Disco Inmortal: Iron Maiden- Brave New World (2000)

Después de ser absolutamente fundamentales en la escena metal de los ‘80, las cosas se pusieron complicadas para la Doncella en la década siguiente. Salida de miembros esenciales de la banda, hicieron tambalear la estabilidad de un baluarte que le había entregado al mundo himnos categóricos durante años. “The X Factor” (disco muy incomprendido) y “Virtual XI” generaron reacciones negativas en cuanto al vocalista Blaze Bayley y también por el sonido que mostraron. La presión fue demasiada y Blaze terminó fuera, mientras que Bruce Dickinson y Adrian Smith decidieron volver justo al final del siglo, manteniendo a Janick Gers como guitarrista. Los planetas se alinearon y la historia soberbia de Maiden estaba lista para seguir tejiéndose con hilos de oro en el nuevo milenio.

Tras una gira de reencuentro, entraron al estudio para regalarnos lo que sería el inicio de una nueva época de esplendor y que respondería a las altas expectativas del retorno Dickinson-Smith. “Brave New World” es el trabajo que mostró un segundo aire de Iron Maiden, junto con ser el primer álbum de la banda en el que tocarían tres guitarristas. Sus productores fueron Steve Harris y Kevin Shirley, los que le dieron al disco una dirección más técnica y mucha elaboración, sello que se manifiesta en cada tema.

“The Wicker Man” era un comienzo a la altura de sus obras ochenteras, con un riff rápido y potente de Smith y un estribillo fabricado para ser coreado en vivo. Descarga coraje y sentimiento, lo que nos lleva en puente al punteo etéreo de “Ghost of the Navigator”, el cual parte tranquilo pero se va transformando en una épica musical. Pesada y con melodías bien elaboradas, gira en torno a las guitarras y sus cambios de velocidad, remolcados por el avance fiero de la batería de McBrain; la canción rompe en un denso riff sobre el cual navega Bruce, contando la historia de aquel navegante y sus vivencias en un mar hostil. “Brave New World” es conjunción perfecta entre composición, voces y melodía. Bruce muestra por qué Maiden siempre lo ha necesitado, porque es pura fuerza y vigor para esos solos de Janick Gers y la parte central de total armonía a tres guitarras. Un vendaval de sonidos, sobre todo en el épico estribillo. “Blood Brothers” es quizás el himno más bello contenido en este trabajo. La banda ensalza su lado más sinfónico, equilibrando melodías y pasajes cercanos al folk y alejándose de la estructura clásica de versos y estribillos, introduciendo diferentes partes vocales en medio de la instrumentalización. Hasta aquí, ellos nos han entregado un regreso marcado por la experiencia de años en la entrega de un sonido sólido y una lírica poética.

“The Mercenary” es el inicio de una parte del álbum que ha sido injustamente olvidada y también es el ingreso al lado más heavy del disco, con una intro que rememora los años de “Powerslave” gracias al coro cargado de resonancias épicas, coronadas con un Bruce a niveles máximos de interpretación y con unas ganas notables de asestar un golpe. Sigue todo con “Dream of Mirrors”, la que nos trae de nuevo el toque de Gers, con guitarras acústicas y un ritmo lento al principio y Bruce soberbio; sigue una línea que ya habían explorado en “The Phantom of the Opera”, aunque quizás sea una contra el que el tema se alargue demasiado. “Fallen Angel” es más directa y ejecutada de forma certera por un vendaval de guitarras, sobre todo en el estribillo, el que descarga furia. Tremendo despliegue técnico. “The Nomad” es un tema extenso, de inicio fantástico y un Bruce que detona en la voz una de las más bellas canciones hechas por Maiden; con toques arábigos consiguen dar con el punto exacto de grandeza musical, especialmente en el puente tras la mitad del tema, en el cual las guitarras cobran un nuevo espíritu y estilo. Estas cuatro canciones, lamentablemente, casi siempre han quedado en un segundo plano al no ser consideradas en los shows en vivo, pero son obras de calibre poético y que se estructuran bajo todos los pilares que le han dado el peso al nombre de Iron Maiden.

“Out of the Silent Planet” es más simple pero muy bien elaborada. Es otra que no ha sido tocada en los shows y es una lástima, pues nos encantaría escuchar ese trinar de guitarras acompañadas de un bajo sutil, lo que forma un camino que desemboca en un pasaje acústico, donde emerge Bruce y el estribillo monumental de este himno. Y “The Thin Line Between Love and Hate” es el tema más denso, con unas guitarras mucho más pesadas de lo que suele mostrar Iron Maiden. Es muy oscura y se sustenta en una elegante melodía, la cual se diluye bajo los platillos de McBrain. Nota aparte merece el final, con ese “Oh, I fuckin’ missed it!”,el cual es un gran detalle para cerrar este regreso tras nubarrones noventeros que ahora eran olvidados, gracias a este refresh del año 2000.

“Brave New World” se toma su tiempo y le dice al que escucha, que este trabajo podría ser una continuación de “Seventh Son….” pero más estudiado. Se mantienen la técnica y estructura, buenos punteos de Gers, sutiles arreglos orquestales y un Bruce Dickinson regalando alaridos y cambios de registro radicales a lo largo de este viaje. Muy buena forma de empezar el milenio, sin sentir la necesidad de hacer otro “The Number of the Beast” pero metiendo mucha magia con el retorno de Bruce, más la mística y energía de los Maiden de siempre, sumando nueva tecnología y experimentando con tres guitarristas. Por fin estaban de vuelta.

Macarena Polanco

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