Danny Nedelko: La deuda humanitaria con la migración en clave IDLES

Danny Nedelko: La deuda humanitaria con la migración en clave IDLES

Es preciso reconocer que la migración sigue siendo un tema y una deuda histórica, que nos compete a todas, todes y todos como tejido social. Diversas son las causas por las que la migración es parte de una decisión de vida, sin embargo, cuando la migración está teñida de pobreza, vulnerabilidad, estigmatización y tercermundismo, nos molesta de sobremanera.

¿Por qué razón existen migrantes de primera y segunda clase?, ¿Acaso no aprendimos nada de la migración colonialista que nos quitó hasta nuestra identidad como Abya Yala?, ¿por qué razón seguimos reproduciendo un “Pseudo-progeso” a manos de la aceptación de imperios mundiales, que nos miran con ojos de usurpación, infantilismo, explotación y violencia?

Es evidente que las construcciones culturales han calado en lo profundo, y esa falsa idea de nacionalismo articulado con la errónea idea de que “Chile es el jaguar de Latinoamérica”, nos posiciona en un complejo contexto, en el cual la ilusoria hegemonía, superioridad y arribismos, nos llevan a pensar que tenemos el derecho y la potestad de negarle el ingreso a las personas, y se nos olvida que en realidad la falsa idea de progreso habla de la enquistación de un sistema capitalista, un neo-liberalismo que nos divide como personas de primera clase y personas non-gratas, y de esto es lo que nos habla IDLES por medio de Danny Nedelko.

Probablemente IDLES sea considerada una de las bandas más importantes de la facción hard de la escena post-punk británica. Una banda que pese a haberse conformado a una edad tardía, los integrantes toman la experiencia de vida como parte constitutiva de una narrativa, la del bajo pueblo. Entre sencillas palabras, coros cortos y de monosílabos rítmicos, es que la banda bristoliana baja la academia a la gente, hablando en códigos simples, aquellos términos complejos que solo maneja una élite universitaria.

La historia de Danny Nedelko es sencilla pero emotiva. La narrativa nos propone acercarnos al corazón de Talbot y conocer, desde el afecto y admiración a su amigo Danny Nedelko, una persona en situación de migración en medio del contexto Brexit. En más de alguna entrevista el hombre de voz rasposa habla del amor y admiración que siente por Nedelko, y la vergüenza que siente día a día por la aporofobia y xenofobia que existe en la cultura británica como parte de una construcción identitaria; pero que si lo reflexionamos, esa aporofobia es transversal, y la vergüenza que siente Joe la debiésemos sentir todas, todes y todos al momento de evidenciar situaciones de injusticia como el rechazo y defensa recalcitrante y necia a la conceptualización de “personas ilegales”.

Con una introducción levantada por la guitarra del queridísimo Mark Bowen, articulado con el bajo de Adam Devonshire y la potencia de Jon Beavis, es que a los segundos nos adentramos a los primeros riffs de Lee Kiernan para darle el pase inicial a las primeras frases de Joe, enunciando que “My blood brother is an immigrant; A beautiful immigrant”

Con un breve silencio de Joe, es que la armonía nos pega directamente al emplazamiento, sin miedo pero con rencor, ese rencor que se tiñe de rabia cada vez que cuestionamos la migración cuando viene con etiqueta, es por esto que Joe nos pega ahí, donde más nos duele con un certero “My blood brother’s Freddie Mercury; A Nigerian mother of three”, porque sí… Freddy Mercury es probablemente una de las voces más icónicas de la música, una voz única a la que hoy muchas, muches y muchos alaban por su legado; pero que sin embargo, se oculta, niega e invisibiliza que Freddie tiene una historia de vida ligada a la migración, masculinidad, seropositividad y homosexualidad.

Luego de ese golpe de realidad, Bowen y Lee toman protagonismo con la potencia armónica de la guitarra, Devonshire y Jon abren con fuerza el espacio a la poesía de Talbot, quien baja del rencor a la identidad y nos pone en terreno de semejanzas esbozando en el estribillo “He’s made of bones, he’s made of blood; He’s made of flesh, he’s made of love; He’s made of you, he’s made of me… UNITY

Fear leads to panic, panic leads to pain
Pain leads to anger, anger leads to hate…

DANNY NEDELKO

Un coro que lejos de apuntar a lo pegajoso como estrategia de marketing, y cuestionando en la práctica a la destreza física como constructo invariable de la consideración absurda de “buenos músicos”, es que buscan en las notas simples un espacio simbólico de resistencia, porque tal como se titula el disco en el que está contenido este track “Joy as an Act of Resistance”, reconocen que la alegría no está en la impronta competitiva de “Buenos músicos” sólo por mover los dedos rápido y realizar riffs de casi 20 cambios de notas en milésimas de segundos, sino que implícitamente abrazan la coherencia sinfónica con la narrativa que se construye en la palabra. Es por esto que el protagonismo del coro es una propuesta colectiva, mientras Lee, Bowen y Devonshire crean la potencia de la armonía, Joe nos golpea con la realidad de la articulación emotiva de lo sensitivo con el rechazo a la migración: MIEDO- PÁNICO- DOLOR- ENOJO- ODIO.

Continuando en la personificación de apreciar la diferencia por medio de la experiencia personal como vínculo con el contexto social, es que IDLES nos lleva a un terreno aún más simbólico: “My best friend is an alien (I know him, and he is).
My best friend is a citizen; He’s strong, he’s earnest, he’s innocent”

Entre realismo mágico con un poco de contexto social y descripciones de personalidad, es que se reconoce que la diferencia, configura la humanización de la “ciudadanía” como la inocencia capturada en la seriedad y la falsa fortaleza, ya que tanto la ciudadanía, como la nacionalidad son constructos culturales que existen en el imaginario colectivo, es decir, no es constitutivo de una realidad tangible.

Retomando la aporofobia y xenofobia como emplazamiento al levantamiento de ídolos migrantes es que Talbot nos recuerda a dos personajes importantísimos de la cultura popular británica contemporánea: “My blood brother is Malala; A Polish butcher, he’s Mo Farah”. Por un lado menciona a Mo Farah, campeón olímpico británico, nacido en Somalia, y por otro a Malala, una joven Pakistaní que escribió su historia con sangre. Una pequeña niña que a su corta edad decidió luchar por la educación de las mujeres en contextos tan patriarcales, paternalistas, sexistas y clasistas como lo es Pakistán. Con balazos en el bus escolar que la llevaba a ella, sus compañeras, compañeres y compañeros, intentaron callar su voz, más no pudieron. Hoy Malala vive en Birmingham, pero con una historia de vida escrita a sangre, un premio nobel de la paz bajo el brazo, y la admiración mundial, es que Malala sigue respondiendo a la aceptación de la jerarquizante cultura británica, cultura que invisibiliza parte de su historia al no exteriorizar abiertamente su situación migratoria, porque Malala sigue respondiendo al agrado de una élite minoritaria, una élite que tiene acceso, posibilidades y privilegios de acceder a la educación formal.

Con el estribillo más emotivo y unificante, sumado a la potencia vivida y emplazadora del coro, es que llegamos al más puro espacio de la dispersión de IDLES, a quienes no les importa dar espacios a solos de guitarras rimbombantes, inocuos, estáticos, grandilocuentes, altisonantes y pomposos, que malísimamente nos tiene acostumbradas, acostumbrades y acostumbrados el metal y el rock clásico. La banda británica ironiza con esa falsa idea de que el Hard rock necesita de clímax armónicos basados en destrezas y motricidades finas que abren paso a notas rápidas como la única variable que operacionaliza en la práctica el concepto de “ídolos de la guitarra”, sino que el climax -más particularmente en Danny Nedelko- está en el final del coro, esos monosílabos que se gritan desde las entrañas, con una cerveza en un bar, o con la hinchada en el estadio, reafirmando de nuevo que “Joy is an Act of Resistence”, también contempla que esa resistencia está en el disfrute de la música -como arte y expresión- es un móvil emotivo y para eso no se necesita ser Kirk Hammett o Lars Ulrich.

Sin lugar a dudas que IDLES es probablemente uno de los proyectos más importantes de la última década, no necesariamente por la prolijidad de los músicos, sino por la apuesta musical, performática y política que articulan desde lo más sencillo. Entre cuestionamientos a la toxicidad de la masculinidad, la visibilización de la importancia del cuidado de la salud mental y lo invisibilizado que son las afecciones por temáticas psicológicas, es que también juegan con el emplazamiento como vínculo mediático a la violencia sistémica hacia las minorías sociales, como lo vimos en Danny Nedelko.

Resulta inevitable no vincular esta lírica con la situación país, puesto que más allá de lo artístico, es que IDLES toca temas que están escritos a sangre en la sociedad, como la migración y la falsa idea de hegemonía. Talbot, Bowen, Lee, Dev y Jon nos reprochan que no hay justificación a la violencia y desprecio hacia quienes lucharon por comer, por oportunidades, por un mínimo de dignidad, cruzando kilómetros de distancia muchas veces a pie, en climas extremos, con niñas, niños y adolescentes que ponen en riesgo su vida, por buscar un poco de humanidad.

“En una sociedad racista no basta con no ser racista. Hay que ser antirracista” 

Angela Davis.