Disco Inmortal: Los Prisioneros – Corazones (1990)

Disco Inmortal: Los Prisioneros – Corazones (1990)

Tormentoso, por decir lo menos, fue el camino que cimentó a Corazones, el último disco de la primera etapa de Los Prisioneros antes de su receso. Siendo un álbum sobre el que rondan un montón de mitos acerca de amoríos tormentosos entre Jorge González y la esposa de Claudio Narea, Corazones es un disco sin puntos débiles, donde aparece con más elocuencia esa habilidad de González de “tener el disco completo en la cabeza antes de componer”.

Grabado en Estados Unidos, bajo el mando de Gustavo Santaolalla, Corazones da un giro total en el sonido de la banda, mostrando la preferencia de González por el pop y el new wave, y tal vez mostrando, implícitamente, que si bien González siempre fue el creador plenipotenciario de la banda (salvo pequeñas excepciones), era Narea quien le ponía un freno al pop puro, y permitía esa original mezcla de rockabilly, punk “a la Clash” y sintetizadores que caracterizó a la banda en sus primeros discos. “Corazones” es el primer disco de la banda en que todos los temas son compuestos exclusivamente por Jorge González, sin excepción.

No fue sorpresivo, para nadie que haya estado siguiendo de cerca el recorrido musical y emocional de Los Prisioneros en ese momento, el sonido plasmado en el producto final de Corazones. Musicalmente, ya desde Pateando piedras (1986) en adelante Jorge González empezó a mostrar con mayor fuerza su fascinación por los elementos electrónicos en sus canciones, y desde el punto de vista emocional, por su parte, todo el entorno de González sabía que estaba pasando por un estado en el que, mitos más, mitos menos, las emociones estaban a flor de piel. No era momento para líricas con contenido social. González no podía hablar de otra cosa que no fuera de amor en ese entonces. De hecho, el mismo creador declaraba en esos años a la revista El Carrete:

(El nuevo disco) es bien distinto. Nuestras necesidades han variado y hemos ido descubriendo nuevas cuestiones. En general  la acentuación de este disco está más en la línea de los romántico (…) Yo quería hacer un disco súper fuerte, casi politizado. La idea era hacer algo vibrante como los “Sudamerican Rockers”, pero no resultó. Empecé a revisar todo lo que había escrito (tengo un montón de cuadernos llenos de letras) y a hacer las canciones como siempre lo he hecho, es decir, como una gueá expresiva y al final salió así”.

Los singles del disco ya son bien conocidos: Tren al sur, Estrechez de corazón y Corazones rojos son excelentes canciones, todas de algún modo relacionadas con historias de amor, “purificación” después del amorío tormentoso, o mujeres. Sin embargo, lo que hace característico e imperdible a Corazones son precisamente sus otras canciones, el hecho de que todas las otras canciones sean buenas e irresistiblemente pop. Si a esto le sumamos que, dado que el disco fue editado poco antes de la separación de la banda, y el posterior retorno con Narea en 2001 claramente no estaba como para tocar Cuéntame una historia original o Por amarte, estas canciones han sido muy poco tocadas en vivo. Hay una emocionalidad contenida ahí. Es un disco poco explotado.

Todas las canciones tienen un hilo conductor sonoro y temático claro. En ese sentido, todas, salvo Noche en la ciudad hablan de amor, desamor o algo que se desprende de eso, y en todas reinan los sintetizadores, perdiendo totalmente el protagonismo las guitarras. En ese sentido, es difícil hablar de cada una de las canciones por separado sin caer en repeticiones.

En Tren al sur, los sintetizadores se mezclan con tímidas guitarras acústicas que le dan ese espíritu purificador del “escape de la ciudad” que pretende entregar la canción. Amiga mía y Con suavidad son puro amor furtivo y pasión inconclusa. La primera, ayudada en el clímax por un solo de guitarra que por su urgencia pareciese querer compensar la ausencia de las seis cuerdas existente en el resto de la canción. La segunda, no necesita más que su majestuoso coro. Qué talento que tiene González para la canción pop.

Corazones rojos, más allá del rapeo de la estrofa, hace propio todo lo que estaba haciendo Depeche Mode en esos años: esa electrónica de estadio ayudada por potentes guitarras. Curiosamente, es esta canción la que nos entrega el primer riff heavy de guitarra en toda la discografía de la banda. La letra, por su parte, una controvertida e irónica crítica al machismo, muy mal comprendida en su minuto.

“En la casa te queremos ver
Lavando ropa, pensando en él
Con las manos sarmentosas
Y la entrepierna bien jugosa
Ten cuidado de lo que piensas
Hay un alguien sobre ti
Seguirá esta historia, seguirá este orden
Porque Dios así lo quiso
porque Dios también es hombre”

Luego de otras canciones que siguen esta misma línea como Estrechez de corazón, Cuéntame una historia original y Por amarte, dos novedades cierran el disco. En Noche en la ciudad aparece, al ritmo de un beat de discoteque, una crítica hacia la doctrina moral conservadora heredada por la sociedad chilena después de 17 años de dictadura en donde algunos cánones morales fueron instaurados, y otros simplemente se quedaron estancados desde los años 60’s. En algún modo, si en 1984 fue Sexo la foto ético-valórica tomada por González a la sociedad chilena, en 1990 fue Noche en la ciudad.

Es demasiado triste, el vals que cierra la placa, se “sale” de los cánones sonoros del disco, aunque en ningún momento le quita coherencia, al contrario, éste no podría haber terminado de otra manera. Jorge González acá muestra su peak a nivel vocal (el que demuestra en vivo en la soberbia presentación del Festival de Viña 1991). Un teatral y excelente cierre para Corazones.

“…Yo creo que va a ser un disco más discotequero. Siempre he querido hacer discos bailables, pero nunca me ha resultado mucho”.

Sonoramente al menos, Corazones era el disco que Jorge González seguramente hubiera hecho unos cuántos años antes si no hubiera tenido compañeros de banda. Siempre, incluso en el tiempo de La voz de los ‘80 él estuvo escuchando a Depeche Mode, a Thomas Dolby, a The Smiths, y siempre, desde su breve paso por la Licenciatura en Música de la Universidad de Chile, su interés estuvo centrado en la música electrónica y los secuenciadores. Corazones era el disco que tarde o temprano tenía que ver la luz. Y fue el que mejor logró todo el sonido pop rock que estuvo forjándose en Chile en la segunda mitad de los 80’s.

Por Felipe Godoy Ossa 

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