Disco Inmortal: Black Sabbath- “Vol. 4” (1972)

La etapa previa de este álbum (sí, otro más de la legendaria seguidilla de álbumes definitivos para el heavy metal de la historia proporcionados por los ingleses), fue cuando la banda pasó de no tener nada a tenerlo todo. Tras la despedida -muy acertada, por cierto- de su ex manager Jim Simpson, la fama y el dinero empezaban a visibilizarse por primera vez para los monstruos del metal clásico de Birmingham, y vaya que fue en grandes cantidades. “Fue ahí cuando descubrimos la cocaína”, cuenta Ozzy en el documental dedicado a la banda. Los conciertos a gran escala, la solidificación de un trabajo construido en base a geniales canciones,a la invención de todo un sonido, dieron los frutos y Vol. 4 venía a consumar todo eso.

La apertura de puertas de par en par en EE.UU, fue el antecedente más importante: la fiesta acababa de comenzar y fue justamente ahí, en la mansión de Bel Air, donde facturaron las ideas para esta cuarta obra magna, dotada de exquisitez heavy, mucha inspiración y por supuesto, muchos excesos. “Rentamos una casa grande y las llenamos de fanáticas y de toda la droga que pudieras” cuenta sin tapujos el gran Geezer Butler, quien además cuenta aquella historia de que el disco iba a llevar por nombre “Snowblind”, uno de los temas más significativos del disco y de la banda, pero que la compañía discográfica (Vertigo) cambió el título a último minuto a Black Sabbath Vol. 4. Ward no demoró en dar su lúcida observación: “No hubo Volumen 1, 2 o 3, así que es realmente un título bastante estúpido”.

Al día de hoy lo que menos pesa es el título, pues el contenido del disco nos trajo nuevos clásicos para sumar, la mencionada ‘Snowblind’ es prácticamente un himno a la cocaína, tal como lo fue ‘Sweet Leaf’ a la marihuana en su álbum anterior “Master of Reality”. Acá, la increíble máquina de buenos riffs de Tony Iommi volvía a engrasarse para dejar su marca tan solvente como épica que registraron en los Record Plant estudios en los Angeles.

Y si el alcohol y las drogas sirvieron de inspiración en ciertos temas, también provocaron problemas de bloqueo creativo, Bill Ward luchó mucho para lograr el cometido en ‘Cornucopia’, aquella canción fue un dolor de cabeza y una marcha demandante por una cabalgata en batería, bombos y platillos al mismo tiempo lo complicaron demasiado. “Odiaba la canción, había algunos patrones que eran simplemente horribles. Al final, lo conseguí, pero la reacción que recibí fue como ‘Bueno, vete a casa, no estás siendo útil en este momento’.” cuenta el veterano batero.

El arranque con ‘Wheels of Confusion’ conservaba ese espíritu hippie de la banda (algún guiño en el sonido a la Big Brother & The Holding Company de Janis Joplin) antes de entrar a los sublimes riffs de Iommi, con el sonido característico del Sabbath histórico, que se replica en varias canciones, pero que tiene algunas variantes impresionantes, sobre todo con ‘Changes’, quizá una de las mejores baladas power de la historia. Iommi aprendió a tocar el piano después de encontrar uno en el salón de baile de la mansión que estaban alquilando. Fue en este piano que la hicieron y el resultado fue conmovedor: “Tony se sentó al piano y se le ocurrió este hermoso riff”, escribe Osbourne en su libro de memorias. “Tarareé una melodía y Geezer escribió estas letras desgarradoras sobre la ruptura que Bill estaba pasando con su esposa. Pensé que eso fue brillante desde el momento en que lo grabamos”. explica el príncipe de las tinieblas.

La oscuridad bailable de ‘St. Vitus Dance’ es otro punto interesantísimo, a punta de una amigable riffeada y panderos, se convierte en una de las más gancheras piezas del disco, en tanto la extraordinaria ‘Supernaut’ suena tan fresca pese a su más de 45 años de existencia que no por nada ha decidido ser versionada una y otra vez por los herederos directos de la banda (Ministry y otra de Reznor de NIN por ahí, entre muchas otras). Por su parte, y como para dejar bien claro que las drogas fueron un elemento vital en el disco, “FX” surgió inesperadamente en el estudio después de fumar hachís y que el crucifijo que colgaba del cuello de Iommi golpeó accidentalmente las cuerdas de su guitarra y la banda se interesó por el extraño sonido producido, agregando un efecto de eco y a golpear la guitarra con varios objetos para generar esos efectos de sonido extraños que conocemos hoy en día.

No era todo, con ‘Under The Sun’, su peso inmenso, ese riff clásico y ese epílogo tan doom y melancólico cierran una obra magistral, con Ward tocando cual Bonzo de Led Zeppelin y la banda logrando un momento de los más cautivantes en su carrera.

El disco trajo conflictos, situaciones caóticas y que se propagarían más adelante mucho más, pero ¿qué disco tan legendario no los tuvo? A veces, esas mismas situaciones, por motivos algo difíciles de explicar, nos han dejado placas tan inmortales como éstas.

Por Patricio Avendaño R.

 

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