Disco Inmortal: Chancho en Piedra – Peor es mascar lauchas (1995)

Disco Inmortal: Chancho en Piedra – Peor es mascar lauchas (1995)

De buenas a primeras, todo allí sólo lo entendería un chileno. Chancho en piedra, una pasta proveniente de la zona central del país, molida en un mortero, que incluye tomate y algunas especias —irónicamente no incluyendo chancho entre sus ingredientes. Peor es mascar lauchas, un localismo que viene a significar peor es nada. Y el cerdo plástico de color amarillo, llamado Juanito, en la portada apareciendo en tamaño gigante —cual Godzilla, atacando el centro de la capital con la Torre Entel de fondo; que en su lejano inicio criollo cumplió función decorativa entre los niños. Siendo adoptado por la banda, desde el punto de partida, como mascota y emblema —figurando, en la pintura del CD, como el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci.

Oriundos de la comuna de La Cisterna, en el sur de Santiago, se trata de dos hermanos —guitarra y bajo; uniendo fuerzas con dos amigos de infancia —voz y batería. El cuarteto, formado en un colegio católico, entregó su ópera prima al año siguiente de la graduación: Peor es mascar lauchas (1995) —cobijado bajo el extinto sello Alerce. Un funk rock refrescante, con mucha influencia de Red Hot Chili Peppers, irreverente y muy cargado al humor. Predominando las canciones cortas, con la excepción de Paquidermo y Frito, el mito urbano dice que varias de aquellas fueron escritas en su periodo estudiantil; como mofas a profesores. Situación que podría ser cierta, puesto que el disco sólo se compone de material de propia factura —con la excepción de Sinfonía de cuna, primero de los sencillos promocionales, musicalizando el poema homónimo de Nicanor Parra. Decisión aclarada por el vocalista Lalo Ibeas: “Uno de los grandes escritores universales, ocupaba el humor como parte de su poesía”.

Haciéndose presentar en el tema que da el nombre a la placa, una corta pista de treinta segundos, cuyo puente natural decanta en Chancho; que continúa, acelerada, la tónica introductoria de sí mismos —en una especie de grito de guerra que se extendió hasta sus fanáticos, la denominada comunidad marrana. Pasar de la introspección, cuyo final es cuasi thrash metal, de No quiero verte; a proseguirle el inicio de Funky tu madre con eso de “¿Oye, te tiraste un peo? ¿Oye, te tiraste un peo? ¿Oye, te tiraste un peo? ¿Te tiraste un peo? ¿Peo? ¿Oye, te tiraste un peo? ¿P-P-Peo, un peo?” —que no deja de sacar sonrisas, además del desenfreno que tiene la vuelve una de las favoritas en vivo.

El señor Sn. Guijuela, con el punzante riff de Pablo Ilabaca, que nos presenta a este charlatán que lo que sea hará —“¡Fama, fortuna y mujeres yo les conseguiré!”, además de querer apagar a escupos el sol y limpiarse el hoyo con luca. La desbocada Lolín, cuya pausa de medio tiempo ocupa de recurso a las películas western; Socio que trae al amigo Pato, cuyo afán es bailar con la verga afuera. Airian, en tanto, fue el inicio de los personajes sobrenaturales —este tratándose de una especie de Frankenstein; al que después se le añadió el mosco Yakuza (1998).

La apología a la desvergüenza en Funk del balsa, y la agresividad a los sentidos en Mala yerba; que encausan hacia la carta fuerte de la entrega: Guach Perry —tomando algunos elementos de One Nation Under a Groove (1978), de los estadounidenses Funkadelic. Para este punto el relato por antonomasia del perro guacho y callejero, encomendado a los agudos del bajista Felipe Ilabaca tras el micrófono.

Coincidieron con la nueva camada de bandas chilenas, que se tomaron la escena de los 90’s, siendo uno de los destacados. Pero en el caso puntual de Chancho en Piedra, pese al tono bromista se tomaron en serio su rol de obreros de la música; tanto en directo como en las siempre periódicas publicaciones que tuvieron desde allí en adelante —cada vez más maduras. Más que tratarse de un peor es nada, en referencia al título, se trató de un impecable primer paso; costando creer que ya cumplió un cuarto de siglo.