Deep Purple: “Whoosh!” (2020)

Deep Purple: “Whoosh!” (2020)

Los ingleses desde hace mucho tiempo están en otro escenario de su carrera; debe ser de ese modo, después de llevar más de medio siglo en funcionamiento —descontando el hiato entre 1977-83. Ellos se sienten cómodos con el relaje y flexibilidad que otorga ser un número alejado del reflector principal; situación que arrastran desde la salida de un nombre central de su historia: el guitarrista Ritchie Blackmore (1993). Así lo sindicó varios años atrás quien quedó como líder a cargo, el incombustible vocalista Ian Gillan: “Hemos vuelto a ser una banda underground”, que prefirió los lugares de intermedio afuero —teatros o arenas; y sin tener que rendirle cuentas a nadie, con una dinámica fácil de llevar gracias a la llegada de Steve Morse a mediados de los 90’s —y que tras él sólo siguió el retiro del tecladista Jon Lord, para darle paso a Don Airey (2002).

Tras cuatro entregas de estudio, entre 1996-05 —ligerezas que no generaron mucho bullicio; se sumieron en una zona de confort de la que no quisieron salir, recorriendo sin cansancio el globo por casi una década. Pero fue el afamado productor canadiense, Bob Ezrin, quien los terminó sacando del ostracismo; comenzando con Now What?! (2013) y continuando con Infinite (2017). Resultó ser el hombre externo idóneo; conocido por su exigencia enfocada al alto estándar, y que además es muy participativo para el proceso compositivo. Gracias a él se pasó de un extremo a otro: de no tener nada nuevo por mostrar, a las publicaciones periódicas —nunca decayendo la calidad. Sin ir más lejos; en diciembre pasado, a través de Facebook, el cantante comentó en un comunicado con toda naturalidad: “Cenamos el lunes, hicimos otro disco el martes y nos fuimos al bar el miércoles”.

Haciendo referencia al onomatopéyico Whoosh!, donde volvieron a unir fuerzas con Ezrin tras las perillas —en la ciudad estadounidense de Nashville, como dicta la nueva costumbre. La 21ª incursión del catálogo púrpura quedó fechada, con mucho anticipo, para el 12 de junio de 2020; la cual se postergó hasta el siguiente 7 de agosto debido a la pandemia mundial del Covid-19. En el intertanto, vía redes sociales, ya preparaban el lanzamiento; por ejemplo dándole preponderancia, de diferentes maneras, al astronauta desintegrándose que aparece en la portada. Imaginería que rescató el primer par de adelantos: la ondera Throw My Bones —o tirar los dados si se le prefiere; y Man Alive —introspectiva y con marcados cambios de ritmo, teniendo pasta para ser un futuro éxito; la cual entre parafraseos y susurros de Gillan, hacia el final hace asomar aquel whoosh que titula al álbum —antecedida por la efímera instrumental Remission Possible, funcionando como puente natural.

Él mismo es el primero en reconocer su limitación vocal otorgada por la edad —que como muestra insigne está la depuesta Child in Time, relegada en concierto desde hace casi dos décadas. Mesurado y alejado de sus antiguos agudos, le entrega la batuta a la base instrumental para que tenga mayor protagonismo, en especial la Ernie Ball de Morse y el Hammond de Airey —secundados por los incólumes escuderos Ian Paice y Roger Glover.

Ejemplos de aquella cohesión hay bastantes en esta nueva colección; Drop the Weapon que resuena, con tempo acelerado, a Nobody’s Home —como asimismo No Need to Shout, cuyo inicio en las teclas recuerda a Perfect Strangers. Mención aparte merece la desbocada instrumental And the Address, que rescata el mismo título del primer tema del primer disco (Shades of Deep Purple, 1968) —el cual también prescinde de voces; siendo Paice, en la batería, el único de los presentes que repitió la labor.

La parsimonia de Nothing at All —el tercer single promocional y que aborda el calentamiento global; contrastada ante la bailable What the What. La galopante The Long Way Round, que convive con el groove de We’re All the Same in the Dark —en compañía de armoniosas segundas voces. El manto lúgubre de Step by Step, a la par con el tono de suspenso de The Power of the Moon —que puede hilarse a lo ya hecho en Vincent Price; o la vibra cibernética que cierra los cincuenta minutos con Dancing in My Sleep.

Todavía lúcidos y en excelente forma —sólo basta ver la energía que liberan en vivo; se podría pensar que para este punto ya no tienen nada más por decir. Pero es allí donde llega este nuevo aire, uno muy refrescante cortesía del denominado Mark VIII —una afiatada octava encarnación, que para la fecha ya cuenta con la mayoría de edad. La misma que tiempo atrás, sin confirmar ni negar nada, encendió las alarmas entre los fanáticos con el denominado The Long Goodbye Tour (2017-19); que se pudo deducir como el progresivo final de la agrupación. Pero contra viento, marea y pandemia llega este flamante Whoosh!, que golpea con impronta la mesa —siguiendo la buena senda de sus últimos dos antecesores, también amparados por el sello alemán earMUSIC. Una institución del rock pesado, con el inmenso legado que cargan en sus espaldas, y que pese al tiempo aún se sienten jóvenes. Después de todo, Gillan lo remarca en una reciente entrevista con el sitio Songfacts: “Desde el sentido del humor, [el título de la placa] describe la carrera de Deep Purple. Como ‘¡whoosh!’, pareciera que ayer fue 1970. Pareció encajar bien”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *