Disco Inmortal: Guns N’ Roses – Appetite for Destruction (1987)

Disco Inmortal: Guns N’ Roses – Appetite for Destruction (1987)

Era la época donde el Sunset Strip angelino era amo y señor, de la mano del glam rock fiestero y cargado al maquillaje. Pero de allí salieron, como contraparte, cinco renegados para cambiar las reglas del juego: no otros sino Guns N’ Roses —de la unión de dos bandas locales, L.A. Guns y Hollywood Rose. Desde su formación, en 1985, se convirtieron en el terror del circuito de clubes de la ciudad; con fama de intratables. “Descubiertos” por Tom Zutaut, quien años antes hizo lo mismo con Mötley Crüe, terminaron fichados por el sello Geffen —no sin polémicas y haciéndose de rogar.

La banda, que tuvo un previo y pequeño lanzamiento autofinanciado —el EP Live Like a Suicide (1986); era quisquillosa, por la clara visión que tenían del producto final —sin que ningún pero o sugerencia interfiriese. Fue llamado el guitarrista y productor de Nazareth, Manny Charlton, para hacerse cargo de las perillas —con Axl Rose entregado, teniendo en frente a uno de sus ídolos. De aquellos días salieron una docena de demos, que en la actualidad se le conocen como 1986 Sound City Session —que formó parte la re-edición de lujo, lanzada en 2018. Pero debido a la apretada agenda del oriundo de Andalucía, junto con que no llegaron a conectar demasiado; la vacante quedó vacía. Terminaron optando por Mike Clink; casi expresamente por su participación, como ingeniero en sonido, del indispensable de los británicos UFO: Strangers in the Night (1979) —el en vivo favorito y definitivo de Slash. Dichas sesiones tomaron seis meses, para el trabajo llegar a estanterías el 21 de julio de 1987.

Grabado en Rumbo Studios, tanto el título como la portada salió de una ilustración de Robert Williams —que tenía un monstruo rojo saltando una cerca de madera, a punto de atacar un robot que violó a una mujer. Poco duró esa primera versión, por razones obvias de los filtros de censura —aunque la imagen, lejos de ser desechada, acabó dentro del booklet. Mantuvieron el nombre, el certerísimo Appetite for Destruction, pero esta vez se le endosó una cruz y las calaveras de los cinco integrantes —que luego Rose se tatuó en su antebrazo derecho. Un verdadero golazo, de exquisito diseño; muy opuesto a la tosca primera idea que se les pasó por la cabeza: el transbordador espacial Challenger al momento de su explosión (1986).

Welcome to the Jungle es un punto de partida inmejorable; lo que muchos buscan durante toda su carrera, sin conseguirlo, ellos ya lo tenían en la pista inicial. Una inmortal con todas sus letras. Fue la primera vez que Axl y Slash se sentaron para componer algo, y salió en quince minutos; “este es el mejor ejemplo de una canción lograda sin mayor esfuerzo”, rememora el guitarrista. A pesar de que se infiere que “es acerca de las calles Hollywood”, como dijo Izzy Stradlin, tuvo pasos por otras ciudades: flechazos le vinieron a Rose estando en Seattle, como de Nueva York salió la frase que hizo un antes y un después: “Dormí una noche en el patio de un colegio en Queens. Un tipo negro se me acercó y dijo ¿Sabes dónde estás? ¡Estás en la jungla! ¡Vas a morir! —contó en entrevista con la revista Rolling Stone, que tiró por tierra infinidad de mitos.

It’s So Easy se desmarca de las otras por el recurso vocal que tiene, alejado del timbre usual de Axl. “Canto en un tono más bajo, ya que calza mejor con la actitud de la canción; no fue algo que realmente pensara, sólo empecé a hacerlo. La gente me pregunta por qué no canto muchas otras así, y es sólo porque lo hago como sea que la canción merezca. Y esta merece ser cantada diferente al resto del material. Es una punk rock, dura y ajustada”. Acreditada a Duff McKagan y West Arkeen —amigo y colaborador esporádico de la banda en sus primeros años. En un tiempo inicial en que escaseaba el dinero, pero abundaban sus mejores aliadas: mujeres jóvenes, muchas de ellas strippers, que los ayudaban con algo de dinero o alojamiento. “Las cosas eran demasiado sencillas. Hay ahí una sensación de vacío: es tan fácil”, explica el bajista. Fue hecha en acústico, como una cruza entre hippie y country; hasta que llegó Slash y subió el volumen. “Me levanté y empecé a hacer como un Iggy Pop malvado, mientras West estaba parado allí con una cara larga, como la de Droopy; como diciendo ¡mi canción!, acota el pelirrojo.

El cencerro de Steven Adler le da el vamos a Nightrain, que se basó en un vino barato del mismo nombre; una de las preferencias de la agrupación, en la ya mencionada fase de vacas flacas. “Con un dólar cagabas, cinco dólares y te morías”, según palabras de McKagan; en alusión al alto porcentaje de alcohol que tenía. Out Ta Get Me, rabiosa, es desmenuzada por el vocalista: “La letra está diciendo ‘siempre estoy en problemas, pero aún lo puedo manejar’. Es como cada vez que te volteas, alguien está tratando de cagarte; o a la policía golpeando tu puerta y tú no has hecho nada. Es sólo ser arrastrado hacia algo, y tratar de salir debajo de eso”. De Mr. Brownstone se ha hablado mucho en tono retorcido, puesto que retrata la adicción a la heroína —rumores como que Slash sufrió una sobredosis cuando fue hecha por ambos guitarristas. Pero lo cierto es que “la escribimos como en cinco minutos, mientras yo estaba cocinando algo” —detalla Stradlin, fiel a su estilo escueto.

Paradise City, éxito de talla mayor, que en cosa de tiempo le quedó la labor definitiva de cada noche cerrar los conciertos; de manera ineludible. La razón salta a la vista: es un himno innato de grandes arenas y estadios —in crescendo desde la dupla de la guitarra y batería, el coro, el mellotron, y el silbato con que explota. Los acordes los escribí cuando me mudé de Seattle a Los Ángeles, cuando no conocía a nadie y era un sentimiento que me bajoneaba”, recalca Duff —lo que puede enlazarse con aquello de que “hay partes que tienen de ese sentimiento de volver a casa”, como ellos mismos dirían. El solo, según ha manifestado Slash, es básicamente improvisado.

Tras una sutil introducción de las seis cuerdas, que de repente estalla, asoma My Michelle. “Yo tenía un riff, era una melodía lenta y suave. Cuando la íbamos a tocar, Slash encendió su amplificador y se puso a aporrear [la canción]. Se convirtió en una hard rock, pero comenzó como acústica”, dice Stradlin. La aludida es Michelle Young: “Conocía a una chica, que se hizo muy amiga de la banda; salí con ella por algún tiempo. El tema se basa en una historia verídica”, recuerda Rose. Fue quien lo llevaba en automóvil a un concierto, y por la radio sonó Your Song de Elton John; comentándole de paso que “me encantaría que alguien escribiera una hermosa canción acerca de mí”.

Él se puso manos a la obra, en sus palabras poniéndole toda su honestidad; que nada más abren los versos: “Tu papá trabaja en porno, ahora esa mamá no está alrededor; solía amar su heroína, pero ahora está bajo tierra”. El resto del relato sabiéndose claro hacia dónde se dirige. “Lleva una vida tan loca con las drogas, no sé qué estará haciendo ahora. Uno nunca sabe si va a estar viva mañana, cada vez que la veo me siento aliviado y feliz por ella”, completa. Los demás no lo creyeron una buena idea, por la densidad que involucraba; siendo Slash quien dilucida: “Axl me trajo un día esta letra, y le dije que no podía decir eso. Quiero decir, conocemos a esa chica hace años”. Pero la misma Michelle quedó contenta por la realidad impresa: “En ese momento no me importó porque estaba tan estropeada, pero todo lo que dice es verdad”.

Think About You, una power ballad de ritmo acelerado, poco se sabe. Se trató de una jugada en la individual de Izzy, y por eso guarda tanto hermetismo; pero es él, de forma excepcional, quien se ocupa del solo de guitarra. Le termina abriendo la cancha a la superlativa Sweet Child O’ Mine, y su riff marca de fábrica. Riff que por cierto, en un comienzo desagradaba a Slash; habiéndolo hecho como casi como una jugarreta, sonándole casi como a melodía de circo —pero terminó aceptándolo una vez que entraron al estudio, y todavía más al ver la reacción que conseguía en directo. “Una tarde todos estábamos allí, yo estaba sentado en frente a una chimenea y empecé [a tararear la introducción]. ¡En verdad fue una broma! Lo que pasó después fue que Izzy empezó a tocar los acordes básicos, Axl se inspiró y empezó a cantar; y esto se convirtió en una canción completa”.

De una dulzura que cuesta creer que venga de ellos, tiene nombre y apellido: Erin Everly —hija de Don Everly, de The Everly Brothers. Aquella que “tiene una sonrisa que me hace recordar las memorias de mi niñez, cuando todo era tan fresco como el brillo del cielo azul”. Por entonces novia, y a futuro efímera esposa, de Axl. “Muchas bandas de rock son demasiado cobardes como para tener cualquier sentimiento o emoción, a menos que sientan dolor. Es la primera canción positiva de amor que jamás escribí, pero nunca antes había tenido a nadie a quien escribir, creo”, comentó su creador. El proceso en estudio no fue dejado al azar, como ilustró Rose a la ya nombrada revista Rolling Stone: “En un año gasté 1300 dólares en cassettes. Compré de todo, desde Slayer hasta Wham!, sólo para escuchar la producción, las voces, las melodías y todos los detalles. [Para grabar Sweet Child O’ Mine] fui y me compré unos viejos cassettes de Lynyrd Skynyrd, para asegurarme de que lográramos transmitir esa intensidad de sentimientos”. Lo que calza con lo que se recoge de McKagan: “Es probablemente la canción más difícil de grabar para mí y para Steven, porque tienes que mantener una firmeza; además de la emoción en ella”.

Lo más desatado de la colección le queda a You’re Crazy. En un comienzo llevó por nombre Fucking Crazy —que aparece de forma solapada en tres oportunidades, aprovechando el trance desenfrenado. [Se modificó] porque no quería a ningún idiota tomándola y diciendo ‘ellos pusieron fuck en el título’, sin que le diesen siquiera una oportunidad”, acota Axl, quien remata diciendo: “Es acerca de otra chica que conocemos, quien estaba loca”. Originalmente escrita en formato acústico, justo antes de que la banda firmase el contrato discográfico; fue utilizada para los ensayos de rigor, hasta que saltó a la selección final. Anything Goes data del periodo previo, en Hollywood Rose, compartiendo crédito compositivo con Chris Weber —“Solía ser speed metal”, comentó Izzy, de una que solía durar doce minutos y tuvo significativas modificaciones.

Rocket Queen fue la escogida para bajar el telón: “La compuse para una chica, [Barbi Von Greif], que iba a formar una banda con ese nombre. Ella me mantuvo vivo por algún tiempo; la última parte es mi mensaje para esa persona, o para cualquiera que pueda sacar algo de eso”, se refiere el cantante. Pero que la primera mitad se mueve por aguas por completo diferentes, un acto sexual lejos de ser figurativo: “Axl quería algunos sonidos porno, así que trajo a una chica y tuvieron sexo en el estudio; grabamos como treinta minutos”, cuenta el encargado de la mezcla. Adriana Smith, novia del baterista, fue quien estuvo allí con Rose. No quería andar por ahí para la grabación de alguien siendo follada; no era el punto más alto de mi carrera. Así que alisté los micrófonos y puse a mi asistente a grabarla”, dándole así espacio a un tal Victor “the fuckin’ engineer” Deyglio.

Una placa redonda, un grandes éxitos en sí donde no sobra una nota —a un pelo de incluir un cover de Jumpin’ Jack Flash, original de los Rolling Stones. Pero le costó emprender vuelo: no estaban vendiendo lo suficiente, ya teniendo el video de Welcome to the Jungle; sin prestársele atención. “MTV tenía miedo de que si ellos pasaban a Guns N’ Roses, las estaciones de cable local los sacarían del aire. Llamé a la oficina de David Geffen, y él dijo que el álbum estaba acabado. Así que fui hasta allá, y le dije si podría hacer que lo colocase MTV. Un par de horas más tarde me contestó: ‘Van a pasar el video a las 5:00 AM del domingo, como un favor especial hacia mí’. Incluso, a esa hora de la madrugada, tuvieron tantos pedidos de la canción que fundieron la central telefónica”, relata Tom Zutaut.

Subieron paulatinamente como la espuma, embarcándose en una gira promocional donde viajaron como número de apertura de The Cult, Mötley Crüe, Iron Maiden y Aerosmith; para ya en esa última parte, en 1988, dar el batatazo con el clip de Sweet Child O’ Mine. Después de ello no hubo punto de retorno; colocando a Appetite for Destruction como el debut más lucrativo, junto con el de Led Zeppelin y Van Halen. Se perfiló como un pilar del rock, hasta la fecha con más de treinta millones de copias vendidas; muy documentado, como es el caso del libro Reckless Road (2008) —realizado por Marc Canter, amigo cercano que lo registró todo desde los primeros días. Iniciaron camino con el pie derecho, cimentando el sendero con platino sólido; transformando en grito y plata la pañoleta y el sombrero de copa.

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