CÓCLEA: Con la virtud de ser solo ruido

CÓCLEA: Con la virtud de ser solo ruido

«Somos solo ruido», un cover de Los Prisioneros abre «Modus Operandi» con esa parada irónica y en este caso algo desvariada sobre el desdén con que desde fuera suelen mirar a las escenas más under.  Y no está puesta por casualidad ahí. Es la carta de presentación de Cóclea y funciona casi como una declaración de principios: una advertencia antes de entrar en la hecatombe sónica y asfixiante que define su propuesta. Algo que, en síntesis, podría resumirse como un manifiesto de una banda que quiere ver explotar todo a través de su visceralidad sónica. 

En los últimos años, la escena chilena de noise, math, art rock, post-rock, post-punk y post-hardcore ha visto surgir proyectos capaces de empujar el circuito más allá de lo esperado, incluso cruzando fronteras, pero siempre preocupados de mantener una identidad propia. El espíritu DIY y la intensidad del underground y rock experimental han vuelto a tomar forma en nombres como Asia Menor, Lerdo, Hesse Kassel, Yucatán o Candelabro. Y en esta fila, Cóclea de a poco se ha hecho su espacio y ha ido ganando visibilidad gracias a dos lanzamientos recientes: el split No esperan por nadie, junto a Canut de Bon, y el mixtape «Modus Operandi». Ambos trabajos conectan post-hardcore, noise rock y math rock con una estética cruda, directa y de bajo presupuesto, muy ligada al circuito independiente. Y en vivo, son una real locura, los chicos lo dan todo por lo que ya se han ganado a su público a punta de catarsis extrema.

 

Sobre esa conexión con el público, Luca Cosignani —voz y líder del proyecto y también miembro de Hesse Kassel— lo resume así: “Siento que la gente conecta mucho con el contenido lírico de las canciones, incluso más que yo mismo. Cuando escribí las letras no tenía una temática clara, tomaba inspiración de distintos lados. Después ves cómo el público responde, cómo inventa cánticos con los temas, y termina siendo algo muy emocionante”.

 

El split con Canut de Bon No esperan por nadie funcionó como el primer punto de encuentro. La primera mitad del disco está dominada por Cóclea, que abre con una introducción hablada antes de desplegar canciones marcadas por cambios de tempo abruptos, riffs abrasivos y una batería que empuja constantemente hacia el caos. Temas como “Serafín + nifares” o “Pol Pot” muestran un enfoque cercano al post-hardcore ruidoso y experimental, incluso incorporando guiños a influencias como King Crimson. La producción sucia y saturada abraza fuerte la sensación de inmediatez que caracteriza a muchas grabaciones surgidas desde el underground criollo. 

La segunda mitad queda en manos de Canut de Bon, que apuesta por un hardcore más directo. Sus canciones rara vez superan los tres minutos y se apoyan en estructuras rápidas y agresivas, manteniendo la energía del disco sin desviarse demasiado hacia lo experimental. El resultado es un trabajo breve pero intenso, que varios oyentes han descrito como el tipo de música que captura bien la urgencia y la rabia que circula en los espacios autogestionados de la escena local.

«Frente a toda adversidad logramos grabar todos los temas que queríamos grabar en un día. por eso existe una relación entre las dos bandas cuando trata de ese lanzamiento, tienen un room idéntico y fueran grabadas en las mismas condiciones», dice Luca. 

Luca comenta la importancia de la globalización de las escenas under chilenas: «gracias a sitios web como rateyourmusic nuestra musica llegó a varias partes del mundo y muy agradecidamente logró llegar a gente que tenía la pluma ansiosa por escribir sobre lo que nosotros hacíamos con la música. por ejemplo la nota de the quietus, nos permitió ir consolidando nuestra identidad al resto del mundo»

Meses después, Cóclea profundizó esa línea con Modus operandi,  que reúne canciones antiguas que no entraron en el split junto con algunos temas nuevos que el grupo venía tocando en vivo. El material mantiene la misma energía nerviosa y caótica, con guitarras punzantes, gritos desbordados y la incorporación ocasional de samples o sintetizadores dentro de un marco de post-hardcore bastante frontal, lo que la banda ha demostrado en vivo en diversos encuentros con su gente, uno de ellos en Rojas Magallanes, que se ha transformado en epicentro de toda la nueva camada de bandas de este calibre nacionales.  

Entre los momentos más comentados del mixtape aparece una verdadera locura llamada  “Bam Bam”, considerada por varios seguidores como uno de los puntos más altos del repertorio reciente de la banda. El lanzamiento ha sido bien recibido por quienes abrazan el ruido y el caos: un disco frenético, rápido y cargado de actitud, que probablemente seguirá conectando con quienes creen fehacientemente que del ruido puede salir arte visceral y honesto de verdad. 

 
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