Depeche Mode y la renovación de la excelencia con “Playing the Angel” (2005)

Depeche Mode y la renovación de la excelencia con “Playing the Angel” (2005)

Oscuridad, emoción, múltiples capas sintetizadas y muy bien producidas. Ustedes dirán que ese es el piso cuando nos referimos a Depeche Mode y que ninguna de esas características nos debería sorprender; sin embargo, el nuevo siglo no estaba tratando bien a las bandas que fueron relevantes a finales del siglo XX y los ingleses no eran la excepción. Para 2005, acumulaban las desconcertantes críticas de “Exciter” y el debut solista de Gahan también fue muy criticado. Fue así como “Playing the Angel” los encontró cumpliendo 25 años de carrera y celebrando 50 millones de discos vendidos, por tanto, había que sacudirse de los tropezones y retomar una musicalización más electrónica, donde mucho tuvo que ver Ben Hillier. El productor optó por equipos análogos sobre los digitales, acercando al grupo a la tendencia industrial predominante ese año. Esto, de alguna manera, los reconectaba con sus inicios, donde tocaron fuertemente esa tecla y hasta fueron encasillados, por un tiempo, como una banda tecno industrial.

Así es como en este álbum predominan las guitarras, programaciones precisas, bajos envolventes y la garganta privilegiada de Dave, la que volvía a su mejor estado, para arropar temas melódicos y sombríos, texturas en perfecta sintonía con los sentimientos y pasiones que decoran la lírica del disco. Y en este punto está la gran novedad de este trabajo: los tres primeros intentos, y muy buenos, de Gahan en la composición.


“Suffer well” es uno de ellos, el cual recoge resonancias de canciones de ayer, como “A Question of Time” y “Behind the Wheel”, tan industrial como “The Sinner in Me”, un buen pop robotizado de tintes muy oscuros. Una de las joyas del álbum es “Precious”,  hermosa creación electro-pop que eriza la piel y que nos lleva, en rápido viaje, a “Enjoy the Silence”; para muchos es un error que la canción sea la más tradicional, en cuanto a formas, del disco, porque queda algo fuera de todo el conjunto. Martin Gore sigue deslumbrándonos por la calidad de sus aportes en casi todo el álbum, mención especial a “John the Revelator”, una locura electrónica que ironiza sobre las religiones, su tema favorito. Y además, canta fantástico. “Macro” y “Damaged People” en la misma órbita, incluso esta última con un aroma a los ’70. “I Want it All” y la soberbia “Nothing’s Impossible” conjugan una plenitud en la gravedad atmosférica, estribillos con interesantes arreglos y con el sello de la vocalidad distorsionada. Estos son temas de Dave Gahan y, probablemente, sean los momentos más potentes dentro de esta obra bien desarrollada y que toma elementos de sus grandes éxitos; llevado al extremo, en su momento muchos hablaron de una especie de “autoplagio”, algo que también se nota en el cierre, con “Darkest Star”, que recuerda un tanto a “Waiting for the Night” de “Violator”. Pero no es malo que una banda ya madura, en su undécimo álbum, quiera rescatar vestigios de discos de antaño, y eso le sirva para repasar su propia imaginería religiosa y su siempre intensa emocionalidad, agregándole influencias del krautrock de Kraftwerk y pequeñas pinceladas a lo Gary Numan.

La portada del disco nos muestra una imagen de un humano “hecho a plumas”, y que fue bautizado como Tubby Ghot por la propia banda (algo así como “gordito gótico”). La contraportada lleva escrita la frase “dolor y sufrimiento en varios tiempos”, aunque la última palabra está escrita en latín (Tempos) , un término que también hace referencia al proceso musical. Fue realizada, como es costumbre en Depeche Mode, por el fotógrafo Anton Corbijn y tiene un estilo muy familiar con la tapa que se usó en “Personal Jesus”. Este disco vendió algo más de tres millones de copias y fue el que le reportó a Mute las más altas ganancias en la primera década del siglo XXI.

Más allá de la aportación de Gahan o la influencia del productor en el resultado, el disco y su fuerza pasaron por Martin Gore, quien dibujó “Playing the Angel” con más inspiración y sensibilidad que en los años previos, seguramente porque botó las sensaciones que le dejó el divorcio y otros temas personales. En 2005, Depeche Mode firmó un excelente trabajo en todas sus líneas y su escucha se disfruta con varios temas de alta factura, incluso algunos ya son parte del setlist habitual de la banda. En la época en que solo añoramos las vivencias que la música nos hacía sentir en las décadas del siglo XX, este “Playing the Angel” merece más reconocimiento, porque revisita a sus portentosos predecesores ochenteros y noventeros , pero con la madurez de todo ese gran camino recorrido por los ingleses.

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