivales masivos en Chile:¿Somos musicalmente educados?

A raíz de la polémica que se generó en Brasil por los dimes y diretes del señor Perry Farrell- que al parecer todo indica que fue tergiversado por el periodista del periódico Folha de Sao Paulo en su reciente pasada por aquel país- al decir que “Brasil no era un país educado musicalmente”, nos queremos hacer la pregunta nosotros o hacérsela a ustedes más bien: ¿Qué tan preparados estamos nosotros para afrontar un festival de las características de Maquinaria, Lollapalooza o más aún algún otro que quiera instaurar bases en nuestro país?

De alguna forma eso ya lo hemos podido ir testeando dentro de estos últimos años en que ya llevamos dos festivales Maquinaria y un Lollapalooza , con otro muy próximo a repetirse.

Acá hay dos frentes para analizar: el primero es el comportamiento como organización de las productoras, que es lo que más replicaba  Farrel con respecto a Brasil, porque aunque se haya malinterpretado de todas maneras que le tiró sus buenos “palos” a la productora que está organizando el evento al decir que “creo trabajar con la gente correcta, ustedes venden un montón de tickets para partidos de fútbol”, osea , el fútbol en Brasil es prácticamente una religión y hacer ese nivel comparativo es casi burdo.

Si nos fijamos bien en esta última versión de Maquinaria en Chile se copiaron buenos ejemplos de Lollapalooza, se aumentaron en buena cantidad los baños, se implementó el sistema de tickets para el abastecimiento alimenticio y se instauró un sector VIP también en esta oportunidad,  lo cual al parecer no funcionó mucho debido al sobreconsumo de alcohol de parte de varios en aquel sector, causando bastante molestia para una gran mayoría.

Curiosamente eso se vio más dentro que fuera del VIP. Una gran parte de lo de estar a la altura creo que se arraiga en asistir a este tipo de shows y saber que lo que vas a ver es música. Grupos que quizá no volvamos a ver más en nuestras vidas.

Entonces la pregunta es ¿Es necesario emborracharse hasta las patas? ¿cuál es el fin? Digamos que la idea primordial es disfrutar del evento del cual pagamos una suma considerable, para emborracharse ya habrán otros momentos. Por lo demás recordemos que en un espacio común donde hay aglomeraciones , empujones en las presentaciones de los artistas más masivos, lo menos que nos gustaría es encontrarnos con gente ebria que no respeta y “abusa de su estado”, porque así fue en varias pasadas.

Lo de Lollapalooza en abril fue digno de destacar, pese a que era la primera vez que se realizaba la organización cumplió casi en redondo. La cantidad de personal con bolsas de basura siempre cerca se agradeció bastante, se regalaron bebidas, cosa inédita en eventos masivos y también los accesos a baños fueron más expeditos. La única falla fue en los accesos a los shows de las carpas o escenarios chicos que en los casos de Devendra Banhart o Catpower fueron una locura. De alguna forma también es recomendable predecir la demanda de los fans por el grupo para evitar estos caos, lo cual es difícil pero no imposible.

El otro punto es la segmentación de público en Chile con respecto a determinados artistas. Está claro que el crew del metal es más difícil, pasó con Megadeth en Maquinaria y ha pasado con Morbid Angel o Motörhead donde lisa y llanamente ni se respetaron los accesos principales y se “coló” mucha gente.

El Lollapalooza que se viene el próximo año tiene artistas de carácter pop e indie en su gran mayoría, el público es otro, por eso es más fácil de controlar este tipo de situaciones. Por lo mismo es casi chistoso que la bancada de los metaleros o mas fieles del rock alternativo noventero se queje tanto por el line up de este festival. Lollapalooza NO es para ustedes. Para eso está Maquinaria, por mencionar lo más cercano. Muchos pecamos de ignorantes a veces por no hacer el ejercicio de conocer a estas bandas que vienen. Yo por lo menos me he encontrado con gratas sorpresas con bandas que circundan por los circuitos de Lollapalooza. No dejemos que la ignorancia nos haga ver como idiotas o como dicen por ahí: ante la duda absténgase.

Hay razones quizá en que grandes festivales que podrían instaurarse en Chile no tengan cabida , lo cual es bastante penoso. Es el caso del Open Air que se realizará próximamente en Brasil u otros como Wacken o Sonisphere, que su núcleo de artistas es del orden del metal en su gran envergadura.

¿Estaremos entonces preparados para algo como eso? En mi caso sería increíble ver bandas como Slipknot, Opeth, Motörhead o los mismos Big Four todos en un mismo evento. Pero al parecer nos falta para que de verdad resulte, tanto logísticamente como a nivel de comportamiento masivo. Triste pero cierto.

Patricio Avendaño R.


La canción eterna

¿Cuántas veces hemos escuchado que la vida se cruza en un minuto cuando nos pasa algo tan trascendente como casi la muerte o que según Víctor Jara la vida es eterna en cinco minutos? No sé, cuántas veces hemos sentido que la vida se resume, que aquellos momentos vividos se condensan en sensaciones, risas, llantos, amores o como ahora… simplemente en una canción.

Muchas veces quizás puede ser la canción que más te gusta, esa que te parte en pedazos o te hace sentir que todo tiene sentido. Incluso esa que no te gusta, porque peor aún, te hace recordar que la vida muchas veces no es buena y cada letra te hace recordarlo, porque la música, las canciones, generan eso, la vida misma. Esa banda sonora que hace de tu historia tu propia película.

Así tal cual, así de esa forma lo viví. Parado frente al escenario y cantando aquel tema a todo pulmón. Se me paso la vida, recorrí aquella adolescencia en la cual todo era posible, ese tesoro que tenemos y no nos damos cuenta solo cuando somos adolescentes y dueños del mundo. Cuando en el colegio estudiábamos para lo que quisiéramos ser (desde astronauta a estrella de rock).

Desde la primera nota, con el primer roce de los dedos (o uñeta) sobre las cuerdas empezó a correr la cinta de nostalgia. Esas mismas notas que yo también aprendí a tocar en guitarra y me creí con un futuro de músico prometedor. Cuando mi voz tarareaba, porque mi inglés solo me hacia entender un par de palabras las cuales según yo decían todo acerca de la canción de forma casi irrefutable y absoluta. De la misma forma que junto a mi amigo José Luis cantamos aquella canción bajo la lluvia con una caja de vino, esa misma caja que a aquella edad nos duraba casi toda la noche, frente a la casa del vecino que de forma no muy cortés nos mando a cantar la cancioncita a otro lado porque ya eran las 3 de la madrugada.

Esa misma canción, si esa misma que le dedique a mi primer amor y se la cante al oído, cosa de lo cual después me arrepentí ya que una vez mejorando mi inglés me di cuenta que aquel tema es de desamor. O quizás se la dedique de forma anticipada sin saber lo que se me venía con ella, porque es sabido que con el primer amor llega la primera desilusión. Lo bueno es que una vez dedicada claramente ya no se la podría volver a dedicar a ninguna otra a no ser que se lo mereciera.

Tantas cosas pasan de la adolescencia a la rebuscada madurez que no nos damos cuenta como lo podemos resumir todo, como esta vez en una canción, en algo más de cinco minutos intrascendentes de la vida, con más de 50 mil personas alrededor, pero aun así un momento tan propio. Frente a aquella banda, a sólo algunos metros  los mismos que compusieron aquel tema para mi, para mis resúmenes vividos.  Aquellos que jamás pensé ver, ni menos tan cerca cantando aquel tema conmigo, juntos en casi en una sola voz, con la garganta casi desgarrada y los ojos hinchados de emoción después de más de 15 años desde la primera vez que escuche Black de Pearl Jam en un cassette con el nombre de la banda escrito con plumón.

Jamás volveré a sentir a aquel tema como aquella noche, lo sé, pero nuevamente volvió a estar ahí, más viva y certera que nunca. aquella canción llamada Black.

Antonio Hernández O.

Diabolus in Música

Con el lanzamiento del excelente disco de Opeth, titulado Heritage y su gran tema ‘The Devil’s Orchard’ se me ha venido una pregunta a la cabeza. ¿Qué es lo que pasa en el rock y sus derivaciones que el mal es un tema tan recurrente? Y no solo en nuestra amada música, también en la literatura e incluso en las leyendas traspasadas por voz en aquellas lejanas y oscuras fogatas de las tribus ancestrales. Partiendo de esta pregunta me lancé a escribir.

El huerto del diablo, un gran tema que nos lleva por los senderos tétricos a los que nos tienen acostumbrados los suecos pero que va más allá, nos habla de la maldad como tal, el ente que ha estado siempre acompañando al hombre, como ellos mismos indican al terminar la canción, es el revelar los vicios, es entregarse a una realidad existente y primordial.

No es posible concebir el mal sin un rostro, sin un nombre, sin un sonido, un color, etc. Quiero decir que preferimos hacernos una idea humana de la maldad así como de la bondad, que sería representado por  Dios. Y no es propio de las religiones que ahora conocemos, sino que estas tomaron una idea más antigua aun. En la misma América precolombina y antigua podemos ver símbolos religiosos mostrando seres que atormentaban al hombre, que lo vigilaban desde el cielo y porque no decirlo, desde el espacio exterior.  Podemos tomar en cuenta a los mapuches, en su cosmovisión la religión no es accesoria, sino que parte de la vida y de la muerte y también de cada acto y pensamiento. Entonces, la o el Machi no es un simple personaje, es un ser misterioso que conoce los caminos oscuros que conducen al inframundo, que descendió y vio las tinieblas y los seres que en ellas viven, que pudo volver y trascender de la muerte y el laberinto que encierra para finalmente conocer la luz. Por lo tanto el o la Machi conoce tanto el bien como el mal y es por esto que puede curar enfermedades y lo que es más importante, conducir a los muertos por aquel laberinto de oscuridad para evitar que caigan al abismo y que logren llegar a la luz, al final del camino y trascender y cuidar a su pueblo.

Tomando en cuenta lo anterior, no es posible pensar en el mal como una masa sin forma, el Diablo es quizás su manifestación más conocida, este ser al que tememos cuando pequeños y porque no admitirlo, también cuando viejos. El huerto del Diablo nos lleva por sus senderos, nos hace caminar en letra y música por piedras volcánicas, entre arbustos secos y encendidos, por senderos de ecos alucinantes que nos hablan de que estamos desprotegidos: Dios está muerto. Es uno de los grandes aciertos de Opeth, reproducir esa sensación en los oyentes tanto en este disco (Heritage) como en otros.

La música antigua ya nos paseo por estas rutas, Diabolus in música es la vieja guía que ocupa el metal moderno y no es coincidencia pues su sonido es estremecedor. Nuevamente se le da una forma al antiguo temor, al antiguo mal; en forma de sonido.

¿Por qué nos acompaña siempre este tema en el rock y el heavy metal? ¿Por qué se le rescató en forma musical y se adapto a nuestros nuevos tiempos, instrumentos musicales y oídos? Es imposible dar una respuesta correcta pero en mi más humilde opinión el mal es parte de la vida, aunque se le oculte como un tabú, aunque por milenios se le censure y se le trate de guardar en una cripta, aunque se le atribuya a un Diablo nuestros mismos errores humanos, nuestros vicios o aquellos desastres naturales e incluso simplemente lo que ignoramos.  Asi como somos incapaces de reconocer la bondad que es nuestra otra parte, hacemos algo parecido con la maldad, le damos forma de un tercero, le damos el aspecto de oscuridad, le ponemos capa negra y arboles tétricos de fondo.

Para terminar, ¿Qué sería de la literatura de ciencia ficción, de terror, del cine de misterio y miedo y de muchas grandes creaciones y bandas de rock y heavy metal sin este ente que vive entre nosotros desde que aparecimos en la faz de la tierra? Nada, simplemente perderíamos la esencia porque al no haber mal tampoco hay bien y si no hay ninguno de estos elementos el vacío seria nuestro único fin.

Alejandro Coronado C.