Disco Inmortal: Chancho en Piedra – La dieta del lagarto (1997)

Disco Inmortal: Chancho en Piedra – La dieta del lagarto (1997)

Los oriundos de la comuna de La Cisterna, en la zona sur de Santiago, no demoraron en entregar un segundo larga duración —cobijado, al igual que Peor es mascar lauchas (1995), en el extinto sello Alerce. Chancho en Piedra optó otra vez por un título que aduce a un localismo: La dieta del lagarto, “comer poco y tirar harto” —una muestra de activa vida sexual. Ha sido hasta la fecha la única portada que mostró a los integrantes, con sus a futuro insignes cascos de espermatozoides; acompañados de un colorido fondo azul y anaranjado, que completa el mencionado lagarto —quedando sólo el primer plano del ojo para la re-edición de 2017. La versión en CD, al reverso del booklet, incluyó un juego de mesa desplegable; lleno de referencias sobre la nueva placa.

Edición original (1997) y re-edición (2017).

Tras reírse de sí mismos en la pequeña introducción Mea chucha, por resultar perdedores del premio revelación, decanta en una suerte de programa de radioteatro terrorífico. Pero cuyo puente natural se extiende a Hacia el Ovusol —donde adquieren sentido los ya citados cascos de espermatozoides. De filoso riff, cortesía de Pablo Ilabaca; por su contenido competitivo, formó parte del disco oficial del Mundial de Francia —Allez! Ola! Olé! (1998); siendo los únicos chilenos que figuraron en la compilación.

La dosis funk, por la que son conocidos, no se deja esperar; primero con Huevos revueltos, seguida de la festiva Edén —“Fiestas eternas y un cielo funk, todas tus penas quedan atrás. Has lo que quieras, no existe el mal; todos tus sueños serán verdad”. Y que para el videoclip, además de parodiar a El mago de Oz, asomó una de sus influencias: Florcita Motuda, quien también se hizo presente para la jocosa Comiendo banana —aportando tras la trompeta y en coros.

La desbocada y fugaz Güeina, retrato de la exuberante fémina que lo ha tenido todo fácil, que contrasta con el bajo tempo de Realizo todo bien; el explotador Empresaurio, junto a la cuasi distendida instrumental Rojito veo el mundo. En tanto la de mayor duración, por sobre los siete minutos, recae en el melancólico relato del olvidado sabueso Sami —como ya lo hicieron antes, con mucha más sonoridad, con Guach Perry; el armónico bajista Felipe Ilabaca compartiendo la labor tras el micrófono.

La agresividad de Cacho, y la burla hacia quién se olvidó de dónde vino en Huasónico. El ya nombrado Felipe dando muestras de lo que a posterior sería costumbre suya: la voz principal para los cortes introspectivos de bajas revoluciones —muy marcados comparados con la irreverencia del resto del catálogo: en este caso con Da la claridad a nuestro sol, que se vale a ratos de bronces y guitarra acústica, a la par con Voy y vuelvo —Lalo Ibeas adjudicándose algunos versos.

Viejo diablo, una de las insignes orientada hacia la música disco, completando la colección Del por qué se cohíbe el ano en casa ‘jena: quizás la mejor muestra humorística por parte de los Chancho, tocando un tema tangencial para cualquier persona; de lo más mundano pero no por ello menos cierto, en un pensamiento fijo al encontrarse en un baño que no es el propio —“El humano en la Tierra lleva tres mil años, y aún le avergüenza ir al baño. Agravantes son que en baño ajeno queda poco confort; el olor te delata, sobre todo si estás enfermo de la guata. ¡Mijito, cierre bien la puertita; no ve que me asusta las visitas!”.

Continuaron la buena senda; en lo que muchos de los fanáticos, la denominada comunidad marrana, consideran su mejor producción —o por lo menos una de las mejores. Irónicamente siendo una de las muy pocas en que se ausentó su mascota y emblema: el puerco amarillo Juanito —que en su lejano inicio criollo cumplió función decorativa entre los niños. En cuanto a La dieta del lagarto; su popularidad y números positivos, dieron pie para que el siguiente año fuesen fichados por Sony Music —iniciando su periodo de mayor masificación, de la mano de Ríndanse terrícolas (1998) y Marca Chancho (2000). “Sólo el más apto, el que nunca pierda llegará a ser un Chancho en Piedra”; como ya lo venían diciendo, desde allí, en Hacia el Ovusol.