Disco Inmortal: Iron Maiden – Somewhere in Time (1986)

A mediados de los 80’s, Iron Maiden tenía buena parte recorrida de su camino a la inmortalidad; gracias a su quinta placa, Powerslave (1984). Aquella gira promocional no hizo más que acrecentar el legado, siendo un verdadero tesoro para los fanáticos el World Slavery Tour; del que además salió su primer disco en vivo, el indispensable Live After Death (1985). Con la vara altísima, se fueron al calor tropical de Bahamas; para grabar el trabajo sucesor en los Estudios Compass Point, cómo no con Martin Birch tras las perillas.

Lanzado el 29 de septiembre del 1986, Somewhere in Time se transformó en un golazo nada más mostrando su portada. Derek Riggs, el mejor colaborador gráfico de la Doncella, nos trajo esta vez un futurista Eddie cíborg en medio de la ciudad. Sólo una imagen de alta resolución nos puede mostrar la infinidad de detalles relacionados con la banda —que de hecho también aparece en la ilustración: el cartel de la Avenida Acacia, Long Beach Arena, Rainbow Theatre, el pub Ruskin Arms, un reloj marcando las 23:58, un cine exhibiendo Live After Death, Ícaro cayendo en llamas desde el cielo, un cartel de neón con el Ojo de Horus, el bar Aces High y un largo etcétera.

Se le da el vamos con Caught Somewhere in Time. Con una introducción instrumental pausada, que cambia de ritmo y estalla cerca de los cincuenta segundos. Por duración y sonido roza lo progresivo; en especial por algo que a simple oído se oye a sintetizadores. Y ya lo dijo Bruce Dickinson, inquebrantable, un par de años antes a un fan polaco en el documental Behind the Iron Courtain: “no puedes hacer heavy metal con teclados”. Pero lo cierto es que no se contradijo, puesto que se trata de synth guitars; guitarras que con efectos de pedales adquirían esa tonalidad.

Le continúa el single promocional, que adelantó al disco unas semanas antes: Wasted Years. Uno de los grandes legados, y favoritos del repertorio. Acreditada a Adrian Smith, y cuyo título original fue Golden Years, aborda la alienación y la nostalgia por el hogar; situaciones que arrastraba, junto con los demás, por la vertiginosidad sin respiro desde el comienzo de la década. Sea of Madness entra con fuerza, cabalgando junto a la marca registrada del bajo, abriéndole paso a una que se convirtió en un verdadero himno de estadios: Heaven Can Wait, a tal punto que en vivo cuenta con un coro, seleccionado del público anticipadamente.

Se retorna a la vibra cuasi progresiva con The Loneliness of the Long Distance Runner; otra que se añade a la colección literaria de Maiden, esta basándose en el cuento homónimo de 1959, escrito por Alan Sillitoe —traducido al español como La soledad del corredor de fondo.

Stranger in a Strange Land entró a jugar como el segundo, y último, single promocional. Brillando la base rítmica de Steve Harris y Nicko McBrain, y que al entrar las guitarras se mantiene ese toque primigenio. Pese a que habla sobre un explorador que muere en una expedición al Ártico, resulta muy en la veta cinematográfica, que podría haber acompañado quizás la escena de la Cantina de Chalmun en Star Wars; un cruce de western con ciencia ficción —idea remarcada en la portada del sencillo.

Déjà-Vu, la más corta de la placa con un poco menos de cinco minutos, marca la aparición de Dave Murray compartiendo los créditos compositivos. Y en contraparte, cierra la kilométrica Alexander the Great empinándose casi en los nueve minutos; una reverencia a la vida y obra de Alejandro Magno, en tono de relato épico.

Trabajo bajo mucha presión y estrés, a tal punto que de manera excepcional el vocalista se ausentó por completo del proceso creativo; debido al ya mencionado World Slavery Tour. Citando a Jorge Ciudad, de Rockaxis: “Según el mito popular, Bruce Dickinson perdió una quinta parte de su capacidad vocal tras la conclusión de la endemoniada y demandante gira”. Pero que de todas formas salió un material contundente y sólido como roca —y del que Steve Harris se arrepiente hasta el día de hoy no haber registrado en video; aunque la producción del Spectrum de Filadelfia sí se preocupó de filmar un show para la posteridad. Detalle aparte, pero lo importante es que la Doncella siguió enfilando su racha dorada de los 80’s; que cerraría dos años después, con el monumental Seventh Son of a Seventh Son.

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